24.7 C
Madrid
lunes, 3 agosto, 2026
24.7 C
Madrid
lunes, 3 agosto, 2026

Laura Restrepo: «Nos han obligado a vivir en un mundo donde todas las convenciones humanas se han venido abajo»

En una estructura jerarquizada en la que el verdugo mata a la víctima, ¿quién se encarga después de acabar con la vida del verdugo?

Laura Restrepo publica Soy la daga y soy la herida, en esta nueva historia toma los conflictos que tienen lugar en el mundo actualmente para reflexionar sobre las instituciones que sostienen el esqueleto del poder

Lleva años escribiendo y alrededor de cuarenta haciéndolo de manera profesional. Su andadura en el mundo literario comenzó con Historia de un entusiasmo en 1986, ambientado durante las guerrillas de Colombia. En 2004 se erigió como la ganadora del Premio Alfaguara con Delirio que narra la pérdida de cordura de una mujer, y en 2012 publicaba Hot Sur, un canto a la mujer latina que emigra a Estados Unidos buscando cumplir un sueño que se torna, sin quererlo, en una pesadilla. No obstante, a pesar de contar con más de veinte libros publicados, la colombiana Laura Restrepo (Bogotá, 1950), sigue manteniendo la misma ilusión con cada nueva publicación, con Soy la daga y soy la herida, no es para menos. La historia recién llegada a librerías nos presenta a Misericordia Dagger, un asesino a sueldo encargado de matar siguiendo dos normas que él mismo se impone: elegancia para no parecer un carnicero y teniendo sangre fría para no parecer una hermanita de la caridad. 

Escribir para denunciar y reflexionar

Restrepo se mantiene fiel a su trayectoria, su temática es transversal en su obra, sigue siempre presente y actualizada en conveniencia con los tiempos. En su obra existe ese ferviente activismo humanitario por los problemas que acontecen en el mundo. Su escritura es política, analítica y crítica, fruto de un cuestionamiento constante de las estructuras de poder que las perpetúan. Disfruta de la conjugación entre la alta y la baja cultura, en Soy la daga y soy la herida, combina referencias a La muerte en Venecia con Nietzsche combinados con alusiones a los Rolling Stones mientras que sostiene a un protagonista con el oficio de verdugo, nada es casual. Mata por encargo sin ningún tipo de escrúpulo hasta que aparece esa nueva obsesión que le hace cuestionarse todo: Dix, la nieta de su víctima. Durante el transcurso de la novela se juega con esa dualidad del ser humano que limita las acciones de Misericordia Dagger, el sometimiento del poder o la rotura del mismo.

Con este libro se inaugura un género, el brutal noir, que en palabras de Misericordia Dagger es “una rabiosa parodia” de los tiempos actuales. A caballo entre el mito, la sátira y la realidad el libro pretende captar la esencia la descarnada actualidad en la que vivimos y hacernos reflexionar sobre ello mientras que establece un diálogo con el lector sobre las estructuras que sostienen el sistema en el que vivimos hoy en día.

Pregunta: El protagonista, Misericordia Dagger, está atrapado por ese poder aunque durante la historia refleja sus vulnerabilidades. ¿Existe redención para aquellos que han formado parte de la estructura que lo perpetúa? 

Respuesta: Es un poco un alegato, o si quieres verlo de esta manera, como un cómic o novela gráfica a la antiviolencia del poder. No podía haber buenos contra malos, porque la figura del bueno quedaría postiza. Entonces es un malo, Misericordia, contra uno más malo que es Abismo siguiendo la metodología de la novela gráfica, más que de la novela convencional. Es una novela sobre la posibilidad de rebelarse contra el mal absoluto que tiene a la muerte como método, y en ese sentido quería que fuera una metáfora de la situación actual, pero en términos de metodología lo más popular posible. 

Abismo un dios aparatoso con un ego grande con el mundo con habilidad para matar cuando quiera. Y Misericordia, que es por un lado ese don cristiano de la piedad y la daga con la que mataban los guerreros a su víctima, supuestamente por motivos humanitarios, para que no sufrieran en la agonía. Misericordia se debate entre esas dos: un asesino con sangre fría y Dix, se le mueve el piso, cuando conoce a este personaje. Le fascina, él es estoico y elegante como verdugo para enamorarse como un viejo verde. Pero ella le conmueve al mismo tiempo por bella y enferma, se le mueve el esquema que hasta el momento ha sido la ley de vida incondicional, pero cuando le ordenan que mate a la abuela que cuida a la niña entonces ahí se le derrumba el esquema y empieza la duda, y cae quizá la única duda que no puede tener un verdugo: ¿matar o no matar?

P: ¿Es un dilema muy shakesperiano, no?

R: Sí, esa es la idea. Misericordia como un bufón shakesperiano. 

Un libro plagado de referencias

P: Hay multitud de referencias durante el libro, ejemplo de ello es el escritor Víctor Hugo, la película Blade Runner o la poeta griega Safo. Construye a través de la conjugación de alusiones y juegos con citas de otros textos. ¿Cómo funcionan en el texto estas alusiones? 

R: Tiene que ver mucho con la construcción del personaje. Mi intención era reflejar la situación absolutamente imposible que está viviendo el mundo. ¿Cómo crear mitos contemporáneos que nos permitan referirnos a esta época de terror que estamos viviendo? Entonces, de ahí Misericordia Dagger, me gustaba la idea de hacer verdugo ilustrado y pedante que se la pasa citando autores. Su cultura es superficial, es un verdugo y es un hombre que anda matando, respeta a sus víctimas pero igual les mata. Cita a Nietzsche, a los Rolling Stones y de todas maneras, siempre en mis libros desde hace tiempo la mezcla de alta cultura y baja cultura me ha encantado porque me chocan esas diferencias, poner a Nietzsche a la par de los Rolling era algo que me llamaba la atención. Seguramente lo hace porque no tiene cultura académica, sino callejera en la que incorpora todo lo que le viene a la cabeza de manera irreverente con la cultura que le gusta. 

Laura restrepo durante la entrevista | Fuente: María José Forero

P: Hablando de referencias, el protagonista recurre mucho a la imagen de Ulises. ¿Concibe al protagonista como un Ulises posmoderno que traza su propio viaje y se transforma en él?

R: Me interesaba mucho la transformación del personaje también. Empieza siendo rígido con una estructura mental basada en la disciplina, en la obediencia, en el cumplimiento para validar su oficio. Es un buen profesional y se presta a ello. El sanguinario es Abismo que mata arbitrariamente a quien quiere. Misericordia es disciplinado y finalmente establece relaciones contradictorias con sus víctimas como con Alegría. Me gusta mucho ese ejemplo, y sin hacer spoilers, ahí empieza a resquebrajarse su ética. Me gusta que después brinde por aquel que tuvo que matar. 

P: El contexto sangriento no quita que haya espacio para el amor, varios tipos de amor. ¿Es compatible con el tono del libro?

R: También es una novela de amor, no quería que fuera dulzarrona ya que es un tipo que corta cabezas, que parte de ahí. Hay una estructura que se refiere siempre al amor, Misericordia opina que él es un ser integro ya que tuvo un ser que le quiso alguna vez. Cuando hace la selección del Príncipe Sangre dice que no va a servir porque un matón que no tiene hilos con el amor es un carnicero.

Un nuevo género literario

P: El protagonista incide sobre ese nuevo género que inaugura, el brutal noir. ¿Este nuevo género nace acorde con los tiempos actuales?

R: Me interesaba hacer un juego de metaliteratura, lanza como un especie de manifiesto del brutal noir. Si la literatura sobre crímenes es literatura noir, la literatura sobre genocidios tiene que ser brutal noir… Hay una serie de pautas en América Latina que yo he estado trabajando como un manifiesto brutal noir. Un poco como panfleto, cómic, novela gráfica pero al mismo tiempo buscando una narrativa para estos tiempos donde la cultura se construye en un mundo del vacío, sobre un castillo de naipes. Por un lado, hay un genocidio brutal que hace que haya una generación marcada por él, y el genocidio institucional se calla. Suena en las calles del mundo pero la institución calla. Entonces, ¿cómo se escribe en el vacío? Sería lo que Misericordia pretende promover dentro de su ilustración pedantesca como un modelo, manifiesto para buscar una narrativa. 

P: ¿Le preocupaba humanizar a alguien que acaba con la vida de las personas por encargo?

R: Me interesaba más que esa persona sin escrúpulos empezará a tener la duda y resquebrajarse que partir de un bueno. Primero, no me lo puedo sacar de la manga, es difícil sacarlo de la manga. Posiblemente, si cuando escribía el libro hubiera habido la florilla es posible que hubiera habido otro protagonista pero en ese momento no había nada. Y esto es ficción, pero no te puedes sacar de la manga cosas que la realidad no te de, ¿de dónde sacas el bueno en este momento? Pensé que era mejor agarrar a un criminal, ponerle desarrollando ciertos escrúpulos ya que tiene el recuerdo de alguien que le amó, a esa abuela ciega, y poner a un malo que refleje el poder.

«Era mejor agarrar a un criminal, ponerle desarrollando ciertos escrúpulos ya que tiene el recuerdo de alguien que le amó»

P: El poder se ejerce mediante encargados que acatan las órdenes de aquellos que están por encima del sistema, ¿concibe al verdugo como un ejecutor sin voluntad o como alguien que activamente en su escala decide ejercer ese poder?

R: Yo creo que va adquiriendo el poder de la rebelión contra el poder. Pero, el poder es Abismo que es una metáfora de sus egos gigantes como Netanyahu y Trump. Es un hecho, matar se ha convertido en el nombre del juego, ya no hay reglas. Nos han obligado a vivir en un mundo donde todas las convenciones humanas se han venido abajo, donde no hay ningún respeto por la vida. Me gustaba que Misericordia no estuviera moralmente aparte, me gustaba que fuera parte del mecanismo de muerte y no un justiciero, y que de alguna manera se fuera apartando. 

Portada de ‘Soy la daga y soy la herida’ de Laura Restrepo | Fuente: Penguin Random House

P: La propia portada es reveladora, aparece una ilustración hecha por usted en la que se disecciona un cuerpo. ¿Podría contar la historia detrás de toda la simbología?

R: Lo que pasó es que cuando la editorial empezó a diseñar la portada con ese título, Soy la daga y soy la herida, había una daga envuelta en seda, sangrienta, era muy mosquetero y no tenía mucho que ver con el texto. Pero, en la desesperación cuando el libro estaba a punto de salir les dije que había pintado alguna cosa mientras estaba escribiendo. En realidad, la imagen la bajé de Internet de un antiguo catálogo de armas, el original tiene como cuatro pero yo le puse dagas por todos los lados y le escribí todas las palabritas que los lectores a veces tratan de leer, pero son puros garabatos. Siempre dibujo cuando estoy escribiendo, aquí en España, la editorial pensó que esa era la indicada y me hace gracia porque fue mi estreno como dibujante de portadas y también mi final [risas]. Me parece que cuadra, porque se mete ese tono de la caricatura con ese humor macabro que era lo que quería buscar. 

Esas imágenes me ayudaron a poder trazar el tono del libro ya que lo veo muy mexicano. He vivido mucho tiempo en ese país, y los mexicanos tienen algo que probablemente aquí existiese en tiempos medievales y ya no, que es la identificación con la muerte. Ahora el tratamiento de la muerte se ha llenado de eufemismos, se la ve como si no fuera parte del ser humano. Y los mexicanos en sus fiestas de muertos, y las calaveras que visten de flores que ponen a bailar y cantar tienen una familiaridad con la muerte que a mí me parecía que había que destacar. Pasa en Gaza también, la muerte no la mencionamos, la tapamos. Entonces, también me gustaba el tipo de imágenes y la referencia al acéfalo que fue clave para el libro. 

«Ahora el tratamiento de la muerte se ha llenado de eufemismos, se la ve como si no fuera parte del ser humano»

P: El título del libro, Soy la daga y soy la herida, contempla los dos papeles que pueden existir tanto de víctima como de verdugo. Se pueden complementar, no son excluyentes. ¿Qué hace que la balanza se incline más o menos a un lado?

R: La trayectoria o toma de conciencia para ponerlo en términos que Misericordia nunca diría, pero sin perder nunca de vista que no juzgamos desde afuera. Nosotros también somos la daga como también somos la herida. Misericordia lentamente va avanzando la herida. Va formando un fin mientras forma a un discípulo. Por eso él dice que la pregunta vertiginosa es ¿quién mata al verdugo?

P: Importan mucho en el libro los vínculos de poder y las figuras paternas de los personajes como Abismo que ejerce esa representación para Misericordia. ¿Cómo uno rompe con esa figura de autoridad?

R: Hay una línea patriarcal y paternal que va de Abismo a Misericordia y de Misericordia al Príncipe Sangre. Esa necesidad de obedecer al padre aunque el padre sea criminal o se esté matando. Pero, hay una sujeción paternal al poder. Misericordia la rompe con relación a Abismo, me gustaba que no fuera moralista en el sentido de que vamos a triunfar contra el mal. Cada generación tiene que dar la misma pelea porque la estructura de poder se va desarrollando como un cáncer generacional, generación tras generación

«Cada generación tiene que dar la misma pelea porque la estructura de poder se va desarrollando como un cáncer generacional, generación tras generación»

P: Hay varias figuras simultáneas a la del protagonista como el proveedor del hogar que legitima cualquier forma de obtener dinero para la casa, la adolescente prodigiosa en lo profesional pero desdichada en lo personal, o la madre que huye de que sus hijos pequeños acaben con un futuro parecido al del primogénito. ¿Cómo se conjugan tantas voces a la vez sin que se solapen?

R: Trabajé mucho con la estructura, me gusta que no se note y la novela tiene mucho trabajo de estructura y ciertos patrones. La figura del Acéfalo fue clave, porque yo busqué referentes históricos ya que vivimos una era de terror aunque no se diga. Si la comparas con el terror de la revolución francesa está multiplicada por la enésima potencia y sin embargo, eso no se dice. Aparentemente vivimos una normalidad construida sobre el vacío, por eso esa relación de incertidumbre que produce

Laura Restrepo, autora de ‘Soy la daga y soy la herida’ | Fuente: María José Forero

La simbología es clave

P: ¿Y cómo llega a la figura del hombre de Vitruvio, representado durante la novela?

R: Busqué en los surrealistas, que para mí siempre han sido una clave de la anticultura muy importante, entonces, ¿cómo reaccionaron ellos ante la inminencia o los inicios de las guerras? Y encontré la figura del Acéfalo, que la inventa Georges Bataille y le pide a André Masson que le haga la figura. Entonces, es el hombre de Vitruvio, por eso aparece aquí también, pero invertido. Si el hombre de Vitruvio es el equilibrio del ser occidental, Bataille dice que el ser occidental tal como lo concebimos es como el eje del universo. Un ser superior que queda liquidado cuando mostrar su capacidad de ser un genocida, que obviamente no es el primero, pero lo que pasa es que todo poder tiene su genocidio en el closet. Por eso hay esa necesidad de tapar Gaza, porque destapas un genocidio y desatas los anteriores, empezar a salir.

La figura del Acéfalo es el hombre de Vitruvio con la cabeza cortada con la idea muy surrealista de su la razón produce esos monstruos una cultura occidental capaz de generar las dos guerras que vivieron los surrealistas. Se le liquida la cabeza como símbolo del poder, sometimiento y violencia y en la mano sostiene algo que parece una granada pero podría ser un corazón en llamas y en la otra tiene la daga con entrañas como un laberinto y en el sexo tiene una calavera. Lo que reproduce al hombre occidental está marcado por la muerte, me pareció que era impactante y pensé en hacer como una especie de cómic que refleja el sentimiento de oposición a la cultura occidental entendida como cultura blanca y dominante. 

«Se le liquida la cabeza como símbolo del poder, sometimiento y violencia y en la mano sostiene algo que parece una granada pero podría ser un corazón en llamas y en la otra tiene la daga con entrañas como un laberinto y en el seco tiene una calavera»

P: ¿Cómo cree que van a pensar las generaciones futuras sobre estos conflictos actuales? ¿Cree que se preguntarán por qué no los paramos?

R: Es una pregunta clave: ¿por qué no los paramos? La sensación de impotencia es muy fuerte, escribirnos, protestamos y el humor es clave. Los egos del poder son gigantescos que están en el poder que tienen un ego grande y el humor hay que afilarlo como herramienta como el poder. Con todo, eso sigue, se hace una tregua, se rompe. Se ha vuelto la norma, lo que está pasando en el Caribe con el pretexto de la guerra contra la droga, que es lo que menos les interesa, ya que en Estados Unidos la guerra corre como agua. Están bombardeando barcos en el Caribe que tienen droga. A lo mejor nunca se sabe, porque no quedan evidencias, esconden la muerte a priori.

Es como lo de Gaza, se empieza a repetir lo que están haciendo con los inmigrantes en Estados Unidos y buena parte de Europa creen que hay gente que no merece vivir y la borramos, es escoria, lo que vale es el ser blanco, la cultura predominante, el supremacismo y lo demás lo borramos porque no queremos que exista. ¿Por qué no se puede pasar? Porque se ha extendido por todos lados, Gaza no es Gaza, es un método de control que pasa por la muerte, por el exterminio masivo. El que sobra que no exista.

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

El redescubrimiento de la literatura de Marvel Moreno con ‘En diciembre llegaban las brisas’

Desde París, Lina recuerda la vida de tres mujeres El libro más célebre de la escritora colombiana Marvel Moreno, En diciembre llegaban las brisas, regresaba a librerías españolas en junio. La historia se ambienta en la Barranquilla natal de la...

‘Rafa quiere que tengamos un hijo’ de Gregorio Casamayor: tres respuestas para una misma pregunta

Ser madre con Rafa o no serlo La editorial Acantilado publicaba en junio Rafa quiere que tengamos un hijo. En esta nueva novela, Gregorio Casamayor ahonda sobre las decisiones que toman tres mujeres después de que reciban la propuesta de...

Andrea Chapela imagina el futuro de la crisis climática en ‘Todos los fines del mundo’

Y si llegase el fin del mundo, ¿con quién lo pasarías? El libro de la escritora mexicana Andrea Chapela, Todos los fines del mundo, llegaba a España en junio. A partir de un Madrid transformado por la emergencia climática, la...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo