Julia Ducournau vuelve a desafiar al cine
La directora regresa con Alpha, una película intensa, perturbadora y solo para estómagos fuertes sobre una niña de 13 años que se hace un tatuaje. La cinta llega a los cines este 21 de noviembre.
Después de su Palma de Oro por Titane en 2021, la directora francesa Julia Ducournau se reafirmó como una de las cineastas más virtuosas y únicas del siglo XXI. Una directora capaz de crear obras llenas de terror corporal, narrativas dispersas y temáticas sobre la sociedad contemporánea.
Si en Crudo (2016) se abordaba el bullying y la adolescencia, en Titane (2021) era la identidad y el cambio de género. Ahora con Alpha (2025) Ducournau regresa con un coming-of-age sobre una niña de 13 años llamada Alpha que vive con su madre soltera. La joven un día vuelve a casa con un tatuaje en el brazo que trastoca su mundo por completo.
En esta nueva cinta, la cineasta se centra nuevamente en la vida de una joven para mostrar su manera de relacionarse con el mundo, especialmente a través del bullying. Sin embargo, en Alpha, Ducournau construye una clara alegoría del VIH.

Más allá de la historia de la niña, la película presenta un mundo afectado por una pandemia de una enfermedad transmitida por fluidos, que transforma a la gente en mármol. Poco a poco, van perdiendo su humanidad mientras su piel se endurece y se vuelve pétrea.
El terror de la carne humana
Aquí es donde la directora despliega su icónico body horror que tanto le apasiona. Su fascinación por mostrar los cuerpos como objetos aterrador y perturbadores se intensifican. Cada escena se vuelve un ejercicio de incomodidad visual.
Toda la película es un espectáculo de agujas, sangre emanando de la piel y mármol reemplazando a la suave piel humana.
El papel de Tahar Rahim refuerza esta obsesión corporal. Su personaje, Amin, el tío de Alpha, se muestra como una figura consumida por las adicciones. Cada movimiento de sus huesos, cada escalofrío y tensión en la clavícula reflejan un hombre que ha perdido el control de su vida.

Sumado a su enfermedad, que lo convierte en mármol, Rahim protagoniza una de las escenas más incómodas y perturbadoras que recuerdo haber visto en una sala de cine.
Rahim refleja en la madre de Alpha los fantasmas del pasado. Ese miedo de que las agujas la alejen de su hija, como ya lo hizo con su hermano. Lo que provoca que la mujer trate de entender y ayudar a su hija, pero sin excesivo éxito.
El mundo de Alpha, patas arriba
Así, Alpha ve cómo su vida va perdiendo el rumbo en una etapa llena de tranormaciones. La joven vive una etapa de cambios extremos: la rebeldía adolescente, el bullying, el acercamiento al chico que le gusta, su primera aproximación a la sexualidad y la ausencia de su madre soltera trabajadora.
Por tanto, la película no deja de ser un drama sobre la adolescencia, las adicciones y la reacción al contagio de una enfermedad… Solo que bajo la visión de Julia Ducournau. Y eso le da un giro total a la manera de percibir el film.

La directora aporta su estilo pulp, acompañado por la música de artistas como Tame Impala o Nick Cave, y un ritmo irregular, audaz y cargado de body horror que no es apto para todo el mundo.
Su fotografía, dominada por tonos naranjas y grises, transmite el sentimiento apagado y tenso del mundo de Alpha, generando una incomodidad constante ante la presencia de la sangre, las agujas y el dolor de sus protagonistas.
En un mundo consumido por el entretenimiento barato, historias vacías y películas sin personalidad, Alpha es todo un milagro. Es una obra suicida, arriesgada y destinada a dejar un impacto en quienes se aventuren a meterse en la mente de Ducournau durante 120 minutos.
El film retoma elementos conocidos, como las adicciones, la adolescencia, el bullying o el VIH, para construir una propuesta original, rompedora y que desafía las normas del cine contemporáneo.

