El legendario Sam Raimi concede a sus fans un regreso triunfal a la comedia negra, al thriller macabro y al ejercicio de libertad creativa tras casi dos décadas como mercenario de grandes estudios
En Send Help, no queda títere sin cabeza frente al humor cruel y sarcástico del director de Spiderman y Evil Dead. Aprovechando una premisa sencilla y una reducida producción, Sam Raimi vuelve a hacer lo que mejor se le da: asombrosos despliegues de inventiva visual, el cuerpo y la psique humanas llevados al límite, y un baile sobre la fina línea entre terror y humor.
De la oficina a la isla
Linda, inteligente pero menospreciada responsable de estrategia y planificación de una consultora, y Bradley, su inútil y pretencioso jefe, llegan a una isla desierta tras un accidente aéreo. Lejos del resto del mundo, la jerarquía entre ambos es la primera barrera en caer. Pronto lo harán otras convenciones sociales que podrían poner en peligro sus vidas.
La premisa ya la expuso Ruben Östlund -y por la que se llevó una nominación al Oscar- en la premiada El triangulo de la tristeza (Triangle of sadness, 2022), en la que un yate repleto de adinerados pasajeros naufraga en una isla junto con la resolutiva «mujer de la limpieza» de a bordo. Send Help parece ser consciente de esto, aunque comparta elementos clave de la narrativa. Por ello se centra en minar todo tipo de humor y desagrado de cada situación, en lugar de subrayar repetidamente sus significantes temáticos. Es decir, no aspira a ser más que un entretenido thriller de acción.
Por ello, tampoco se esfuerza en ocultar sus referencias. La dinámica entre los personajes recuerda por momentos a Misery (1990), con esa relación violenta entre enfermo y cuidador. También hay -cómo no- trazas de Náufrago (Cast Away, 2000), en todo lo que a supervivencia y desafíos se refiere. Y por supuesto, Raimi se deleita en evocar a sus propias obras, escondiendo aquí y allí evidentes detalles de Evil Dead.
Send Help llega exclusivamente a salas de cine españolas el próximo viernes 30 de enero.
De jefe a prisionero
Rachel McAdams, -que ya colaboró con Raimi en Doctor Strange: en el multiverso de la locura (2022)- sostiene buena parte del peso emocional de Send Help. Como protagonista, va diseccionando su personaje, construyendo capa tras capa de ambigüedad hasta darle la complejidad necesaria para que nos importe cuando estalla la violencia. Su contención inicial da paso a una memorable locura como nunca la hemos visto antes en la actriz.

Dylan O’Brien (reconocible en la saga El corredor del laberinto), apuesta por una interpretación más visceral y física, acorde con la progresiva degradación de su personaje, el orgulloso y odioso Bradley. Crecer en una vida de lujos y regalos no le ha preparado para lo que le espera en la isla, y el actor transmite perfectamente la desesperación, el miedo y la agresividad que emergen en una situación límite. El duelo interpretativo de ambos intérpretes es uno de los puntos más fuertes de la apuesta de 20 Century Studios.

De artista a mercenario
Sam Raimi es, sin duda, un imprescindible del cine moderno americano. Sus comienzos humildes, similares a los de los hermanos Coen, acentuaron la genialidad de su primera gran película, Posesión Infernal (Evil Dead, 1981). Desde allí, su carrera se disparó, convirtiéndole en un referente del cine de género, con dispares obras de acción (Darkman, 1990), comedia negra (Un plan sencillo, 1998) y superhéroes (Spiderman, 2002). Todo su trabajo llevaba siempre el sello distintivo del cine B.
Alabado como director de culto, su carrera se detuvo inesperadamente tras Arrástrame al infierno (Drag me to hell, 2009). En los siguientes años, solo dos obras le situaron tras la cámara, ambas producto de grandes franquicias, desprendiendo su característica marca de estilo y convirtiendo su trabajo en mediocres superproducciones. Prolífico como productor, ha dado su nombre -«del visionario Sam Raimi»- a grandes éxitos de taquilla (No respires, 2016).
Send Help supone, por ello, una vuelta a terrenos más íntimos y reconocibles, una película donde Raimi puede jugar con los elementos con los que demostró al mundo lo que tenía que ofrecer. Su impecable dominio de la cámara, excéntricos encuadres y montajes, violencia excesiva y cómica, intérpretes dirigidos al extremo y un manejo envidiable del ritmo y el timing se echaban de menos en el cine de género.

De Raimi a Raimi
Incluso los elementos más mediocres de Send Help -como su poco atrevido desenlace, y la sobreexposición de ideas que la vuelven predecible- pueden ser perdonados. Basta con ver cómo un director se lo pasa en grande, utilizando todos los ases que guarda bajo la manga tras tantos años creando cine.
Para sorpresa de nadie, Send Help ha resultado ser una película tremendamente entretenida, sin pretensiones. Sam Raimi no decepciona, a menos que decida recuperar su habitual rol de productor y se aleje de la silla de la dirección. Solo nos queda darle un gran recibimiento en salas a su último trabajo, cruzando los dedos para que no deje de deleitarnos con muchas más de las locuras que salen de su ingeniosa imaginación cinéfila.

