El cine contemplativo de Jim Jarmusch observa la distancia en las relaciones parentales, donde el afecto se esconde en los márgenes
A pesar de su título intencionalmente confuso, Father Mother Sister Brother cuenta, en realidad, con una premisa sencilla. Descrita como «un tríptico de relaciones familiares», la nueva película del veterano director americano es eso mismo: una antología breve y atípica sobre qué significa ser padre, madre, hermana, y hermano. Podrá verse en cines a partir del miércoles 24 de diciembre.
Historia de mi familia
A través de tres historias independientes y completamente ajenas (ambientadas en Estados Unidos, Irlanda y Francia), conocemos a una serie de personajes, todos adultos, que reexaminan una variedad de lazos emocionales. Carentes de trama, los segmentos muestran reencuentros algo forzosos, que todos hemos vivido: un padre viudo y aislado que recibe visita de sus preocupados hijos; una escritora de éxito pero algo reservada que invita a sus excéntricas hijas al té; y dos hermanos que despachan la antigua vivienda de sus padres, fallecidos en un accidente.
En Father Mother Sister Brother, Jim Jarmusch despliega su estilo contemplativo y discreto para diseccionar sutilmente las relaciones en el corazón de la vida adulta. Captura con acierto, y sin grandes aspiraciones, cada silencio incómodo, tensión no resuelta, y todos esos pequeños detalles que conforman historias mucho más complejas. Si las heridas del pasado dan forma a nuestros vínculos presentes, Jarmush pregunta: ¿qué hace falta para recomponerlos?
El maestro de lo cotidiano
Jim Jarmusch ha construido una filmografía profundamente reconocible, y muchos lo consideran un maestro del ritmo y del uso de los silencios. Su obra cumbre de este siglo, Paterson (2016) es el mejor ejemplo para describir su estilo a quien lo desconoce: apacible, monótono sin perder el humor, minimalista en la realización, y enfocado en la cotidianeidad de la vida diaria. No es casualidad que, habitualmente, componga también la música de sus trabajos.
Figura clave del cine independiente americano desde los ochenta, Jarmusch ha sido fundamental para consolidar una forma de hacer cine al margen de los grandes estudios, basada en la libertad creativa, la austeridad formal y una fuerte identidad autoral. Con obras como Flores rotas (2005) o Mystery train (1989) -ésta última, la más similar a su última película-, su cine ha preferido siempre a los personajes errantes, emocionalmente desplazados, que observan el mundo desde un margen existencial. Jarmusch filma la incomunicación como estado natural, y encuentra en la repetición y los encuentros fortuitos una forma de poesía cercana y alentadora.

Familia de intérpretes
Otro rasgo clave en el estilo del cineasta es su colaboración recurrente con los mismos actores y actrices. Más que interpretar personajes, parecen volver a un territorio conocido, aportando capas de memoria que dialogan tanto con la película presente como con el recorrido previo del director. Father Mother Sister Brother no es una excepción, y refuerza esa sensación de continuidad creativa que atraviesa toda su obra.
En su último trabajo regresa -y se lleva la palma- el inigualable Tom Waits. ¿Qué mejor forma de comentar los viejos vínculos, que recurrir al actor con el que trabajó ya en los inicios de su carrera? Aquí, el cantante encarna a un viejo padre cascarrabias, que se ve obligado a recordar el pasado tras ser visitado por sus ya maduros hijos. Éstos son Mayim Bialik y -el ya habitual de Jarmusch- Adam Driver.

Tratándose de un reparto coral, aún resta una sucesión de nombres que mencionar. En el segundo segmento, Charlotte Rampling encabeza el elenco, acompañada por Cate Blanchett y Vicky Krieps y en los papeles de sus hijas. El tercer y último capítulo, “Sister Brother” presenta a Indya Moore y Luka Sabbat como mellizos que regresan a París para enfrentarse a la muerte de sus padres. En un sencillo cameo, se aprecia también la presencia de la legendaria Françoise Lebrun.
Familias para el recuerdo
Dentro de la filmografía de Jim Jarmusch, Father Mother Sister Brother se percibe como una obra menor, más cercana a un ejercicio de variación que a una pieza central de su trayectoria. Aunque condensa muchos de los rasgos que han definido su cine —el gusto por lo mínimo, la observación paciente, la ironía contenida—, la película rara vez alcanza la densidad emocional o la potencia formal de títulos fundamentales como Dead Man (1995) o Ghost dog, el camino del samurai (1999).

Jarmusch parece aquí acomodarse en un terreno ya conocido, reiterando gestos, ritmos y temas sin el riesgo que caracterizaba sus mejores trabajos. Father Mother Sister Brother se deja ver con agrado y coherencia, pero confirma que incluso los autores más singulares pueden ofrecer obras discretas y humildes. Lo mejor que puede esperarse de ella, y de su reconocimiento en el Festival de Venecia, es una invitación a revisitar las grandes obras de su carrera.


