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La exposición ‘Bellezas de un mundo flotante’ deslumbra en Madrid

Delicadeza, sensualidad y hedonismo: el arte ukiyo-e deslumbra por la sencillez del trazo y la complicación de sus estampados. Los maestros japoneses del siglo XIX captaron la belleza femenina en formas sinuosas y vibrantes que parecen volar, deslizarse sin pisar el suelo. Así es Bellezas del mundo flotante: Bijin-ga en la edad de oro del ukiyo-e, una exposición que recoge 77 xilografías de los maestros del grabado japonés en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Comisariada por Daniel Sastre Vega y Ricardo Centellas Salamero, la Colección Pasamar-Onila es una de las más diversas y ricas del panorama de colecciones de grabado japonés en España. Disponible hasta el 31 de mayo de 2026 y concebida por la Calcografía Nacional con el apoyo de la Comunidad de Madrid y la colaboración de la Diputación Provincial de Zaragoza. Se trata de un espacio perfecto para conocer una pieza más de la cultura japonesa en un momento de su pleno esplendor.

El periodo Edo: una época de pujanza

La muestra acoge estampas realizadas por algunos de los artistas más relevantes y codiciados del periodo Edo, como Kitagawa Utamaro, Utagawa Hiroshige o Kitao Masanibu. Con maestría, estos reflejaron un momento de bonanza económica y artística del Japón de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Gracias al desarrollo de la ciudad de Tokugawa, la actual Tokio, las imágenes ukiyo-e alcanzaron su máxima popularidad, impulsadas por las clases comerciantes y artesanos, para convertirse en objetos cotizados que crearon un mercado del arte –dirigido por editores– entre los sectores más alfabetizados de la sociedad.

Bijin-ga: ‘imágenes de mujeres bellas’

Si hay un género característico del ukiyo-e en esta exposición es el bijin-ga o “imágenes de mujeres deslumbrantes”, por su belleza y apariencia. De esta forma, el abanico de representación era grande: desde cortesanas de alto rango, como las oiran o geishas; hasta mujeres más humildes en escenas cotidianas, leyendo o escribiendo poesía. En cualquier caso, lo que buscaban era mostrar la elegancia, el hedonismo y el estereotipo estético femenino de la época.

«Las cortesanas Segawa e Ichikawa», Utamaro | Fuente: El Generacional (@blaasco.lucia)

Sus formas sinuosas, gestos con expresión escasa y estampados elaborados, responden a un modelo idealizado de representación, donde el iki o sofisticación, era el modelo formal. En este género destacó enormemente Utamaro, al que se le puede considerar uno de los maestros del mismo, con obras como Las cortesanas Segawa e Ichikawa. No obstante, si bien gozó de gran reconocimiento en la edad del Japonismo en Occidente, apenas tuvo fortuna en su propio país, debido al contenido erótico de muchas de sus imágenes. Así, la colección alberga algunos de sus ōkubi-e o «retratos de primer plano», algunos de los más famosos en la época.

Una técnica cuidadosa: la xilografía japonesa

Más allá de lo que representa, lo destacable del arte ukiyo-e es su costosa y dedicada elaboración, ya que las figuras no se realizan directamente sobre el papel. Para poder explicarlo, existe un concepto japonés, omotenashi, que significa “el cuidado de los detalles”. Este valor, muy presente en su cultura, nos sirve para describir la manera en que estos artesanos representaban su realidad.

Con línea negra marcada, los acabados llamativos de los kimonos, los cielos o los accesorios del cabello son lo más preciado de este arte. Sin embargo, precisaba de varios pasos: primero, el artista realizaba el dibujo con tinta sobre el papel; tras ello, el artesano, tallaba dicho dibujo en un bloque de madera. De esta forma, el impresor, tomaba los pigmentos y coloreaba la plancha de madera sobre la que luego, presionaba ese primer dibujo del artesano para colorear la zona correspondiente. Es decir, los cuadros se rellenaban desde la tabla y no desde el papel. A esta técnica se la conoce como nishiki-e, y se convirtió en la más empleadas desde 1760.

Esto implica, entonces, que las planchas de madera eran ya de por sí grandes obras de arte. Los estampados tallados son una muestra de ese omotenashi, apreciable cuando se miran de cerca. Además, los colores fueron esenciales para encumbrar este virtuosismo técnico, ya que intentaban también crear una variación tonal o bokashi. Incluso, efectos volumétricos en el papel surgidos por estampar en seco algunos detalles. Lo que parece, entonces, un dibujo sencillo y frágil es, en realidad, el resultado de la suma de diversos procesos artesanales complejos.

Los detalles de los kimonos y la xilografía de cerca | Fuente: El Generacional (@blaasco.lucia) 

Influencia para el arte europeo del siglo XIX

Por otro lado, la maestría de Monet, la línea de Van Gogh o el latigazo característico del el Art Nouveau no pueden explicarse sin el influjo de “la pintura del mundo flotante”. Las composiciones reunidas en la exposición de la Real Academia de Bellas Artes son una

Todo sobre el Art Nouveau
Lo sinuoso en las obras de Aubrey Beardsley | Fuente: kuadros.com

pequeña muestra de la fiebre por lo Oriental surgida en el siglo XIX en Europa, en pleno auge de las Exposiciones Universales. En ellas, los impresionistas franceses, entre otros, quedaron deslumbrados por la sutileza del grabado japonés, hasta el punto, de que lo llevarían también a sus cuadros.

El puente japonés, claude monet, art, loto, lago, verde, pintura, flor, pictura, Fondo de pantalla HD | Peakpx
Puente japonés de Monet | Fuente: historia-arte.com

La luz, el color plano, los motivos florales, las líneas curvas, el gusto por lo cotidiano y natural, la ruptura con la perspectiva tradicional… Todos esos rasgos que caracterizan estos movimientos previos a las vanguardias toman elementos de artistas como Hiroshige o Eizan. De hecho, este suceso es clave para explicar, en general, todo el desarrollo de las artes plásticas europeas durante el siglo XX: este intercambio cultural y colonial provocó la llegada de estos modelos estéticos, no solo de Japón, sino de continentes como África. Obras modernistas o cubistas, entre otras, deben su importancia a la influencia de estas culturas alternas.

Un posible descubrimiento

Esta exposición no solo permite asomarse a la cultura japonesa desde lo artístico, sino comprender su funcionamiento, las costumbres de la época y los focos de desarrollo económico e intelectual del país. Las actividades de las protagonistas de los grabados, sus atuendos, las localizaciones… Todo nos habla de una época concreta de la historia, de una mentalidad y una perspectiva únicas desde las que concebir el mundo. En palabras de la delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, que visitó la exposición el 11 de febrero en su inauguración, el ukiyo-e, “es una tradición artística de extraordinaria delicadeza y refinamiento, capaz de capturar lo efímero, la belleza cotidiana y al sensibilidad de toda una cultura”. La atención al detalle, a lo simple y a la naturalidad: así es la Colección Pasamar-Onila.

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