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‘Arroyo Flint Kill’: lo más oscuro está en casa

Tras recibir el Premio Pepe Carvalho en 2021, Joyce Carol Oates vuelve a Altamarea (Barlovento), traducida por Antonio J. Antón Fernández

En lo cotidiano, en la costumbre, en lo que vemos todos los días… lo siniestro acecha y enturbia sin que nadie pueda atisbarlo. Los mayores miedos, los peores peligros, a veces, son encarnados por las personas más cercanas y se muestran en los gestos más triviales del día a día. Por ello, ante la idea de que hasta lo normal puede dañarnos, lo único que queda preguntarse es, ¿cuándo estaremos realmente seguros?

Con más de cien libros publicados y dos nominaciones a los Premios Pulitzer, Joyce Carol Oates vuelve este octubre a Altamarea (la edición en inglés es de 2024) con Arroyo Flint Kill, un conjunto de doce relatos inconexos e independientes, cuya única línea discursiva es esta: vislumbrar lo oscuro en la rutina inocua. Entonces, incluso ese arroyo, ese recoveco alejado del mundo, se torna vil y tóxico, mostrando los peores rasgos del ser humano y la fragilidad de la vida. El Flint Kill es el único elemento que se repite entre los relatos, apareciendo en el primero y el último; y, generando, así, una estructura circular que, de alguna manera, pone el broche de oro a la narración y la redondea, como si todo el mal procediera de las aguas de este arroyo aparentemente estancado.

Hiperrealismo y verdad

Por tanto, si lo inquietante puede aparecer en cualquier momento, es el habla cotidiana, el habla más realista el que narra estas historias. No hay adornos, no hay giros complejos en las oraciones, y sin embargo, cada capítulo impacta sobremanera en quien lo lee. Con un estilo hiperrealista y suculento, las palabras de Carol Oates son como puñetazos, como encontronazos con la verdad más cruda y perversa: acostarse todas las noches al lado de una persona que creíste conocer y, ahora, es un extraño. Entre esas sábanas, entre las pesadillas y en la enorme espalda sudada del marido es donde está el acicate de la acción, sin necesidad de envolver demasiado la escena. Una cama, una persona, una casa… Y de repente, todo es horrible y amenazador. 

Una escritura llena de recursos

Por otro lado, es muy interesante la variación de los narradores a lo largo de las historias, puesto que cada una cuenta con una perspectiva y tonos diferentes. Introducirse en esos relatos implica abrir la puerta a un mundo nuevo, a un lugar que nada tiene que ver con lo anterior. Esto demuestra la maestría lingüística y de recursos de la estadounidense, que consigue escribir doce mini obras, doce mini relatos, complejos y retorcidos como unidades propias, que cuentan con inicio y final, pero no por ello con la típica estructura narrativa de introducción-desarrollo-desenlace.

Desde un narrador en tercera persona y omnisciente, conocedor de todos los miedos del joven Romulus; a narraciones en primera persona como la de “K” en Amistad de Corazón, Carol Oates despliega su talento para que podamos descubrir a sus personajes de tal forma, que vislumbremos lo oscuro de la manera en la que ella desea. En esta última, por ejemplo, conocemos a una mujer movida por la venganza que termina experimentando –sin ser muy consciente de ello–, la humillación, el rechazo y que no la elijan. Una mujer que parecía la ganadora, la que infringiría daño, termina convirtiéndose en alguien pequeño y sin voluntad propia. Es en ese giro donde la autora muestra el verdadero desasosiego: lo quebradizo del instante, lo fácil que es que cambien las tornas. Que los últimos, en ocasiones, nunca conseguirán ser los primeros. 

‘Unheimlich’: el gótico en Carol Oates

Literalmente, “lo que no es hogareño”, “lo que no es del hogar”. Unheimlich es un concepto acuñado por Freud que se refiere a lo siniestro u ominoso, aquello que resulta inquietante porque es familiar y sale a la luz, cuando debería haber permanecido oculto. Como una especie de glaseado transparente que cubre todo lo que nos rodea: imperceptible a primera vista, pero que, dependiendo desde donde se mire, puede brillar un poco. Asustados, volveremos a mirar al objeto, y otra vez, no veremos nada.

Joyce Carol Oates abraza el unheimlich, típico del gótico, y lo lleva a su esplendor, dando pie a pensar que lo más macabro no son las apariciones o los demonios, sino el padre que, imbuido en sus millones de pensamientos, se olvida a su hijo recién nacido en el coche. O aquella mujer que con esperanza dona médula a su marido, que termina falleciendo; y, ella, sin movilidad en las piernas. Todas esas cosas que pensamos que no pueden suceder, o para las que hay posibilidades muy remotas, ocurren en la narración de la estadounidense. Ese arroyo, remanso de paz y de evasión, es el escenario de un mal gesto que puede acabar con una vida.

Doce historias, doce voces

Volviendo a lo más formal, si hay algo admirable de estos relatos es que cada uno parece escrito por una persona diferente. En ellos, no solo cambia el narrador, sino el tono, las expresiones y la estructura. Todo se destruye y se vuelve a construir al segundo de pasar la página. Desde narraciones que discurren entre sueños y alucinaciones, como La heredera. El asalariado; hasta otras que desde el inicio son repugnantes y escabrosas, como Mick y Minn, donde predominan las palabras malsonantes, las descripciones y el monólogo interior. Algunas, de varias páginas; otras, tan solo de cinco o seis, cada capítulo posee su tinte propio, su unicidad y su desarrollo. En algunos, conocemos los nombres de sus personajes; en otros, solo las iniciales. Y todo ello sirve para construir los relatos de manera diversa y personalizada para la temática de cada uno.

Encontrar un lugar seguro… ¿Es posible?

En el primer capítulo, Romulus e Inga, los protagonistas, tienen un diálogo en el que la chica se apena de que todo lo bueno acabe. A esto, Romulus contesta: “Bueno. Nada lo hace. Nada dura. Al menos estamos aquí”. Y es justo en eso donde reside lo perturbador: en que, ni siquiera, estando ahí, ni siquiera aceptando que nada dura para siempre, estamos a salvo. Joyce Carol Oates articula con maestría todo un mapa de posibilidades en los que la vida puede salir mal: en los que puede torcerse o mostrar la verdadera esencia de las personas que nos acompañan. Con una gran habilidad y palabras sin revestimiento, la escritora de Nueva York imbuye al lector en una constante alarma, mientras espera descifrar lo que está por venir. Lo siniestro nos acecha, nos persigue; incluso, está dentro de nosotros mismos. 

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