La furia punk y la trinchera bailable de Sara Hebe deja por los cielos a Madrid
Como si fuera hipnotismo puro, la argentina Sara Hebe desbordó de energía la Sala Villanos el pasado 29 de septiembre dentro de la parada madrileña de la gira de su nuevo álbum, Negocionismo. A lo largo de la noche, diversos alter egos se apoderaron del escenario para personificar cada una de las canciones y alzar la voz como solo ella sabe hacerlo. Sus letras filosas, su presencia magnética y su inalcanzable poder para invocar la revolución convirtieron la pista de baile en un espacio de catarsis colectiva y militancia.

La apertura e hipnosis del nuevo manifiesto
Desde los primeros compases, el directo con el colmillo afilado con la inconfundible Otra vez (cruzar) para dar fuego a toda la energía. Ahorros y Ke nadie me corrija encendió la mecha de lo nuevo de la noche, seguida inmediatamente por el choque de amor y rabia de Cheto mal. Sin dar tregua al aliento, Sara lanzó No voy a decir nada y Saqueo, un corte donde la argentina demostró estar con los pies en la tierra y la voz en las nubes, contagiando una energía rabiosa a un público completamente entregado.

La trinchera en el escenario con El Sindicato de Inquilinas
A mitad del concierto llegó el momento más político y emotivo de la velada. Impulsado por los aplausos y la arenga que resonaba al unísono en la sala un ensordecedor «¡Aquí están los antifascistas!». Sara dió paso en la tarima a los representantes del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid. Quienes tomaron la palabra entonaron unas cuantas líneas para denunciar la crisis habitacional en la capital y visibilizar la acampada en la Puerta del Sol en manifestación por el derecho a una vivienda digna. Estrechando el vínculo indisoluble entre la música urbana y las luchas sociales de la ciudad.

El trance bailable y el estallido irreverente
Tras la intervención colectiva, la música volvió a tomar el control. Con La bronca, desatando una marea donde el público bailó, gritó y cantó cada verso. La atmósfera se tornó más introspectiva e intencionada con «Mírame a los ojos verás lo que soy», para luego mutar hacia la añoranza bailable de Lujo popular.
El tramo sentimental alcanzó su pico en La pregunta del millón, donde la masa coreó ese desgarrador verso de «si me vuelvo a enamorar me voy a morir» de Ignatia, enlazado con la fuerza reflexiva de Vagaboom.

Para el tramo final, el concierto escaló hacia la irreverencia total. La banda arremetió con una cumbia rockera inolvidable Ho! que desató el delirio absoluto. Desatada y sin filtros, Sara Hebe se trepó a las estructuras laterales del escenario para cantar desde las alturas y gritar «Palestina Libre«.
El cierre definitivo llegó con la contundencia de Asado Fa, el grito de resistencia de El marginal y el himno A.C.A.B. Poniendo el broche de oro a un show incandescente donde la fiesta, el hip-hop y el punk demostraron que la trinchera también se habita bailando.


