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Un piano en medio, Zaragoza alrededor y Pablo López en todo

Zaragoza no fue público: fue un refugio. Y Pablo López, más que cantar, volvió a quedarse a vivir un rato en el corazón de todos.

A veces uno va a un concierto con la intención de contar lo que pasa… y se encuentra sintiendo demasiado como para limitarse a observar. Lo del 26 de abril en la Sala Mozart ha sido una especie de reencuentro íntimo entre alguien que se desnuda en cada acorde y una ciudad que lleva años sosteniéndolo sin hacer ruido.

Un inicio desnudo: cuando todo empieza en un piano

Entrar en la sala y ver solo un piano en el centro ya te decía todo. No hacía falta nada más. Era como si el concierto fuese a construirse en tiempo real, dependiendo únicamente de lo que Pablo decidiera hacer en ese momento.

A las 21:00, con las luces cayendo poco a poco, apareció él. Y hay algo difícil de explicar: Pablo López no necesita hacer nada para que pasen cosas. Simplemente aparece… y ya está ocurriendo algo. Se sentó en su sitio —ese que parece más suyo que de nadie— y empezó a dibujar el concierto.

La propuesta musical, bajo el nombre de El Niño Del Espacio En Concierto, arrancó con ese tono íntimo que define su planeta actual. Nada más sentarse al piano, sorprendió adelantando ‘Cómo Soy’, una canción inédita que formará parte de su próximo proyecto, El Cuatro. Entre bromas, dejó caer que el disco saldría en “2074”, alimentando ese juego constante con sus fans que llevan años esperando el álbum.

Pablo López al inicio de su show en Zaragoza / Fuente: El Generacional (Izan Ramírez)

La banda: cuando lo íntimo crece

Tras ese arranque contenido, Pablo agradeció profundamente la presencia del público antes de dar paso a su banda. Uno a uno, fueron apareciendo los músicos: Micky Martínez a la batería, Jéssica Estévez a la trompeta, Santi Novoa al trombón, Tomás Novati a la guitarra eléctrica y Matías Eisen al bajo.

Con ellos, el concierto cambió por completo. La entrada de ‘El Niño Del Espacio’ lo elevó todo, aportando ese músculo sonoro que da una intimidad inicial con una puesta en escena más expansiva. Zaragoza ya empezaba a vibrar.

Aun así, Pablo no dejó de ser Pablo. “Intentaré no hablar”, dijo tras el tema… para hacer justo lo contrario segundos después. Esa naturalidad, ese punto de caos controlado, es precisamente lo que hace que cada concierto suyo sea distinto.

Asistentes viendo el concierto de Pablo López en la Sala Mozart / Fuente: El Generacional (Izan Ramírez)

Linternas, risas y una canción nacida de un gato

‘La Niña De La Linterna’ convirtió la Sala Mozart en algo precioso. De repente, pequeñas luces aparecieron por todas partes. No era un efecto: era la gente. Era Zaragoza diciendo “estamos aquí”.

En medio de ese clima, Pablo volvió a frenar el ritmo para presentar otra canción inédita: ‘Ánimo’. Nacida, según contó, de observar a su gato —sí, uno llamado Pasa Puré—, el tema escondía una reflexión mucho más profunda sobre la necesidad de escapar y aprender a convivir con uno mismo.

El mensaje caló. Entre risas y anécdotas, dejó una lección de vida: a veces criticamos la soledad sin entender que también es necesaria. Hay que escapar de algo. Para poder querer hay que saber quererse a uno mismo. Y como dice la canción: «Si me da por volar, que la tierra no me persiga«…

El corazón del repertorio: clásicos y adelantos

Ahí empezó uno de esos tramos donde ya no sabes si estás en un concierto o en un abrazo con la gente de tu ciudad. ‘Lo Saben Mis Zapatos’, ‘La Libertad’, ‘Lo Imposible’, ‘Te Espero Aquí’… canciones que ya no son solo suyas, sino de todos.

Y en medio, ‘Esdrújula’. Otra pieza nueva. Otra pista más de El Cuatro. Como si Pablo estuviera enseñando el proceso sin miedo a que aún no esté terminado.

Cada nueva canción generaba una mezcla de curiosidad y expectativa. Fue un bloque del show que equilibró perfectamente lo conocido con lo nuevo, reforzando la sensación de que Pablo no vive de su pasado, sino que sigue en constante evolución.

Pablo López al piano / Fuente: El Generacional (Izan Ramírez)

‘Quasi’ y el protagonismo instrumental

Quasi’ marcó uno de los puntos más altos a nivel musical. La canción, ya de por sí potente, creció aún más en directo gracias al protagonismo de la trompeta y el trombón, con Jéssica Estévez y Santi Novoa brillando con luz propia.

Un momento donde la banda tomó el control, demostrando que el proyecto de Pablo López es también de ellos. Uno de esos instantes donde te olvidas de todo lo demás y solo escuchas.

Y como en todo concierto suyo, la intensidad terminó desembocando en algo muy de ellos: un abrazo simbólico. Como si todo encajara justo cuando tenía que encajar.

Jéssica Estévez y Santi Novoa a la trompeta y el trombón / Fuente: El Generacional (Izan Ramírez)

De Freddie Mercury a la ironía más suya

El recuerdo a Freddie Mercury fue uno de los momentos más especiales. Solo al piano, Pablo interpretó ‘The Show Must Go On’ con respeto y emoción. Una de las mayores leyendas de la historia, que en paz descanse, sigue dando luz con su música año tras año.

Sin apenas transición, enlazó con ‘VI’, recuperando uno de los temas más emblemáticos de su primer álbum, Once historias y un piano. Un salto en el tiempo, hacia sus inicios, hacia lo que empezó todo.

El contraste llegó con ‘Tu Enemigo’. Presentada irónicamente como “una canción de amor”, provocó risas en el público antes de desatar uno de los momentos más eufóricos del concierto, con Pablo subiendo por la sala para sentir la energía desde dentro.

Pablo López actuando en la Sala Mozart de Zaragoza / Fuente: El Generacional (Izan Ramírez)

Acústicos, improvisación y complicidad

Tras la euforia, llegó la calma. Pablo cambió al formato acústico y, junto a su banda, ofreció una auténtica clase magistral de música en directo. Todo se volvió más cercano, más de verdad, bajar pulsaciones sin perder intensidad.

Mariposa’ sonó con un aire más andaluz, con la guitarra afinada en distinta nota, aportando un matiz nuevo a la canción. Más viva, más libre. En ‘Mamá No’, el protagonismo recayó en Tomás Novati, cuyo solo final se dio con una de las mayores ovaciones de la noche.

Después, ‘Mira Cómo Bailan’ y ‘El Abrazo Más Grande De Todos Los Tiempos’ reforzaron esa sensación de estar viviendo algo que no se ve todos los días. La gente de Zaragoza siempre le da un cariño descomunal al artista malagueño.

La banda de Pablo López dándolo todo en los últimos compases del concierto / Fuente: El Generacional (Izan Ramírez)

El tramo final: emoción, despedida y catarsis

El cierre se acercaba, pero aún quedaban momentos clave. ‘El Mundo’ y, sobre todo, ‘El Patio’ volvieron a encender al público, siendo ese gran empujón final que nunca falla.

Tras un breve descanso, el cantante regresó entre gritos de “¡Pablo, Pablo!”. Presentó a su banda uno a uno, en un gesto de agradecimiento que reflejaba la importancia del equipo detrás del artista.

Como broche previo, interpretó ‘Mariposa Tecknicolor’ de Fito Páez con una energía renovada, antes de despedirse definitivamente con ‘Suplicando’, en un final donde el público se convirtió en coro y protagonista.

Pablo López con su guitarra acústica / Fuente: El Generacional (Izan Ramírez)

Lo que ocurrió en la Sala Mozart fue un encuentro entre tiempos, emociones y personas. Pablo López volvió a demostrar que su música es infinita, se transforma en algo que se vive y que se recuerda de formas distintas según quién lo escuche.

En un mundo donde todo parece ir demasiado rápido, su manera de entender la música se siente casi revolucionaria. Zaragoza asistió a un directo sobresaliente: recibió, una vez más, ese abrazo que habla en canciones y convierte cada noche en un regalo para la vida.

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