El cine español independiente continúa encontrando nuevas formas de abordar temas sociales y políticos desde perspectivas cada vez más arriesgadas.
Los justos, dirigida por Jorge Lara y Fernando Pérez, producida por Nephilim Producciones y Naif Films y que cuenta con la participación de RTVE y HBO Max, utiliza el formato de thriller judicial para construir una comedia incómoda que reflexiona sobre la corrupción, la moral y el egoísmo individual a través de un planteamiento tan sencillo como efectivo.
Corrupción política, el tema del momento
La película sigue a nueve miembros de un jurado popular que permanecen aislados mientras deliberan sobre un mediático caso de corrupción. Las pruebas parecen irrefutables, la opinión pública ya ha emitido su veredicto y todo apunta a una decisión unánime de culpabilidad. Sin embargo, la situación cambia radicalmente cuando los miembros del jurado reciben una oferta secreta: cada uno obtendrá un millón de euros si vota inocente. El problema es que, para conseguirlo, todos deberán ponerse de acuerdo.
Lo que comienza como una simple deliberación judicial termina convirtiéndose en una batalla psicológica donde empiezan a salir a la superficie las contradicciones, frustraciones y conflictos personales de cada personaje.
Presentada durante el 29º Festival de Málaga el pasado mes de marzo, Los justos fue descrita como una propuesta capaz de generar una intensa reflexión sobre la moral y la corrupción humana, lo que provocó un gran debate.

A partir de esta premisa, Jorge Lara y Fernando Pérez construyen una película que mezcla tensión, humor negro y crítica social de una forma bastante inteligente. Los Justos juega constantemente con la idea de la moral como algo frágil y negociable, especialmente cuando aparece el dinero de por medio.
La película no intenta presentar héroes ni villanos absolutos; todos los personajes tienen algo que esconder y todos terminan mostrando hasta qué punto sus principios pueden cambiar dependiendo de las circunstancias.
El espacio asfixiante
Uno de los mayores aciertos de la película es precisamente cómo aprovecha ese espacio cerrado para generar tensión constante. La mayor parte de la historia se desarrolla durante las deliberaciones del jurado, lo que convierte los diálogos en el auténtico motor narrativo. Las conversaciones pasan rápidamente de la discusión legal a ataques personales, reproches y enfrentamientos emocionales que van descomponiendo poco a poco al grupo. La sensación de encierro se vuelve cada vez más importante y la película consigue transmitir muy bien esa atmósfera de paranoia y agotamiento emocional.
Aunque la premisa recuerda inevitablemente a 12 Angry Men, Los Justos adopta un tono mucho más satírico y contemporáneo. Jorge Lara y Fernando Pérez utilizan el humor incómodo como herramienta principal para hablar de temas bastante serios. Muchas de las escenas funcionan precisamente porque logran encontrar comedia dentro de situaciones moralmente cuestionables. El espectador se ríe, pero al mismo tiempo siente cierta incomodidad al reconocer hasta qué punto los personajes justifican sus decisiones.
Tonto el último…
La película también funciona como una crítica bastante evidente a la corrupción estructural y a la hipocresía social. Mientras los miembros del jurado juzgan a una figura pública acusada de corrupción, ellos mismos empiezan a caer en dinámicas similares en cuanto tienen la oportunidad de beneficiarse económicamente. Esa contradicción atraviesa toda la película y se convierte en el centro de su discurso: nadie parece completamente incorruptible.
Además, uno de los grandes puntos fuertes de Los justos es su reparto. La película reúne a actores muy reconocidos dentro del panorama audiovisual español, entre ellos Carmen Machi, Pilar Castro, Ane Gabarain y Hugo Welzel, recientemente nominado al Goya a Mejor Actor Revelación. El reparto consigue mantener muy bien la tensión colectiva y aporta muchísima naturalidad a unos personajes que, en muchos momentos, funcionan desde el enfrentamiento constante.

¿Estereotipos o arquetipos?
Sin embargo, aquí aparece también una de las principales debilidades de la película: muchos personajes se sienten construidos desde el estereotipo. Cada miembro del jurado responde a una idea bastante reconocible: el cínico, el idealista, la persona aparentemente racional, el egoísta, el inseguro, y aunque esto ayuda al ritmo de la historia, en ocasiones limita la profundidad emocional de algunos conflictos.
La película intenta retratar problemáticas actuales y a la generación Z, pero su representación no resulta del todo auténtica. A menudo parece observar a los jóvenes desde fuera, recurriendo a clichés como la ironía constante, el complejo del salvador o la superioridad moral, rasgos que suelen ser exagerados por generaciones anteriores. Aunque los personajes encajan en el tono satírico de la historia, cuesta verlos como retratos complejos y reales de una generación concreta.
La banda sonora, un papel fundamental
Otro de los aspectos más destacables de Los justos es su banda sonora. Esta juega un papel fundamental a la hora de construir la atmósfera de la película y el tono irónico de determinadas escenas. Jorge Lara y Fernando Pérez utilizan la banda sonora con mucha inteligencia, especialmente en momentos donde el conflicto entre los personajes alcanza niveles más absurdos o incómodos.
La selección musical aporta personalidad propia a la película y consigue elevar muchas escenas aparentemente sencillas. Hay una mezcla muy efectiva entre temas más tensos y otros con un tono casi melancólico que refuerzan constantemente el desgaste psicológico de los personajes. La música nunca resulta excesiva ni invasiva; al contrario, acompaña perfectamente el ritmo narrativo y termina convirtiéndose en uno de los elementos más memorables de la película.
Los justos, ya en cines
En conjunto, Jorge Lara y Fernando Pérez consiguen construir una película entretenida, incómoda y bastante inteligente en su manera de abordar la corrupción y las contradicciones humanas. Aunque algunos personajes se queden demasiado cerca del estereotipo y el retrato generacional no siempre resulte convincente, Los justos funciona gracias a una premisa sólida, diálogos muy dinámicos y una tensión que se mantiene prácticamente durante toda la película.
Más allá de la crítica política o social, la película termina planteando una pregunta mucho más incómoda: ¿hasta qué punto nuestros principios siguen siendo realmente nuestros cuando alguien les pone precio?


