Ruby: Aventuras de una kraken adolescenteon una historia: con la que puedes oler la sal marina, DreamWorks presenta su propia versión sobre lo que es el final de la adolescencia
Ruby Gillman es una chica-kraken que se ha criado en el mundo humano. Su madre le ha ocultado desde siempre su auténtica identidad en el mundo marino, y ella nunca ha sospechado nada sobre su identidad hasta que, por error, un día se cae al mar. Así es como comienza la nueva historia de DreamWorks, que ha sido muy hablada en redes sociales debido a sus guiños irónicos tan típicos de la compañía, en esta ocasión, con una clara referencia en su villano hacia La Sirenita.
La película de Ruby ha sido muy esperada por cierto sector de los fans de la animación. No solo por la fama del estudio o por ver la nueva producción de los creadores de Shrek o Cómo entrenar a tu dragón, sino porque trata uno de los temas más aclamados por el público del mundo animado; el proceso de maduración de una adolescente. Tras ver la película y analizar a su personaje principal y a su entorno, se podría decir que Ruby: Aventuras de una kraken adolescente es el Red de DreamWorks. Es más, si Ruby se encontrase con Mei… probablemente serían mejores amigas.
Técnica, animación, banda sonora y estilo.

Toda la película parece un escenario construido por juguetes, en el mejor sentido de la palabra. La gran caracterización y el estilo de animación que adopta esta película favorece mucho que se muestre amigable para el público.
Los personajes se muestran físicamente blandos, y su diseño es magistral. Puede que el más flojo de todos sea el de Great Mama, ya que al ser la reina de los kraken se esperaba algo más estrafalario y exagerado, pero DreamWorks tiene ese toque que es solo suyo en sus personajes, y en Ruby, se nota.
La banda sonora, por otra parte, es de las cosas más simples de la película. Las canciones con letra seleccionadas son un bop, pero la música de Stephanie Economou pasa desapercibida. Cualquier película podría tener ese soundtrack, y en un aspecto musical, eso resulta fatal.
El ‘tono’ salado de DreamWorks
DreamWorks siempre ha sido como aquel familiar lejano de Disney que hace unas producciones menos azucaradas, más sarcásticas, y muchas de ellas resultan incluso una burla a los cuentos que popularizaron a la compañía de Mickey Mouse. Lo que ocurre en el mundo de la animación, es que muchos de los niños que hace 20 años se enamoraron de la animación, han llegado a los estudios a arrasar con nuevas concepciones sobre esta manera de hacer cine.
Resulta que el cambio de la niñez a la adultez es un tópico ampliamente explorado en los últimos años de la animación, y no se debe tratar como si fuese un estereotipo, pues ninguna experiencia humana tan pura como esta debe ser calificado como tal, y menos, la de una niña. ¿Hemos dejado los prejuicios atrás? ¿Podemos seguir con la crítica y dejar que las niñas adolescentes tengan un producto para disfrutar, pues ya han ridiculizado los suficientes? Perfecto. Vamos allá.
Bienvenidos a la historia de una chica que solo quiere ser normal

Una de las mejores cosas que tiene Ruby: Aventuras de una kraken adolescente es su excepcional presencia de la adolescencia actual. Los tiempos han cambiado, y los adolescentes de ahora, por mucho que les pese a los adultos de ahora, no son lo mismo que han sido ellos. Ni siquiera lo mismo que lo que muchos veinteañeros fueron en su día. Las nuevas tecnologías están en su día a día y tienen preocupaciones que pueden parecer “menos importantes”.
Es de alabar, de hecho, la gran integración que tienen las redes sociales en la película. Puede parecer un factor sin importancia, pero en realidad no lo es: muchos filmes tienen una representación de estas de una manera pésima, tanto, que el espectador es incapaz de creérselas. Exponen una plataforma parecida a Twitch en la que tanto adultos (el padre de Ruby, que hace directos sobre manualidades) como adolescentes (uno de los amigos de Ruby, que streamea gameplays de los videojuegos de moda) pueden participar. Se muestran videollamadas, grupos de chat de Telegram, y los móviles son prácticamente iPhones.Buen punto, DreamWorks. Por fin vemos algo así.
El aspecto principal que explora es el de las ganas de ser normal de Ruby. Mientras que en las películas de nuestra infancia y adolescencia hemos visto a chicas preocupadas por su popularidad, ahora vemos otra versión de este tópico, y es el ansia de seguir en la normalidad. De hecho, esta visión de la continuidad del día a día es mucho más realista que las anteriores.
El ansia de la popularidad se parece más a las ganas de ser aceptado que de la propia popularidad, y si extrapolamos este término, encontraremos que es más similar a querer ser normal. Ruby tiene su grupo de amigos pequeño y cerrado, una familia, e incluso un chico que resulta ser su interés romántico (y de hecho, no cumple el estereotipo de chico popular). Por favor, dejemos de lado el tópico de la popularidad y adoptemos esta premisa. Es mucho más realista, y aporta al personaje principal un extra de personalidad que se hace de notar.
También restan importancia y desafían a la belleza tradicional. Aquí se villanizan a las sirenas, que siempre se han contemplado como figuras atractivas en múltiples productos de ficción. Son pocos los que se atreven a caracterizarlas como criaturas peligrosas. Pero en Ruby lo desafían. No tienen miedo de mostrar algo bello como algo malévolo, y mientras que Chelsea, la antagonista, es el centro de atención de todas las miradas, Ruby se queda en segundo plano sin dejarse intimidar por ella, y nos demuestra en miles de ocasiones que no siempre vamos a querer que las sirenitas sean “parte de nuestro mundo”.
El gran sarcasmo de DreamWorks

Hablemos de Chelsea. Chelsea es Ariel. Hay que dejarlo claro. Incluso se refieren a ella como “nuestra sirenita” en cierta parte de la película (“our little mermaid” en VOSE, para ser más explícitos). Esto no se trata solo de otro de las burlas sarcásticas hacia Disney (DreamWorks tiene varias de estas, sobre todo en la saga de Shrek), sino también una crítica al arquetipo de la New Girl.
La New Girl es un arquetipo de ficción que es tratado en muchísimos productos, sobre todo, en cine o series. En muchas ocasiones se trata de la protagonista de la cinta; una chica nueva que viene de un lugar muy rotundo aparece en la vida de los co-protagonistas y consigue volcarlo todo hacia un mejor rumbo tras tener un par de dificultades… como en High School Musical, Mean Girls, Pitch Perfect y unas cuantas más.
Sin embargo, no solemos verla como antagonista. Y aquí, Chelsea es la antagonista. Se la retrata así desde el trailer. Tratan su entrada de una manera cómicamente exagerada, que da a entender al espectador que las expectativas que los demás personajes ponen en ella son ridículas y extremas.
Cabe destacar que el estreno de esta película está a relativamente poco tiempo del estreno de La Sirenita (2023). Conociendo la historia de DreamWorks, no sería de extrañar que la fecha hubiese sido planeada a conciencia. Pero Chelsea es, de hecho, de lo mejor que tiene la película. La Mean Girl en estado puro, pero capaz de salir de su propio estereotipo.
Los Mommy Issues de una kraken-adolescente

Cabe destacar también el tema de la familia en Ruby. La madre de Ruby es dura, pero no es agresiva. Es dura porque tuvo un pasado duro, y quiere proteger a su hija a toda costa. Son bastantes -y mucho antes del final- las escenas en las que se comparten momentos de empatía entre Ruby y ella, por lo que el espectador se puede creer el amor maternal desinteresado que siente por su hija, en contraste con muchas otras películas donde la madre parece basar la crianza hacia su hija en amor duro, por lo que el plot-twist final muchas veces carece de sentido.
Los Mommy Issues de Ruby son causados por una gran falta de comunicación con su madre, problema que será tratado durante todo el ritmo narrativo de la historia. De nuevo, el padre se queda fuera. Todo está bien con él. Tampoco es que digan que algo estuviese mal. Su padre, simplemente, está ahí.
Como en la mayoría de las películas en las que se tratan las relaciones intrafamiliares, una de las dos figuras paternales se queda fuera del foco de atención. En este caso, es el padre de Ruby, del que lo único que podemos saber es que se trata de un hombre tranquilo, afable, y con unos hobbies muy adorables. Sin embargo, no tiene gran relevancia en la trama… junto a otros aspectos no tan positivos de esta película.
“¡Soy azul! Pero no te preocupes, es porque soy de Canadá”.

Uno de los factores que más interés generaban era cuál sería la justificación que pondría la película a la clara apariencia kraken (tienen la piel azul) que tenía la familia de los protagonistas en un mundo tan humano. Mientras se teorizaban cosas de un conjuro, un hechizo, o algo relacionado con lo sobrenatural de la magia, pero ni una ni otra. Canadá.
Es de saber internacional que hay un chiste interno entre los estadounidenses acerca de Canadá. Es repetido en varios filmes, y Ruby no es la primera ni la última película en la que se utilizará este recurso. Entiendo que pueda funcionar dentro de Estados Unidos, pero internacionalmente… Ese motivo se queda un poco flojo. Incluso algo perezoso.
Además, se debe tener en cuenta que la trama se desarrolla en una ciudad cuyos habitantes y casi su arquitectura están hechos para cazar krakens. En especial, uno de ellos, un marinero que está obsesionado con los monstruos marinos -y cómo no, con los krakens-. Este personaje es irrelevante en toda la trama y no aporta absolutamente nada a la historia. Tampoco es un side-kick icónico ni un funny relief. Simplemente está ahí, y pone un par de impedimentos para que su presencia no resulte tan innecesaria, pero igualmente, lo es.
Un rasgo del que carece esta película y que, teniendo en cuenta que se trata de una cinta cuyo protagonista es el mar, debería estar de forma obligatoria, es la crítica a la contaminación marina. En Ruby podremos ver muchas llamadas de atención efectivas y fuertes hacia la comunicación en la familia, los arquetipos femeninos en la ficción, o la malinterpretación que hay en la búsqueda de identidad de uno mismo.
Pero ni rastro de la contaminación en los mares. Ni siquiera hubiese hecho falta meter los deshechos plásticos, podría haber sido un ejemplo de ruido submarino, eutrofización, toxinas, o acidificación, pero la película ha pasado por alto uno de los principales problemas en los mares de hoy en día, y eso es un error grave.
«Y lo más importante… nunca digas que eres una genia de las mates»
Como con casi todas las películas que tratan estos temas, los aspectos más “impresionantes” de la película suelen opacar a los problemas más humanos. Tristemente, los problemas de Ruby no son tan explorados como al espectador le gustaría porque son opacados por todo el aspecto de fantasía marítima. Sin embargo, tiene lo más importante que debe tener una película de animación de hora y media, y es que es disfrutable.
Ruby: Aventuras de una Kraken Adolescente tiene su propio encanto y logra entretener de principio a fin, aunque la historia sea en partes predecible. Sus personajes son encantadores (¡Sobre todo la villana!) y siempre gusta ver cómo DreamWorks se burla de los estereotipos en el mundo de la animación. Sin duda, una de las películas que se deben tener en cuenta para futuras creaciones dentro del mundo de la animación, ya sea por sus diseños icónicos o por su manera salada de tratar las relaciones entre los personajes.


