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Festival de San Sebastián 2024: un top de su programación

Un pequeño top entre las más de 250 obras programadas en el Festival de San Sebastián 2024

El Zinemaldi es el mayor evento cinematográfico de España, donde la Playa de la Concha se erige como punto de encuentro entre los profesionales del audiovisual, los cinéfilos y los espectadores que buscan fundirse en algunas de las propuestas más destacadas del año.

254 títulos y 694 proyecciones. Esos son los números de la 72ª edición del Festival de Cine de San Sebastián, también denominado Zinemaldi. Este año se celebra del 20 al 28 de septiembre, fechas entre las que la organización ha entregado el Premio Donostia a tres grandes nombres del cine: Javier Bardem, Cate Blanchett y Pedro Almodóvar.

A continuación, desde El Generacional enumeramos en orden de preferencia las películas que hemos podido ver desde una mirada crítica (y siempre personal).

13. Modi, Three Days on the Wing of Madness, de Johnny Depp

El segundo largometraje como director de Johnny Depp parece un capricho de su creador por aglutinar varias ideas desde un prisma algo banal. Es, al mismo tiempo, un desencajado homenaje al cine mudo (la reproducción de escenas en blanco y negro resulta un guiño demasiado burdo) y un retrato frío y caricaturesco de la pobreza (el humor reside en los personajes más vulnerables, y solo valen para desarrollar al protagonista). Al final, la obra plantea una interesante reflexión sobre el arte como símil y contradicción de la guerra: lo bello como rechazo a la violencia, la creación como defensa voraz de una personalidad frágil y ególatra. La destrucción, a fin de cuentas, es la solución más sencilla para quien no mira más allá de sí mismo.

Fotograma de 'Modi, Three Days on the Wing of Madness', de Johnny Depp | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘Modi, Three Days on the Wing of Madness’, de Johnny Depp | Fuente: Festival de San Sebastián

12. La virgen roja, de Paula Ortiz

El personaje de Najwa Nimri esculpe a su imagen y semejanza al de Alba Planas, que reencarna la historia real de Hildegart Rodríguez, una niña prodigio hecha a medida de su madre para convertirse en el «modelo de mujer del futuro». Así, la progenitora ejerce un exacerbado poder y control sobre su hija en una curiosa contradicción: quien busca la liberación es, en realidad, una censora. La virgen roja es un acto político y personal, con un final escalofriante que defiende la memoria de Hildegart. Pero la cineasta, responsable de La novia (2015), abandona en gran medida su particular estilo poético en pos de una narración más convencional e historicista.

Fotograma de 'La virgen roja', de Paula Ortiz | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘La virgen roja’, de Paula Ortiz | Fuente: Festival de San Sebastián

11. The Last Showgirl, de Gia Coppola

Pamela Anderson interpreta, como si fuera suya, la vida de una mujer de mediana edad que se verá obligada a abandonar el escenario sobre el que llevaba subiéndose a bailar 30 años. Los tiempos cambian, y las despedidas se hacen inevitables. También en el caso de los espectáculos eróticos. The Last Showgirl es un homenaje a quienes persiguen sus deseos, pero su extrema sencillez impide que la narración trascienda más allá. La película plantea una convencional historia de descenso donde las relaciones entre personajes no consiguen sacar de la superficialidad a una dulce reflexión sobre los sueños, el arrepentimiento o la maternidad.

Fotograma de 'The Last Showgirl', de Gia Coppola | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘The Last Showgirl’, de Gia Coppola | Fuente: Festival de San Sebastián

10. Anora, de Sean Bakes

Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Anora es el último largometraje de Sean Bakes (The Florida Project, Red Rocket) donde la comedia se antepone a su protagonista. El humor absurdo pilota esta reflexión sobre el poder a través de la historia de amor entre una «bailarina erótica» y un ‘chico bien’; una chica joven y el hijo de un multimillonario. Su ritmo ágil y sus chistes autoparódicos con los personajes favorecen a una narración que parte de lo concreto y lo anecdótico para entender el choque entre clases sociales, pero Anora no es la película incuestionable que parecía al ganar en el festival francés. La puesta en escena es sencilla y su poco interés en profundizar en los personajes sería oportuno si el final no fuera el que es, donde, de repente, la psicología de la protagonista sí importa para mostrar su desesperación. Por el camino, el humor casposo (‘es maricón’, ‘son rusos’, qué gracioso) no se cuestiona.

Fotograma de 'Anora', de Sean Baker | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘Anora’, de Sean Baker | Fuente: Festival de San Sebastián

9. Reír, cantar, tal vez llorar, de Marc Ferrer

Después de ¡Corten!, el director catalán propone una película musical «de personajes», tal y como describe él mismo. Sin apenas equipo técnico y sin presupuesto, Marc Ferrer abraza la precariedad de las condiciones materiales del proyecto incorporándola a la narración: un plato de comida sin comida, un bebé de juguete llorando, una grabadora que se cuela en el cuadro del plano, una mirada a cámara de un personaje… Así, Reír, cantar, tal vez llorar se erige como una reinterpretación marginal y queer de los cuentos de princesas (animación incluida), cuya autoconciencia le otorga una firme contundencia política contra la violencia social ejercida sobre las personas trans o los inmigrantes. Una divertida y cruda comedia sin brilli brilli, donde la esperanza reside en el amor por la vida (arrebatado) de su protagonista, Toñi (interpretada por Toñi Vargas).

Fotograma de 'Reír, cantar, tal vez llorar', de Marc Ferrer | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘Reír, cantar, tal vez llorar’, de Marc Ferrer | Fuente: Festival de San Sebastián

8. Turn Me On, de Michael Tyburski

El poder de la publicidad para convencernos de qué es lo que necesitamos. Ese es el punto de partida de esta historia, que plantea una distopía sobre cómo sería la vida sin emociones. ¿Mejor no sentir nada que sentir dolor? A partir de esta premisa tan ambiciosa, Turn Me On narra el proceso hacia el autodescubrimiento, el amor, el deseo y el equilibrio. El resultado es una película correcta, bien escrita e interpretada por todo el reparto, pero falta unicidad a nivel cinematográfico, algo más allá de una paleta de colores fría.

Fotograma de 'Turn Me On', de Michael Tyburski | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘Turn Me On’, de Michael Tyburski | Fuente: Festival de San Sebastián

7. Bird, de Andrea Arnold

El sexto largometraje de la británica Andrea Arnold es una búsqueda incesante por la libertad desde un entorno que resulta opresivo para la protagonista de doce años, Bailey. La violencia y las drogas rodean a su familia, formada por unos padres jóvenes (él interpretado por Barry Keoghan) y cuatro hermanos. Bailey, en pleno tránsito hacia la adolescencia, se enfrenta a su presente con rebeldía y explora la libertad allí donde puede habitar: en un corte de pelo, en un acto violento pero justo, en el cielo, en una fugaz ráfaga de viento… Así conoce a Bird, un halo mágico de esperanza y empoderamiento que resulta el elemento más sugerente del filme. Por ende, Bird es un canto a los encuentros fugaces, a las personas que nos transforman y que nos acompañan en nuestra soledad: «Nos conocimos por una razón».

Fotograma de 'Bird', de Andrea Arnold | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘Bird’, de Andrea Arnold | Fuente: Festival de San Sebastián

6. La guitarra flamenca de Yerai Cortés, de Antón Álvarez

«Los modernos le tratan de moderno, los gitanos le tratan de gitano». Así es el guitarrista flamenco Yerai Cortés, a quien Antón Álvarez (nombre real de C. Tangana) retrata en su notable ópera prima. El documental-musical está grabado en fílmico, «una forma muy flamenca de rodar», según el propio Cortés, ya que permite capturar la imagen y el sonido de forma más «orgánica». Narra los detalles más delicados de la vida del protagonista, a quien conocemos a partir de las canciones compuestas por él mismo y por Antón, de la vida cotidiana y de los testimonios. Todos los elementos encuentran un equilibrio en la estructura narrativa, donde el tránsito se antepone a lo lineal. Una historia particular pero extrapolable, donde la identidad es un camino, y no una meta.

Fotograma de 'La guitarra flamenca de Yerai Cortés', de Antón Álvarez | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘La guitarra flamenca de Yerai Cortés’, de Antón Álvarez | Fuente: Festival de San Sebastián

5. Yo, adicto, de Javier Giner

«Huir no sirve; el miedo siempre te encuentra». Aprender a pedir ayuda, aprender a vivir. Sobre ello trata Yo, adicto, la serie con la que Javier Giner (y Aitor Gabilondo) adapta su libro autobiográfico sobre cómo sobrevivió a la adicción. La sinceridad y honestidad de la obra residen en la generosidad del protagonista por contar su historia (con límites) con un carácter universal, porque nadie aprende a vivir solo. Así, un espléndido Oriol Pla (que transita desde la euforia hasta la desesperación) cuenta las vivencias de Javier en primera persona (de forma metanarrativa) a un espectador que pondrá nombres y apellidos a quienes intentan recuperar el control de su vida. Yo, adicto es, en definitiva, «una serie a favor de la humanidad que habita dentro de nosotros», tal y como describió su autor en una de las proyecciones en el Festival de San Sebastián. Una serie emocional, terrorífica y cómica sobre el autoconocimiento, la familia y la identidad, cuyo punto débil es que el lenguaje cinematográfico está a merced del guion.

Fotograma de 'Yo, adicto', de Javier Giner | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘Yo, adicto’, de Javier Giner | Fuente: Festival de San Sebastián

4. Querer, de Alauda Ruiz de Azúa

«Cuando juzgamos colectivamente la violencia sexual contra las mujeres entendemos quiénes son las víctimas, pero cuando vamos a casos concretos de nuestro entorno esa conciencia colectiva se diluye y surgen otro tipo de dilemas». Con estas palabras, Alauda Ruiz de Azúa (Cinco lobitos) explica el impulso político y sociológico que le llevó a crear Querer, una miniserie de cuatro capítulos donde construye una incómoda tensión a partir de las relaciones humanas que subyacen a un juicio por violencia continuada en el matrimonio. ¿Qué pasa cuando se vive algo así en persona y no desde un titular? La obra se aleja de banalidades y plantea una compleja paleta de grises sobre la violencia (representada con contundencia de forma no-tangible), la credibilidad y la superación.

Fotograma de 'Querer', de Alauda Ruiz de Azúa | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘Querer’, de Alauda Ruiz de Azúa | Fuente: Festival de San Sebastián

3. La sustancia, de Coralie Fargeat

Tras su ópera prima Revenge (2017), la directora francesa opta por lo radical y lo hiperbólico para narrar una crítica sin sutilezas a la alienación y al consumo de cuerpos. La cámara autosexualiza a la(s) protagonista(s), interpretada(s) por Demi Moore y Margaret Qualley. Porque así ha(n) construido su mirada hacia sí misma(s): desde los ojos ajenos, desde el escrutinio masculino y capitalista. La sustancia es una fusión de gore y ciencia ficción que pone contra las cuerdas al espectador mientras asiste al proceso de autodestrucción de una actriz, amada primero y abandonada cuando su mediana edad deja de resultar «bella» (¿o rentable?).

Crítica completa: ‘La sustancia’: la sangre contra la alienación

Fotograma de 'La sustancia', de Coralie Fargeat | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘La sustancia’, de Coralie Fargeat | Fuente: Festival de San Sebastián

2. La habitación de al lado, de Pedro Almodóvar

El cineasta español continúa su interés por la explicitud política tras Madres paralelas (2021), pero esta vez consigue equilibrarla con la poética y lo simbólico. La habitación de al lado no solo es la primera película en inglés de Almodóvar, protagonizada por Tilda Swinton y Julianne Moore, sino que es una íntima despedida que emerge desde la crítica política a favor de la eutanasia. Sobre ello trata la historia de Martha e Ingrid, dos amigas que se reencuentran para decirse adiós y donde una de ellas aprenderá que la muerte no es la mayor tragedia que puede vivir un ser humano. Tras una primera parte menos robusta, Almodóvar afina la pluma y la cámara con delicadeza a través de su reconocible estilo: el habitual contraste de colores (dos tumbonas como objeto metafórico de la transmisión), la banda sonora de Alberto Iglesias, las referencias artísticas («cae la nieve…») o las poesías visuales (un contraplano de la puerta de la habitación, un reflejo desde el más allá, una segunda despedida…).

Crítica completa: ‘La habitación de al lado’: la poesía de la despedida

Fotograma de ‘La habitación de al lado’, de Pedro Almodóvar | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘La habitación de al lado’, de Pedro Almodóvar | Fuente: Festival de San Sebastián

1. Los destellos, de Pilar Palomero

La cineasta española vuelve a demostrar su capacidad para retratar relaciones personales complejas en imágenes, como ya hizo en Las niñas (2020) o La Maternal (2022). Su tercer largometraje es una delicadísima obra sobre captar el tiempo y sobre cómo aprovechar los momentos que sabes que no volverán a repetirse: ¿ser autoconsciente de la vida es vivir? Palomero, junto a Patricia López Arnaiz y Antonio de la Torre como protagonistas, narra una historia sobre los cuidados donde las pequeñas cosas cotidianas se convierten en grandes destellos a través del ritmo fílmico, el cual mantiene la imagen sostenida como si quisiera detenerla.

Crítica completa: ‘Los destellos’: la imposibilidad de detener la vida

Fotograma de 'Los destellos', de Pilar Palomero | Fuente: Festival de San Sebastián
Fotograma de ‘Los destellos’, de Pilar Palomero | Fuente: Festival de San Sebastián

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