La cinta se alzó con múltiples premios en diversas ceremonias de premios europeos, entre los que destaca la Palma de Oro en el Festival de Cannes
Desde su proyección el 13 de julio de 2021 en el Festival de Cannes, Titane ha dado de qué hablar. Controvertida y provocativa, ha pasado a convertirse en un breve periodo de tiempo en una cinta de culto contemporánea.
Primero de todo, un proyecto audiovisual arriesgado, que pretende dejar huella en el espectador y hacerle pasarlo mal durante el metraje, debe interesar a una persona con intereses cinematográficos. En ese ámbito los franceses son especialistas, y lo han demostrado en diversas ocasiones en filmes como Irreversible o Mártires. Sin embargo, en el caso de Titane parece incluso ir más allá. Cualquiera que empiece a visionarla sabe que no va a ser una película para ver con palomitas, pero ni de lejos alguien se puede llegar a imaginar un estilo cinematográfico tan absolutamente explícito y violento como el que se proyecta.
Para contextualizar, debe decirse que Titane es una película francesa de 2021. Su directora es Julia Ducournau, la cual ya en 2016 había causado revuelo y había obtenido éxito de crítica con su anterior filme, Crudo, una cinta de terror nada convencional. Proporcionar una pequeña sinopsis de lo que va la película es prácticamente una misión imposible. Se podría mencionar que Titane trata la vida de Alexia, una mujer que de pequeña sufrió un accidente automovilístico que requirió una operación en la que se le incrustó una placa de titanio en la cabeza. Sin embargo, realmente esta descripción no va muy a tono con los acontecimientos que se suceden en el filme.

Aquí empiezan los errores del proyecto: los espectadores no saben lo que está pasando. No es un problema de que haya muchos detalles escondidos a lo largo de la cinta que precisan de mucha atención del que está al otro lado de la pantalla, es que simplemente aparecen los títulos de crédito y el espectador se queda con una cara estupefacta, pues absolutamente nada de lo que ha acontecido parece tener sentido.
A lo mejor todo tiene una explicación lógica para la directora, pero si no lo sabe transmitir correctamente de nada sirve. Si una persona desarrolla una idea que al parecer sólo entiende ella, se rompe la cadena de comunicación tradicional entre emisor y receptor y el cine deja de cumplir su objetivo básico y pasa a convertirse en una tomadura de pelo.
El filme no puede entrar dentro de un estilo surrealista, pues definitivamente no es la intención de la autora. Simplemente se podría explicar como la unión de ideas sin relación entre sí, acto muy poco arriesgado, pues eso es algo que cualquier persona sabe hacer, sin necesitar una maestría cinematográfica.
Por otro lado, nos encontramos con la ya mencionada violencia explícita que impregna todo Titane. Hay muchas veces que películas han mostrado escenas muy duras que definitivamente dejan daño psicológico en el espectador. Son secuencias muy difíciles de ver, sin embargo, si esta crudeza cinematográfica está justificada, se constituye como un recurso audiovisual aplaudible.
La primera parte Titane está marcada por una consecución de momentos muy desagradables, y si encima la historia que se cuenta es plana, no hay razón para continuar el visionado. Nada está justificado y para más inri es una cinta extremadamente explícita.
En conclusión, es inexplicable e incluso decepcionante que un jurado como el del festival de Cannes, el cual es una intendencia en el mundo del cine, decidiera que Titane es una película que merece un premio tan importante como la Palma de Oro. Se está premiando la provocación sin razón aparente frente a la coherencia. Si una persona coge una cámara y graba escenas con mutilaciones y sin relación entre sí, ¿también merece una distinción por parte de los académicos?


