En tiempos de distopías agotadas y futuros en ruinas, Arco se atreve a mirar hacia adelante con esperanza, ternura y confianza en la imaginación infantil y en el poder transformador de la tecnología
Frente a la inercia del cine contemporáneo más fatalista y cínico, la película de Ugo Bienvenu irrumpe como una anomalía luminosa. Sin renunciar a la complejidad ni al conflicto, esta coproducción francesa-estadounidense construye un relato esperanzador. Tanto niños como adultos se sorprenderán con una animación bellísima y un optimismo que no sólo no resulta ingenuo, sino que además es profundamente necesario. Podrá verse en cines españoles a partir del próximo viernes 23 de enero.
Un relato que trasciende nuestro mundo
Arco es un niño de diez años que, en el año 2932, —con un traje iridiscente que le permite viajar en el tiempo— se embarca en su primera aventura. Sin embargo, la emoción de experimentar con su capa multicolor dura poco: el pequeño pierde el control y cae en el año 2075, un mundo mucho más parecido al nuestro de lo que pensamos.
Allí conoce a Iris, una niña de su misma edad que lleva una vida algo triste por la ausencia de sus padres. Tras presenciar su caída desde el cielo, decide ayudarle a regresar a su tiempo, y se formará entre ambos una auténtica relación de amistad. Las complicaciones provocadas por un cambio climático agresivo y fuerzas que tratan de separarlos, llevarán a este dúo a un viaje de autoconocimiento, pertenencia, y trabajo en equipo.
Tal y como han declarado el director Ugo Bienvenu y la productora Natalie Portman, la aventura está pensada para ser accesible y emotiva. El elemento espacio-temporal supone la parábola perfecta para incidir acerca de la complicidad entre generaciones presentes y venideras, y la labor de todos en la construcción de un futuro sostenible.
Una obra para grandes y pequeños
Uno de los grandes aciertos de Arco es su manera de dirigirse al público infantil sin condescendencia. La película confía en la sensibilidad de los niños, proponiendo preguntas y escenarios en lugar de respuestas cerradas. El resultado es una obra que puede acompañar a la infancia sin limitarse a ella, invitando a una lectura compartida entre generaciones.
En este sentido, es inevitable identificar la influencia del cine de Studio Ghibli y de Hayao Miyazaki, especialmente de Ponyo en el acantilado (Gake no ue no Ponyo, 2008). La dinámica entre dos niños de mundos diferentes, así como la amenaza climática, son muy similares a las que propone Arco. Al igual que en Ponyo, la película presenta su universo con naturalidad, sin sobreexplicar sus reglas ni subrayar constantemente sus ideas, confiando en la capacidad del público —también del más joven— para orientarse y conectar las piezas.

Una pequeña joya para ojos y oídos
La propuesta estética de Arco se alinea con una sensación de frescura artesanal y calidez humana. Está realizada íntegramente en animación 2D, con bellos y coloridos fondos, rechazando la hiperrealidad digital. Esta elección artística no es anecdótica: refuerza el tono general de la película, que busca un equilibrio entre lo fantástico y lo reconocible. Cada escena se apoya en una paleta y un diseño que facilitan la lectura emocional, más que impresionar con efectos espectaculares.

La calidad de la animación y los demás aspectos técnicos ha sido reconocida en circuitos de prestigio: Arco obtuvo el Premio Cristal a Mejor Largometraje y el Premio SACEM a Mejor Música Original en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, uno de los eventos más importantes del cine animado a nivel mundial. Además, ha sido nominada a Mejor Película Animada en los Globos de Oro y en los Critics’ Choice Awards, consolidando su presencia en la temporada de premios.
Un futuro en común
Quizá el rasgo más singular de Arco sea su apuesta decidida por un futurismo optimista. Aunque no faltan las catástrofes y los retos para la humanidad, la película imagina un mañana imperfecto pero viable, donde la tecnología y el progreso no anulan la emoción ni la ética.

Este enfoque no ignora los problemas del presente, pero los aborda desde una perspectiva constructiva, especialmente valiosa en un contexto cultural dominado por la distopía. La película de Ugo Bienvenu apuesta por una ciencia ficción para todas las edades, proponiendo pensar en un futuro que se construye entre todos, un acto de esperanza y de entrega a los demás. Imaginarlo es ya, en sí mismo, una forma de resistencia.

