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Las que no pudisteis callar: Magda Donato y sus reportajes vividos

Una apasionada por el periodismo que se metía de incógnito en instituciones para mujeres durante la II República

Carmen Eva Nelken, o Magda Donato, como se hacía llamar y como firmaba sus piezas periodísticas, vivió una época de auge cultural en España; una época en la que la mujer empezaba a tener algunos espacios en la sociedad. Pero esos años fueron pocos. 

Nació en 1898 y falleció en 1966, de familia judía y adinerada afincada en Madrid. Con tan solo 19 años ya escribía en periódicos, empezando con una columna propia llamada «Femeninas» en El Imparcial, dedicada a la «mujer moderna», escrita con ironía y un gran sentido del humor.

Siempre defensora de los derechos femeninos, pasó de periódico a periódico tratando temas que interesaban a la mujer -no relacionados con los quehaceres del hogar, sino problemas a los que se enfrentaban-, como se puede ver en sus artículos publicados en El Liberal bajo el nombre de «La mujer ante el trabajo».

Reportajes vividos

Antes de que ningún otro periodista, ni hombre ni mujer, relatase las historias en forma de crónicas desde dentro, Donato ya se había infiltrado en un albergue para mendigas, un psiquiátrico, una cárcel y una maternidad.

Escribió también sobre personalidades femeninas de su época, observándolas muy de cerca. Acudió al primer día que actuó Victoria Kent en los tribunales y redactó un artículo para el Heraldo de Madrid que comenzaba así:

«Las feministas pueden dividirse en dos categorías: la turba inmensa de las que hablan y el pequeño núcleo de las que obran… Victoria Kent, cuya profesión consiste en hablar, pertenece, por su espíritu, a la categoría de las feministas silenciosas»

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Artículo que escribió Donato sobre el primer día en los tribunales de Victoria Kent | Fuente: BNE

En 1932 realizó su primer «reportaje vivido», tal y como lo denominaba ella misma, para el diario Ahora. Fue desde dentro de un manicomio de mujeres, donde consiguió que la diagnosticaran de «enajenación mental» y estuvo recluida durante un mes bajo vigilancia y siguiendo un régimen de curación que no necesitaba. Se publicó bajo el título Un mes entre las locas y ocupó seis páginas.

«Doña Petra viste con elegancia, pero sin variedad; lleva siempre el mismo traje de terciopelo negro, el mismo abrigo con cuello de piel, los mismos zapatos de charol. Es natural que no cambie de traje, porque este es el que ha de ponerse el día que la vengan a buscar para salir, y ese día es precisamente hoy… Y hoy es todos los días…»

Logró que la condenaran a prisión tras formar un altercado en plena calle y, desde allí, fue publicando un reportaje diariamente. Algunos lectores creyeron que esto era falso, y el diario Ahora ofreció una recompensa de 5.000 pesetas «para los lectores incrédulos» que pudieran demostrar que no era real.

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El reportaje de Magda Donato compartiendo vida con las reclusas | Fuente: BNE

«No, no son los que están condenados a tantos o cuantos años de cárcel los que más sufren por la falta de libertad. Los que más sufren son los que no están condenados todavía; los que no saben a cuánto se les condenará; los que no saben cuándo se les condenará; los que no saben si se les condenará. Los que más sufren son los que están «en preventiva»; esa es la mayor, la más cruel, la menos imaginable de las torturas y, sin embargo—¡oh, ironía!—es la única que se inflige por igual a los culpables y a los inocentes»

Lo finalizó con una carta destinada al ministro de Justicia española: «¡Justicia rápida, señor ministro de Justicia de la República española! Porque la justicia que no es rápida no puede ser justa».

El último reportaje antes de la Guerra Civil

Tras esos reportajes, realizó otros infiltrándose en una maternidad, un reformatorio de chicas, viajando por España… Mintió a todos para pasar unas noches junto a más de 300 mujeres sin hogar en un albergue de mendigas. Desde allí contó las miserias bajo las que vivían, pasando desapercibida de principio a fin, siendo este su último reportaje antes de que estallara la guerra.

«¡Ah!, señores del Ayuntamiento o de la Asistencia Social, o de la Dirección del Albergue, quienes sean; si han de seguir escatimándolo todo a las albergadas, ¡al menos no les quiten la luz! Pero al final, esto no pasa de ser un ruego mío; no me hagan demasiado caso; es muy posible que mis compañeras prefieran que se les mejore un poco la comida»

Desde el frente republicano escribió reportajes hasta el fin del conflicto. Después se vio obligada a exiliarse a México con su hermana y su pareja, el dibujante y escenógrafo con quien había co-creado cuentos infantiles, Salvador Bartolozzi.

En el exilio se dedicó al teatro, trabajó como actriz hasta que falleció en 1966. Un trabajo que no le resultó difícil, pues se había estado preparando para ello durante toda su vida, casi sin saberlo, gracias a sus reportajes vividos.

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