Las Catorce Rosas inmarcesibles

0
345

Víctimas de la represión franquista

Quizás, nada deje más huella en un país y sus ciudadanos que una guerra civil en la que familiares y amigos luchan contra sí por el triunfo de un bando. Durante 3 largos años, españoles y españolas se enfrentaron en un conflicto donde lo único que triunfó fue el derramamiento de sangre sin precedentes en nuestra historia. Sin embargo, en el caso de la Guerra Civil Española hay algo más abyecto que sí misma: una posguerra caracterizada por el revanchismo y muertes a paredón, garrote y paseíllo. De éstas, germinó una herida aún no cicatrizada por nuestra sociedad, y catorce flores eternas: Antonia Torre Yela, Carmen Barrero, Martina Barroso, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno, Julia Conesa, Adelina García, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

Una historia inmortal

Fueron comúnmente apodadas de forma póstula como Las Trece Rosas -apelativo iniciado por la hija de Marie Curie en las protestas en Francia por el asesinato de las jóvenes-. No obstante, se trata de un alias poco acertado, puesto que no fueron sino catorce flores imperecederas. Antonia Torre Yela, fusilada el 19 de febrero de 1940 es la rosa que se tiende a dejar atrás, ya que no falleció junto con sus compañeras el 5 de agosto de 1939 por un error mecanográfico en la orden de ejecución, en la que constaba el nombre de “Antonio” en lugar de “Antonia”.

En agosto de 1939, trece mujeres inocentes e indefensas de entre 18 y 29 años, son fusiladas en el cementerio del Este de Madrid -actualmente el Cementerio de La Almudena-. La mayoría de las jóvenes formaban parte de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) o del Partido Comunista Español (PCE). Algunas, tan solo habían tenido contacto con sus miembros, como la pianista Blanca Brisac. Nueve de las chicas eran menores en el momento de su muerte, ya que la mayoría de edad estaba establecida en los 21 años.

Fotograma de la película «Las Trece Rosas» | ElDiario

Para la llegada de las tropas franquistas a Madrid, la mayoría de los dirigentes de las JSU y del PCE habían abandonado el país. No obstante, las JSU intentaron reorganizarse clandestinamente bajo la dirección de José Pena, de 21 años. Principalmente debido a Roberto Conesa, policía infiltrado, se logró la caída de la organización siendo la mayoría de sus miembros detenidos en la primavera del 39. Entre ellos, las Catorce Rosas, quienes fueron trasladadas a la cárcel de Ventas. Una prisión construida en 1931 bajo las órdenes de Victoria Kent concebida para 500 presas y en las que se encontraban alrededor de 4.000.

Su sentencia y cartas de despedida

La sentencia de muerte de las jóvenes fue un acto de venganza del régimen tras el atentado de Isaac Gabaldón el 27 de julio de 1939. Acompañado por su hija Pilar, el comandante fue asesinado por tres jóvenes armados en Talavera de la Reina. Las Catorce Rosas estaban encarceladas cuando sucedió el asesinato de Gabaldón, siendo así fusiladas por un crimen que nunca pudieron haber cometido. El juicio contra ellas, y al menos 40 personas más, tuvo lugar el 4 de agosto de 1939. En la sentencia del fiscal del Consejo Permanente de Guerra , se condenó a muerte a 65 de los 67 acusados por delito de adhesión a la rebelión. En jornadas posteriores, se celebraron más juicios y fusilamientos. Se estima que hubo alrededor de 364 detenidos, y que fueron ejecutados por su supuesta vinculación al mismo atentado.

Antes de morir, las trece mujeres fueron obligadas a confesar sus pecados en la capilla si querían escribir una carta de despedida a sus familiares. De todos los escritos, únicamente tres cartas han salido a la luz. Sus palabras, tan inmarcesibles como ellas, representan la voz de otras muchas víctimas. Mientras que Dionisia Manzanero escribía: «No muero por criminal, sino por una idea». Blanca Brisac determinaba: «Voy a morir con la cabeza muy alta: solo por ser buena». Posiblemente la frase más famosa de estas cartas resida en la de Julia Conesa, quien redactó las palabras que marcarían el legado de todas ellas: «Que mi nombre no se borre de la historia«. Y que así sea, que el nombre de Julia, Antonia, Carmen, Martina, Blanca, Pilar, Adelina, Elena, Virtudes, Ana, Joaquina, Dionisia, Victoria, y Luisa, permanezca grabado por siempre como símbolo de lucha contra el régimen. Todas ellas representan el amor, la pasión, y la lucha por la sangre derramada, y recuerdan el color de aquellos pavimentos donde tanta represión, odio y venganza tuvieron lugar.

Placa conmemorativa en el Cementerio de la Almudena, Madrid | Europa Press

Catorce jóvenes condenadas

  1. Julia Conesa Conesa (19 años, modista): Encargada de la monitorización de las instalaciones deportivas de las JSU.  La traición de un compañero de su novio terminó con su detención.
  2. Carmen Barrero Aguado (20 años, modista): Fue la responsable femenina del PCE en Madrid tras la guerra.
  3. Pilar Bueno Ibañez (27 años, modista): Afiliada del PCE, trabajó como voluntaria haciéndose cargo de huérfanos e hijos de milicianos que iban al frente. Fue nombrada secretaria de la organización del radio Norte de Madrid y reorganizó el PCE en ocho sectores de Madrid.
  4. Adelina García Casillas (19 años, activista): Militante de las JSU e hija de un guardia civil. Le mandaron una carta a su casa solicitando un interrogatorio ordinario y se presentó de manera voluntaria. Fue detenida y nunca más volvió a casa.
  5. Elena Gil Olaya (20 años, activista): Militante de las JSU en el distrito de Chamartín.
  6. Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista): Católica y de derechas, no tenía ninguna militancia política. Se casó con el comunista Enrique García, y fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al PCE.
  7. Virtudes González García (18 años, modista): Militante de las JSU fue detenida al ser denunciada por un compañero suyo bajo tortura.
  8. Martina Barroso García (24 años, modista): Miembro de las JSU de Chamartín. Durante la Guerra Civil se dedicó a coser ropa para los soldados en uno de los talleres de la Unión de Muchachas.
  9. Ana López Gallego (21 años, modista): Militante de las JSU, fue secretaria de la radio de Chamartín durante la Guerra. Su novio le propuso irse a Francia al acabar la guerra, pero ella decidió quedarse cuidando de sus tres hermanos menores en Madrid.
  10. Joaquina López Laffite (23 años, secretaria): Fue secretaría femenina del Comité Provincial Clandestino y militante de las JSU. Además, se encargaba de la propaganda. La denunció el número dos de las Juventudes.
  11. Victoria Muñoz García (18 años, activista): Comenzó a militar en las JSU a los 15 años. Su hermano era Gregorio Muñoz, responsable militar del sector de Chamartín de la Rosa. También él murió fusilado.
  12. Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista): Militante del PCE desde 1938 después de la muerte de su hermana por un obús. Durante la Guerra fue enfermera en el hospital de las Brigadas Internacionales. Se encargó, tras la guerra, de ser el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid.
  13. Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, sastre): Pese a militar desde joven en las JSU, nunca ostentó un cargo relevante.
  14. Antonia Torre Yela (19 años, militante): Perteneciente a la agrupación de Chamartín de la Rosa, fue llevada a la cárcel por haber trabajado en las cocinas de una organización libertaria.

Ellas, inmarcesibles, fueron parte de la historia sobre las que descansas miles de injusticias aún sin resolver ni reconocer. Que ni su nombre, ni sus vidas, ni su lucha, se borren de la historia.

 

 

 

Publicidad

Deja un comentario