La trilogía autobiográfica de Edmund White ha sido por fin traducida al español por la editorial independiente ‘Blatt y Rios’. Historia de un chico y La Hermosa Habitación está Vacía ya están disponibles, y son los dos primeros libros de esta colección.
En la actualidad, la homosexualidad en la literatura ha llegado a tener un espacio maravilloso en el que las personas queer podrán leer romances igual de bellos que las historias heterosexuales que han tenido el monopolio del romance dominado durante siglos. Se ha querido dejar a un lado el sufrimiento para que así cuaje la aceptación y la normalización para aquellos lectores que se puedan ver reflejados en los personajes. Sin embargo, Edmund White retuerce la narrativa hacia el aspecto más devastador de uno mismo para escribir una narrativa autobiográfica dolorosamente hermosa.

Sobre todo, serás alegre y joven
Historia de un chico es la primera novela de esta trilogía. En ella, Edmund narra la niñez de un chico sin nombre (al que llamaremos Edmund, por razones obvias), que crece en el Medio Oeste de Estados Unidos durante la década de 1950.
Edmund se presenta como un chico introvertido y absorto en sí mismo desde la primera línea en la que se desarrolla su carácter. Al mismo tiempo, experimenta una lucha interna y desarrolla un odio hacia sí mismo (más concretamente, un odio hacia su homosexualidad) que se aborda durante toda la novela, potenciado por su crecimiento en una sociedad conservadora y represiva.
El odio que Edmund siente hacia sí mismo es el protagonista de Historia de un chico. Este sentimiento autodestructivo surge de la internalización de los prejuicios y la homofobia interiorizada que existían (y siguen existiendo) en su entorno social y cultural. Su homosexualidad es algo inaceptable, pecaminoso e inmoral, algo de lo que debería avergonzarse y nunca mostrar. Hay diversas partes en el libro en las que Edmund mantiene relaciones homosexuales con otros chicos, sin embargo, ellos nunca se reconocen propiamente como gays.
“No me toques. A mí no me van esas cosas”
Destaca la relación primeriza que tiene con el hijo de unos amigos de sus padres, Kevin, con quien mantiene relaciones sexuales por primera vez cuando ambos son adolescentes. Aunque Kevin claramente disfruta del sexo con Edmund, le frena en cuanto intenta besarlo, abrazarlo, o acariciarlo, ya que “eso es de mariquitas”.
El concepto de “mariquita” es tratado desde la burla desde un primer instante, justo por culpa de la homofobia interiorizada de Edmund. Se obsesiona con ello; hace una dicotomía entre lo que es “ser gay” y “ser un mariquita”, remarcando que ninguna de las dos opciones es buena, pero que es mejor “ser gay que un mariquita”:
En aquella época había un test de masculinidad muy popular que consistía en tres pruebas, y yo las fallaba todas: (1) Mírate las uñas (las chicas extienden los dedos; los chicos ahuecan la mano con la palma hacia arriba); (2) Mira hacia arriba (las chicas sólo alzan la vista; los chicos echan toda la cabeza hacia atrás); (3) Enciende una cerilla (las chicas lo hacen alejándosela del cuerpo; los chicos se la acercan. (…) Los hombres cruzan las piernas apoyando el tobillo en la rodilla; las nenazas colocan una pierna sobre la otra. Los hombres nunca hablan con efusividad, los hombres son o silenciosos o escandalosos. Yo no sabía insultar: decía «miércoles» en vez de «mierda» y no sabía dónde meter el «joder» en las frases.
Edmund, sin embargo, encuentra consuelo y comprensión en la intimidad compartida con Kevin. Pero la relación es muy turbulenta. A diferencia de Edmund, que está más dispuesto a aceptar su orientación sexual, Kevin se debate entre sus deseos y las expectativas sociales. La ambivalencia se manifiesta en sus acciones, y al luchar con la inseguridad y la incertidumbre, daña aún más la fragilidad de Edmund.
La tensa relación padre-hijo
El padre de Edmund es otro de los personajes clave en Historia de un Chico. Desde el principio, Edmund siente una desconexión con su padre, y a medida que comienza a comprender su identidad sexual, se da cuenta de que existe una brecha emocional entre ellos.
Es la encarnación de una mentalidad conservadora contra la de alguien que se muere por descubrirse. Ambos personajes tienen dificultades para expresar sus sentimientos y sus perspectivas, lo que hace que tenga un impacto significativo en la vida de Edmund (los llamados Daddy-issues).
Hay una marcha-atrás en cierta parte del libro. Aunque el personaje comienza con 15 años, se retrocede hacia el divorcio de sus padres, a la desconexión que sufre de su propia familia a raíz de aquel incidente. Más adelante, la falta de aceptación y apoyo de su familia hacia su orientación sexual lo hace cuestionar su propia valía y lo sumerge aún más en el bucle de odio en el que estaba atrapado.

De ser un chico a encontrarse como hombre
A pesar de los desafíos que enfrenta debido a su homofobia y a la desconexión familiar, Edmund encuentra consuelo y apoyo en la comunidad LGBTQ+ en su traslado a Nueva York, relación que es profundizada en La Hermosa Habitación está Vacía.
Ahora Edmund tiene 17 años y asiste al internado de Eton, donde conoce a María, una artista de la que prefiere enamorarse perdidamente a admitir su homosexualidad, ya que, tal y como dice en el libro: “los tres crímenes más atroces conocidos por el hombre eran el comunismo, la heroína y la homosexualidad”. Tal y como se vio en su libro predecesor, la homofobia sigue siendo un tema latente en el corazón de Edmund, solo que, esta vez, se ha transformado en algo más.
La Hermosa Habitación está Vacía es un increíble estudio sobre la situación homosexual del siglo XX. Mientras que en Historia de un chico podíamos sentir las vivencias del narrador, esta vez su mundo es el verdadero protagonista, pues se encuentra en un mundo cambiante. Se ha rodeado de personas homosexuales. Su terapeuta jura que existe una cura para él. Las revistas exhiben el “estilo de vida homosexual”. Hay bares gays reconocidos. Rompe corazones, pero también le rompen el corazón. La Hermosa Habitación está Vacía es mundana, y eso es lo que la hace especial.
Aún hay un telón casi invisible en lo que Edmund quiere contar, pero cada vez se va aclarando más. Hay un crecimiento en el narrador, y por fin tiene un apoyo externo en el que poder reflejar sus inseguridades.
Un vistazo al abismo de las relaciones platónicas
La novela ofrece una exploración de las relaciones amorosas. A través de la introspección, White nos permite adentrarnos en la psicología de los personajes y conocer la lucha interna, todo esto en un retrato auténtico de la vida queer del siglo XX.
Especialmente llama la atención su relación con María, la cual es lesbiana pero también está dispuesta a renunciar a su homosexualidad. A medida que se desarrolla la novela se descubre que su relación con Edmund White es puramente platónica, y que, de hecho, funcionan mucho mejor como amigos que como amantes.
También se recoge el que podría ser el segundo enamoramiento de Edmund; Sean. Desde que aparece en la vida del protagonista, se deja claro que lo que está despertando en él es el puro amor. Sean es un hombre atractivo que aparece en el “peor momento” de la vida de Edmund, pues se culpa a sí mismo por haber engordado, y siente culpa por sentirse atraído por un hombre tan guapo como Sean… hasta que deja de sentirse culpable por algo así, pues comprende que él también tiene derecho a amar.
Sin embargo, a medida que avanza la narrativa, la relación se llena de turbulencias. Sean lucha contra su identidad y sus problemas emocionales, y acaba dejando a Edmund por su negativa visión sobre el amor. Es justo en el momento de su ruptura que se retrata otra de las cuestiones de la novela, pues Sean acaba con un leñador que describe como “un hombre que no parece gay”. Esto lleva a Edmund a pensar que, después de todos sus esfuerzos, él ha terminado siendo “demasiado gay”. Y para el Edmund de Historia de un Chico, esto hubiese sido inaceptable. Pero para este Edmund, no.
“¡Ha muerto Judy! ¡Ha muerto Judy Garland!”
El levantamiento de Stonewall fue un evento histórico que tuvo lugar en junio de 1969 en Greenwich Village, Nueva York. Fue un punto de inflexión en el movimiento de liberación gay y es considerado como el catalizador del movimiento moderno de los derechos LGBTQ+. En la novela, Edmund lo vive en primera persona, y supone un punto y aparte en la historia de nuestro protagonista.
En ese momento, la comunidad LGBTQ+ se enfrentaba a una intensa discriminación por parte de la sociedad y las fuerzas del orden. Los bares frecuentados por la comunidad gay eran objeto de redadas policiales regulares. En la novela se especifica que uno de los bares gays que frecuenta Edmund White tenía ciertas normas: los hombres no podían estar en grupos de más de tres sin al menos una mujer presente, los hombres que iban en pareja se les negaría la entrada, y el sitio podría cerrarse por apelar al “tipo equivocado de clientela”.
Es justo en la redada del bar de Stonewall Inn donde empezó la resistencia. Edmund se ve rodeado de luchadores que exclaman “¡Lo gay es bueno!” y comenzaban a enfrentarse a la policía. Lou, uno de los amigos más íntimos de Edmund, lo define como “su verdadera toma de la Bastilla”, pero Edmund finaliza la novela mencionando que no se pudo encontrar en la prensa ni una sola mención al que fue “el punto de inflexión de sus vidas”.
Descubrirse en un laberinto interior
Es tal vez por su intrépido final, lo que da una esperanza de cambio hacia la tercera novela, aún no traducida al español. Mientras que la primera novela trataba sobre el odio y la segunda sobre la aceptación, la tercera podría tratar de la liberación.
Las autobiografías de Edmund White son una obra maestra literaria dignas de elogio. Mezclada en metáforas, detalles, experiencias y sentimiento, White nos presenta una visión honesta y extraordinaria de su vida, desnudándose para mostrar al lector un testimonio apasionante. Sin embargo, no es una lectura recomendable para alguien que acaba de descubrir su sexualidad. Sobre todo, la primera novela, donde la homofobia es tan marcada que tan solo una persona que ya ha pasado por esa etapa la puede reconocer bien.
La sinceridad en sus líneas es un tributo a la fuerza del espíritu humano, una obra excepcional, una lectura imprescindible para los amantes de “las novelas en las que no pasa nada” (pero en realidad, sucede todo).


