Acantilado amplia su colección de escritos de Lev Tolstói con dos relatos que evidencian su pasión por la música.
La editorial Acantilado recopila en este volumen dos relatos de Lev Tolstói que condensan su mirada hacia la música, su mirada hacia el mundo. Dos textos escritos en 1857 y 1858 —hace más de 150 años—, cuya publicación nos recuerda la vigencia de Tolstói, y el buen tino de Acantilado a la hora de recuperar obras del escritor ruso. Vayamos por partes.
Lucerna es el resultado de una experiencia que conmocionó a Tolstói durante un viaje, una experiencia que se repite cada día alrededor del mundo. En el cuento sucede en el Hotel Schweizerhof —un lujoso hotel en Suiza—, hoy en día sucede en los vagones del metro y en las grandes avenidas de las ciudades. Un músico toca un instrumento y canta mientras decenas de personas le miran y le juzgan, se ríen y se emocionan, le graban y, al terminar, le aplauden. En ese momento, aprovechando la euforia que ha provocado en su público, el músico toma su gorra, o la funda de su guitarra, y se acerca a los que le aplaudían. Ellos, a toda prisa, publican el vídeo en Instagram, guardan sus móviles, y miran para otro lado:
El 7 de julio de 1857, en Lucerna, frente al hotel Schweizerhof en el que se hospeda la gente más rica, un miserable cantor ambulante pasó media hora cantando canciones y tocando la guitarra. Cerca de cien personas lo escuchaban. Tres veces pidió el cantante que le dieran algo. No hubo nadie que le diera nada, y muchos se rieron de él

El cuento —narrado en primera persona— invita a reflexionar sobre la distinción de clases (“¿Por qué en el vestíbulo, cuando estoy solo, hace una humillante reverencia y ahora, como me encuentro en compañía de un músico ambulante, se sienta groseramente junto a mí?”), sobre la vocación poética del hombre y la labor de los artistas (“Éste es el curioso destino de la poesía (…). Todo el mundo la ama y la busca, es lo único que se busca y se desea en la vida, pero nadie reconoce su fuerza, nadie aprecia este bien supremo del mundo, nadie aprecia ni agradece a aquellos que lo ofrecen a los hombres”), y, cómo no, sobre la música.

En Albert se cuenta la historia de un genio desquiciado, un hombre alcohólico que necesita la bebida para despertar su genialidad. Albert es un músico con un pasado exitoso que se pasea por las fiestas de la alta sociedad como un entretenimiento para los aristócratas. Los pasajes en los que Tolstói describe lo que despierta la música en sus personajes son memorables, y el cuento sirve de homenaje a los artistas fracasados:
En el arte, como en todo combate, hay héroes que entregan todo a su servicio y que pierden la vida sin haber logrado su objetivo

En ambos relatos, el peso de la trama recae sobre un aristócrata y un músico empobrecido —el Príncipe D. Nejliúdov y el músico ambulante en Lucerna, Délesov y Albert en Albert—. Tanto en Albert como en Lucerna, el poderoso se compadece del pobre que no pide su clemencia, ni la necesita. Estas figuras antagónicas son, en realidad, dos caras de la misma moneda, dos etapas de la vida del autor ruso. Lev Tolstói nació en una familia de aristócratas, rodeado de lujos y extravagancias, y acabó viviendo retirado en una granja donde subsistía con lo mínimo. Comenzó su vida como el Príncipe D. Nejliúdov y Délesov, entre hoteles y cuellos almidonados, y la terminó como el músico ambulante y Albert, entre paja podrida y literatura.


