La tercera joya de ‘La Mina del Podcast’ es Hechos Reales, un podcast donde se cuentan historias que parecen de ficción, pero que sucedieron de verdad
El 13 de enero de 1999, Michael Jordan anunció que con un 99% de posibilidades se retiraba definitivamente del baloncesto. Un par de años después, ese 1% restante se materializó y regresó a la NBA, pero esta vez con la camiseta de los Wizards. Un servidor nace un par de semanas después del anuncio de su falsa retirada por lo que no llega a coincidir en este mundo con Jordan vestido con el rojo de los Bulls. Maldita suerte la mía.
A pesar de este pequeño infortunio, a pesar de este mal timing, Jordan está entre mis deportistas favoritos; o mejor, entre mis personajes favoritos de todos los tiempos. Todo lo que le rodea me fascina: el documental The Last Dance, las películas Space Jam y Air, las zapatillas Air Jordan, la canción Sirius con la que salía a la cancha, sus anuncios con Nike, su silueta suspendida en el aire. Lo último que me ha hecho vibrar, lo que me ha llevado a escribir una nueva entrada para esta Mina del Podcast es la historia de cómo un grupo de directivos soñaron con traer a Michael Jordan a Madrid para jugar en el Estudiantes.
La historia es fascinante para todo amante del deporte, para todo amante de la épica en realidad, pero lo que la hace memorable es la forma en la que la he conocido. Todo ha sido gracias a un podcast, gracias a Hechos Reales. Hechos Reales es el podcast donde se cuentan historias que parecen de ficción, pero que sucedieron de verdad. La producción de todos y cada uno de los episodios es brillante. Desde la selección musical —mención especial al final del episodio El sueño de Jordan con Wings de Macklemore— hasta los efectos de sonido, pasando por los invitados —icónicos José Manuel y Carlos en el episodio de la llegada a la Luna— y por los audios de archivo —pelos de punta al escuchar la narración de la última canasta de Jordan en los Bulls con la voz de Andrés Montes—.
En un momento en el que cualquiera con un micrófono puede lanzarse a grabar un episodio, son dignos de reconocimiento todos aquellos que planifican, preparan guiones, diseñan portadas, editan, retocan y miman todos y cada uno de sus episodios hasta el último detalle; Hechos reales es un ejemplo de todo esto y no es casualidad que TrueStory, el estudio que produce el podcast, ya cuente con premios Ondas por otras de sus producciones. Recomiendo todos y cada uno de sus episodios. Especialmente emocionante, quizás incluso más que el episodio de Jordan, es el episodio titulado Medio Segundo que narra la historia de Fresnedillas de la Oliva y su base de la NASA, y de cómo unos españoles escucharon antes que nadie la llega del hombre a la Luna. Otros episodios reseñables son Menéndez —la historia de un abogado de oficio que acabó rodeados de poder y lujo— y La Torre —acerca de aquellos que se dedican a moderar los vídeos que no queremos ver desde la torre Agbar en Barcelona—, pero volvamos a la historia de Jordan.
Tras el título de la NBA en 1998, la liga se suspende por el conocido Lock Out, un desacuerdo entre los jugadores y los dueños de los clubes que hace que el inicio de la liga se retrase durante meses. Llegados a un punto de máxima tensión, el responsable de la liga pone una fecha límite: el 6 de enero de 1999. Si no se ha llegado a un acuerdo para entonces, la liga quedará suspendida. Es entonces cuando dos jóvenes directivos de Adecco, patrocinador del equipo Estudiantes, ponen en marcha una operativa para fichar a Michael Jordan. Deciden destinar todo el presupuesto de marketing de la empresa a un contrato único: 18 millones por 5 meses. No contentos con eso, hablan con Severiano Ballesteros para pedirle que vaya a jugar al golf con él, consiguen el contacto del agente de Michael… Todo queda pendiente de una decisión: que no se llegue a un acuerdo antes del 6 de enero.
Y si… Quizás las dos palabras que han despertado las más geniales ideas. Y si al final no se llega a un acuerdo. Y si a Jordan le atrae la historia de Estudiantes. Y si mejor dejo de contar la historia, y le dejo a usted, lector, que la escuche. Disfrute.


