Hablamos con Luda Merino, la autora de la obra autobiográfica en la que cuenta su historia, mujer de 23 años que narra su testimonio y da luz sobre la adopción.
Ella lanza en la contraportada las preguntas que hicieron que este libro surgiese «¿Por qué me pasa esto a mí y a los demás no? ¿Por qué soy diferente?». De manera revolucionaria, es uno de los primeros libros publicados en España escrito por una persona adoptada narrando la historia de su adopción. Dirigida a que otros adoptados lo lean, esta obra busca que todos estos niños puedan identificarse y no se sientan solos. Aún así, para cualquier persona que lo lea, le cambiará la perspectiva sobre la adopción.
La reacción de los lectores
P: La introspección que has tenido que hacer para poder escribir tu historia me parece admirable porque a mí me ha cambiado tu libro de verdad. No me puedo imaginar lo que puede producir a una persona que ha vivido lo que has vivido tú, y por esto en concreto quiero empezar la entrevista. ¿Cómo estás sintiendo la acogida del libro por parte de los lectores?
Luda Merino: Padres adoptivos, niños adoptados, familiares de ambas y luego gente un poco de todo que sencillamente eran a lo mejor seguidores míos y les ha interesado. Pero los que más me interesan son los del mundillo porque al final son los que te hablan para preguntarte y contarte sus historias. Me cuentan: «ahora entiendo por qué tal cosa ocurría». Para mí son cosas tan obvias, pero cuando las ves desde fuera, si no tienes ni idea, dices, a este tío no le va la cabeza. Cuando la gente me dice que se acaba de enterar ahora. Incluso padres que su hijo ya tiene 20 años y me sueltan que acaban de saber ahora porqué de niño le pasaba esto. Hay cosas que no puedes hacer nada por ayudar, pero al menos entenderlas. Y cuando lo leen y se lo plantean, ya tiene sentido.
P: ¿Podría preguntarte, si ha habido algo que te haya dicho alguien, sobre tu libro o sobre su propia historia, que te haya sorprendido?
L. Merino: Creo que lo que más me impactó, pero no fue por el libro sino la primera vez que fui a un programa de televisión, el La 1 además, por todo lo alto. Era un debate sobre tema de traumas y yo conté lo que podía contar, además con la poca soltura que tiene alguien por primera vez en televisión, al final impone, y era un programa que yo admiraba. Hubo una persona que me dijo: “Joder, he tenido dos intentos de suicidio e iba a hacer el tercero, pero te he escuchado y ya no lo hago.” Eso no se me olvida.
P: ¿Cómo crees que la falta de comprensión, por mucho que sí que haya amor, impacta negativamente en personas adoptadas?
L. Merino: Cuando a ti te pasa algo y sientes que los demás no te entienden, ¿cómo vas a ayudarme si no sabes siquiera porqué me están pasando las cosas?, y sobre todo porque tú no lo has vivido. Claro, mi madre a veces me decía “yo te entiendo” y yo pensaba “me está mintiendo a la cara”. Al final, es como lo que cuento en el libro con la película y mi reacción. Fue algo instintivo, sin pensarlo. Ese sentimiento solo lo va a entender alguien que lo ha vivido, porque es super angustiante. Y claro, ¿cómo va alguien que no lo ha vivido, a decirme que te entiendo, si nunca lo ha pasado? Por eso cuando yo menciono a la psicóloga que era adoptada también, me dice “te veo” como en Avatar, sentí que sí que era real. Siento que solo una persona adoptada me puede decir eso, porque sí que sabe lo que estoy sintiendo.
Desglosando distintas secciones del libro
Tu libro cuenta tu historia, pero se puede extrapolar a las historias de otros muchos niños adoptivos. Quiero hacerte alguna pregunta sobre cosas que tratas en el libro.
P: En la parte del abandono, sí que destacas cómo puede una acción normal de un niño, de cambiar de grupo de amigos, por ejemplo, puede hacer que la persona en cuestión, en este caso tú, reacciones diferente a como otro niño reaccionaría.
L. Merino: Sientes que te dejan porque tienes algo que hace que no te quieran. Yo quedaba con amigos y me decían que tenían que estudiar. Una de las vecinas que menciono en el libro, a ella le costaba mucho estudiar y me decía: «Estoy estudiando». Y yo: «¿toda la tarde, no tienes dos horas para bajarte aquí?» Yo me acuerdo de que los planes cambiaban en el último momento, y yo me enfadaba porque para mí era: no soy lo suficientemente importante para ti. Yo ahora le entiendo, que ella tenía sus circunstancias, pero claro, yo me enfadaba con ella.
P: ¿Crees que se podría hacer algún tipo de ejercicio de concienciación hacia niños para niños, para que entendiesen estas reacciones?
L. Merino: El problema de los niños es que no son conscientes y claro eso es un problema muy complicado. Porque cuando tú estás viviendo algo, te la suda todo, no en plan mal, somos simplemente niños. Yo a día de hoy entiendo que esta chica estaba estudiando, que le costaba. Para ella tenía todo el sentido, no me entra entonces lo tengo que empollar más. ¿Cómo le explicas esto a un chaval? Cada vez que me dices que no quieres quedar conmigo, yo me siento abandonada. Salvo que lo hayas vivido tú. Es algo muy abstracto, pero por eso muchas veces los niños que más han sufrido son los más empáticos, son los que son capaces de decir, he estado en tu piel.
L. Merino: Esto les pasa mucho a los niños adoptados. Yo me ponía fatal, a veces incluso si veía que los padres estaban regañando a un niño, probablemente justificada y otras no, a mí me daban ganas de enfrentarme a los padres. Para mí lo único importante es que el niño está llorando, el resto me da igual. Alguna vez en sido un poco cafre con este tema. Me acuerdo de una vez que estaba en un bar, había un niño revoltoso de 3 o 4 años llorando, yo mirándole, y me mira el padre y me dice: «no si no tienes que vigilarle, que es nuestro hijo». Y le dije a la cara: «no lo vigilo a él». Tendría yo 14 o 15 años, para mí tenía todo el sentido del mundo, yo veía al padre haciendo gestos que parecía que le iba a dar, no le dio al niño en ningún momento, pero yo me lo planteaba. A día de hoy me sale, el instinto de protección. Me ha pasado en alguna entrevista, de repente oír un niño y desconectar. Intentar escuchar qué está pasando, me saca mucho de la situación. Yo me pongo como alerta. Tú lo has pasado mal y no quieres que le pase a otras personas, supongo que vendrá de ahí. Es un tema muy complicado, esto me ha hecho tener enfrentamientos con padres y con gente que no conocía. Incluso me pasa con bebés, de manera irracional. Los recién nacidos lo único que pueden llorar, su mecanismo para comunicarse son distintos tipos de llanto. Mi cabeza es: está llorando, tengo que avisar a los padres. Supongo que será un poco como que a mi no me atendían rápido y para mí es como, atiéndele por favor, que si no acabará como yo.
P: Para mí una de las partes fundamentales de tu historia es el colegio, el concepto de aula donde educan y donde encontramos a profesores. Hay muchos casos de acoso escolar y parece, y los niños adoptados suelen ser los peores parados. Es un objetivo fácil por la falta de comprensión hacia lo que le está ocurriendo internamente a ese niño. ¿Cómo crees que esto se puede atajar en el colegio? ¿Cómo se puede proteger a cualquier niño que sufra acoso escolar?
R: Yo ya he llegado a la conclusión de que con el bullying nadie te hace ni puto caso hasta que llega un padre o una madre y te dicen: te voy a meter en el juzgado. Hace poco me contó, no voy a decir quien, una persona que yo conozco. A su hija a los 5 años le empezaron a hacer bullying y me decía, yo fui de buenas una primera vez, una segunda vez, y no lo solucionaban. Mi hija llegaba del cole llorando todos los días. A la última que fui les dije que como no lo solucionaran les iba a traer a mi abogado. Y ahora sí, lo han solucionado. Si no atajas por ahí parece que, de igual todo, que nadie va a hacer nada. Hay muchos niños que no quieren ir al colegio, pero a mí me encantaba aprender de hecho, creo que la etapa escolar me salvó el hecho de que soy un mono curioso. Porque la mayoría de los niños lo que pasa es que no quieren volver al colegio, porque les han quitado la parte social, como es lógico. Pero yo lo que exigía era que echasen del colegio a los que se meten conmigo. Tenía todo el sentido del mundo, porque si la fuente del problema es ellos, los que se tienen que ir son ellos.
P: ¿Crees entonces que no beneficia en nada el cambio de centro para una persona que sufre bullying?
L. Merino: A un amigo le cambiaron tres veces y las tres veces le hicieron bullying. He conocido más casos de niños a los que han cambiado 5 veces y las 5 veces les ha pasado lo mismo. Cuando tu eres el bicho raro, eres la fuente de bullying. Si eres el que destaca van a ir a por ti. Yo aún así lo decía, de pequeña les decía, «cuando sea mayor me van a conocer, voy a ser alguien importante«. Y no sé cómo, pero ha tirado y aquí estamos. Es cierto que en mi caso, les tenía un cariño muy especial a los profes del centro, entonces cuando mi madre me lo planteó, que me lo planteó varias veces, yo decía siempre que no. Porque todos los profesores a los que yo quería estaban ahí. Pero como no era algo tan bestia, como que te pegasen una paliza, no podían echar a los que me acosaban. Solamente salta el caso de bullying cuando le pegan una paliza a alguien, pero está claro que una paliza no es lo primero que se hace, la paliza viene al final, viene precedida de inultos, burlas, de estar solo. Para mí primero fue Luda Peluda, luego fue marimacho, que no me comportaba como una chica. Su argumentario era que me gustaba jugar a los policías y que yo hacía kárate. La señora que se llevó el oro aquí en España es una mujer.
P: ¿Has vuelto a tener contacto con alguna de las personas que te acosó?
L. Merino: Me contactó una de las chicas que a veces participaba, que sí se metía conmigo, malmetía. «Primero, he leído el libro, perdóname». Se me disculpó y realmente noté que era una disculpa sincera. Esta chica ahora es educadora social, se dedica a intentar que no ocurra. Ella lo sufrió y lo hizo. Pero el caso es que me cuenta en una llamada, que yo le dije que yo sentía que en clase nadie me quería que siempre ocurría algo para no estar conmigo. Y su respuesta fue: «¿es que no lo sabes?» Había una especie de complot para que nadie estuviera contigo. Estos tres chicos que comento en el libro lo organizaron. Ella me contó que le gustaba uno de ellos, y que para poder estar con él no solo yo tenía que caerle mal a ella, sino que además ella tenía que malmeter para que a más gente yo le cayese mal. La aceptación social, pasar por el aro, todo se basa en eso. Aún así también, he vuelto a encontrarme a uno de los 3 que menciono en el libro que se metían conmigo. Yo tenía unos 19 o 20, y me miró como si yo tuviese la peste. Me miró como me miraba cuando estábamos en el colegio. También, uno de estos tres, me entró por Instagram como diciéndome que me había visto en la televisión ¿Con qué puta cara ocurre esto? Y al cuarto que menciono en el libro más adelante, sí que me lo crucé una vez en la calle y se disculpó. Realmente sincero. Y yo le he perdonado porque sabe lo que hizo mal.
P: En cuanto al trastorno de apego mencionas esa necesidad de estar en contacto siempre. ¿Cómo lo vives a día de hoy?
L. Merino: Mira yo hace poco lo hablaba con uno de mis amigos, él es muy cariñoso, muy de abracitos, lo quiero muchísimo. Claro, yo ahora soy menos de abracitos, yo antes me agarraba a cualquier persona, empezaba a tirar y acababa pegada. Cogía el dedito y acababa encima del profesor. Él nunca me llegó a conocer así, pero me dijo, ojalá conocerte así. Y mi respuesta fue, que ya no tener eso así, comportarme así, es bueno. Significa que ya no tengo esa falta de cariño. Sigo siendo muy cariñosa pero ya no es ese exceso, era hasta cómico, yo estaba pegada a la gente. En realidad, es bueno que se me haya ida, ya no tengo esa falta de cariño tan bestia que hacía que me pegase literalmente al primero que pasa, soy selectiva.
P: Algo que genera mucho miedo e incertidumbre, tanto a los niños como a los padres adoptivos, es la búsqueda de los orígenes. Y en tu libro lo retratas perfectamente, no hay obligación ni de buscar ni de no buscar. ¿Qué le dirías a una persona que siente miedo por buscar sus orígenes, como si estuviese rechazando su nueva realidad?
L. Merino: Yo le diría a esa gente, nosotros cuando queremos buscar, si tenemos esa necesidad de buscar, es una necesidad como otra cualquiera y punto. Quieres completar tu historia de vida. Y es que esa gente, la mayoría de las veces, cuando los conoces, no significan nada. Sencillamente son tu historia. Para mí, esa gente no es familia, no se han criado conmigo. Son mis primos de sangre y ya está, lo único que comparto con esa gente es ADN. A mí me ayudó a completar mi historia de vida. Sencillamente quería saber porqué estoy dónde estoy. Quiero saber de dónde vengo, qué pasó conmigo en los años previos, porque yo antes de esto no estaba aquí.
P: Me preocupa mucho la poca conciencia que hay de manera generalizada sobre las situaciones en los orfanatos. Muchas veces no se entiende que, si se somete a un niño desde su nacimiento a una falta de protección, de alimentación, de amor…eso va a suponer un retraso de desarrollo personal y emocional muy fuerte. ¿Por qué crees que no se habla lo suficiente de esto? ¿Por qué crees que este tema no está en la mesa de debate?
L. Merino: Yo creo que es porque está muy idealizado el tema. Mira, yo de esto me acuerdo de que, una vez hicimos un debate cuando yo tenía 16 años, sobre el aborto. Un chaval dijo que no hacía falta que abortase la mujer, que podía dar en adopción al niño. Y yo le pregunté si sabía lo que implicaba dar en adopción. Punto número uno, dar en adopción significa abandonar. Esto ya te afecta cuando eres un bebé. Y lo segundo, los orfanatos no son lo que piensas que son. Son un centro donde los niños más o menos salen a delante, en algunos sitios mejor y en otros peor. Yo tuve suerte con el mío, pero yo sé de otros sitios en Rusia que dan miedo. Donde hay niños que beben alcohol, se pelean, cosas muy bestias. Un orfanato es una institución donde tú estás a la espera de que te puedan adoptar, si es que tienes esta suerte. Además, no son solo las instalaciones, también el hecho de si tu tienes cinco cuidadores y 35 niños, tú no das. Obviamente si un niño está llorando porque le duele algo, como les ocurre siempre a los bebés; y tienes otro al lado que se ha hecho caca encima. ¿A quién vas a atender primero? Obviamente al segundo. No es como tener una familia. Yo tenía un retraso en el habla porque probablemente no me hablaban. Entonces claro, yo nunca aprendí a hablar hasta que llegué aquí y aprendí directamente español. Hay una serie de recursos y es así. Por eso se intenta que se adopte a los niños lo antes posible, para evitar esto. Y aquí tienes la prueba, adoptar a un niño con tres meses, o con tres años como vine yo, que adoptar a un niño de ocho años, que vienen con auténticos jaleos en la cabeza, yo he leído cada cosa terrible. Porque claro han vivido cada cosa que igual tú no eres capaz ni de pensar que lo hayan vivido.
P: A día de hoy, después de todo el trabajo que has hecho, tanto individualmente como con psicólogos y tu familia, ¿cómo crees que has evolucionado con el tema de la disociación? Creo que es uno de los términos casi desconocidos en las conversaciones habituales de adopciones, y sinceramente una de las partes más interesantes que narras en tu libro.
L. Merino: Es algo desconocido. Casi todos los artículos que hay en internet son a raíz de lo que conté yo. De hecho, solo hay un artículo previo de cuando yo lo conté, que es la psicóloga por la que yo lo supe, Montse Lapastora. Si tú buscas disociación de los niños adoptados, te sale todo con mi nombre. Es con la que yo supe que esto se llamaba así. Yo a día de hoy ya no lo tengo, lo perdí a los 15 años. Ya a los 18 fue cuando descubrí que esto se llamaba así. Supongo que probablemente lo desarrollé en el hospital porque estuve 8 meses al nacer.
P: El otro día leí una noticia. Te la leo. “Agencia EFE. Las adopciones internacionales en España siguen descendiendo hasta los 153 niños en 2023, menos de la mitad que antes de la covid -cuando fueron 375- y muy lejos de las cifras de hace una década que rozaban los 1.200 menores o de los más de 3.000 del año 2000.” ¿Cómo podríamos concienciar a día de hoy de la importancia de las adopciones? ¿Crees que está tan politizado que no podemos hacer nada como ciudadanos para concienciar al mundo?
L. Merino: A ver, el tema es que en general la maternidad en España ha bajado una barbaridad. Y muchas veces es, para estar esperando 3 años a que me den a un niño, en el mejor caso 3 años en el peor caso 7 u 8 años, para que voy a estar esperando si puedo hacerlo con mi pareja. Claro es un tema complicado porque yo por ejemplo no concebiría ser madre si no es por adopción, creo que hay muchos niños que no tienen padres, el tener un hijo que no sea haberlo adoptado para mí sería como una cosa egoísta. Que hago yo trayendo al mundo un niño, cuando además yo sabiendo lo que es, he estado en esa situación. Pero claro todo esto está unido a la concepción de maternidad, esto ya va con cada uno.
Sin duda, este libro: No lo entenderías – Mi historia de adopción, debería ser obligatorio para una comprensión real de las adopciones. Hemos de entender qué está viviendo la persona de al lado para poder ser responsables afectivamente. Y con las palabras de Luda Merino sin duda podemos.
Creo que es un antes y un después en los libros que necesitamos. Sí son muy importantes los libros para padres adoptivos, pero necesitamos más libros dirigidos a los niños. Es importante que todos puedan entender que no son los únicos que se sienten así, y muchas veces es más sencillo si conseguimos darle nombre a lo que nos pasa. Entre otros muchos ejemplos, Luda consigue enseñarnos a todos sus lectores el concepto de la disociación en el ámbito de la adopción. Y saber esto, puede cambiarle la vida a muchas personas, es decir, leer este libro puede cambiarle la vida a muchas personas.


