La ganadora del Premio Casa de América nos presenta la «pesadilla americana» en su obra premiada
Andrea Cote, poeta, ensayista y profesora colombiana, recibió el jueves pasado el XXIV Premio Casa América de poesía americana por su obra Querida Beth. Este logro ha marcado definitivamente su carrera, como la misma autora confiesa en una entrevista con El Generacional. La escritora ha recibido varios logros a lo largo de su carrera; el más reciente en España fue el International Latino Book Award a la mejor antología poética (2020), pero declara que este es especial.
Un logro como latinoamericana y mujer
«Para mí, es muy importante por dos razones: admiro profundamente el premio Casa de América por los ganadores anteriores. Tiene una antología deslumbrante que representa a Latinoamérica. Y en segunda razón, por ser un tema personal. Es la historia de una mujer migrante que refleja la importancia de la escritura para reparar las promesas rotas de la realidad. A pesar de que la realidad del inmigrante sea una realidad de ser llevado al olvido, la escritura da la posibilidad de que las cosas permanezcan».
Además del orgullo por su país de origen, también lo tiene como mujer. «Las mujeres siempre escriben como si no se les fuera a escuchar, citando a Alice Notley. La poesía permite a la mujer recuperar un territorio simbólico sobre su propio cuerpo». La autora es plenamente consciente de que, a lo largo de la historia, la figura femenina ha sido sólo un objeto de deseo y contemplación. En su país de origen, Colombia, suceden a diario un elevado número de crímenes contra la población femenina, por considerarlas como propiedad. «Hay quienes aún piensan que el cuerpo de la mujer no es su propiedad, sino de los hombres.» Por ello, observa la escritura como un medio en que la mujer se permite pasar de objeto a sujeto. Con sus versos honra a un familiar suyo, la tía Beth, cuya vida injusta denuncia entre las páginas de este poemario.
Un homenaje a la tía Beth
Andrea Cote es una orgullosa colombiana que lleva residiendo en EEUU desde hace ya 17 años. Ella llegó por una beca de estudios, y su experiencia difiere profundamente de la de muchos migrantes, como su tía Beth, cuya vida trágica inspiró esta obra. «A mi tía desde pequeña le vendieron que el amor es la razón para transformar la vida, y encontrar el amor es descubrir el Santo Grial«. Por desgracia, cuando por fin la encontraron marido, la mujer descubrió que la experiencia no era nada como ella se lo había imaginado.
Beth, como muchas otras mujeres migrantes de su generación, fue víctima de unas promesas rotas de una vida mejor en el extranjero, alejada de la realidad. Como ella, muchas llegaban inadvertidamente a un espacio gobernado por la precarización. El hombre siempre contaba con una clara ventaja, conociendo el idioma y con mayores derechos que su ahora esposa. Andrea señala cómo la pérdida de identidad es uno de los aspectos más duros de la migración; «lo primero que hacen es quitarle su apellido, que es su herencia«. En esta condición tan delicada, sin posibilidad de regresar por tener ya un hijo que le «pertenecía» a EEUU, Beth adoptó un nuevo Dios, «el Dios de todos los inmigrantes»: el trabajo, su única seguridad.
«Escribir contra el asilo escribir en lugar de ser pobre escribir para no cocinar para no dormir escribir para el olvido»
«La mujer regresa a la nada»
La historia de Beth, conforme pasaban los años, no hizo más que empeorar. Después de casi 30 años se vio obligada a volver a Colombia, con únicamente una maleta para guardar el hogar que la acogió por décadas. «La mujer regresa a la nada». Y ese es uno de los ejes principales de la obra, y uno de los versos más desgarradores: «tu regreso es a la desaparición», sin hogar ni reconocimiento. Mediante obras como la suya, Andrea espera que con sus palabras consiga acercar problemas que, de otra forma, vemos muy alejados de nosotros. «El libro quiere hacer visible una serie de temas que se repiten y que tienen que ver con estas experiencias particulares». Entre sus estrofas, se refleja uno de los efectos más crueles de la emigración: la pérdida del legado material, cultural y personal. «Se pasan la vida entera como fantasmas. A veces ni siquiera les miran».
«Tan dulce es la infancia de esas mujeres como fatigoso y ruin su futuro»
Una autobiografía por encargo
Andrea descubrió, muy sorprendida, que la historia que estaba contando reflejaba a su vez la suya propia. Como madre de un hijo americano, siempre se ve obligada a reflexionar sobre su papel en la familia, y cómo afecta su situación la identidad de su hijo. «Tengo un hijo americano. Beth pensaba que sus hijos pertenecían a EEUU. Y yo me planteo de quiénes son los míos. ¿De dónde son? ¿Cuál es la lengua materna? Por lógica, es la mía, pero yo no puedo maternar sino entro a la lengua de mi hijo.» Al igual que Beth, la autora se plantea tener que estar es una escenario precario, por la familia, por los hijos.
Sus preocupaciones no han hecho más que aumentar con el cambio político por el que atraviesa EEUU. Las ambiciones de Donald Trump, que amenaza la 14ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, se ciernen como amenaza a la estabilidad de la autora y su hijo. «El presidente de EEUU ha intentado aprobar una ley mediante la cual haber nacido en el país no es suficiente para ser ciudadano. Un juez lo detuvo por ser inconstitucional». Pero movimientos como esto, hacen resurgir sensaciones que ya son familiares para muchos inmigrantes.
«Cuando miro a América
en la cara de Don
la veo triste»
Más allá del contenido
Su obra, aparte de lo profundo de su mensaje, también ha sorprendido por su forma. Andrea admite que hubo inicialmente dudas de cómo iba a desarrollar este proyecto. «Yo era muy allegada de la música, el verso endecasílabo y la estructura un poco más tradicional. Cuando empecé a escribir, pensé, ¿será que estoy escribiendo una bibliografía? Me planteé la prosa por un momento. Pero cuando traté de llevarlo a cabo, me di cuenta de que yo quería contar esta historia de la misma forma que ella me lo contó a mí, y basándome en cómo la percibí, entre imágenes y silencios«. Para este formato, la poesía era perfecta, respetando lo que no sabía y ayudando a explorar las complejas dimensiones de esta historia.
Uno de los rasgos más característicos del estilo es el continuo uso de refranes, siguiendo la forma típica de hablar que tenía Beth. Un homenaje muy personalizado que, por desgracia, no pudo ver con sus propios ojos su tía. «Querida Beth» fue todo un reto para la autora justo porque no es sólo su historia, sino la de muchas mujeres más. Este proyecto la obligó a salir de su zona de confort, y definitivamente mereció la pena el esfuerzo.

La escritura como una experiencia
Andrea Cote recuerda a aquellos que están interesados en la escritura a mantener el hábito de lectura, y sobre todo, escribir aunque sea un poco cada día. «Hay que seguir escribiendo, porque la escritura es un proceso, no un producto». Recuerda que lo más importante es lo que se descubre de sí mismo y de otros, y no conseguir la mejor novela posible a la primera. «Hay que sentarse a escribir, y que la escritura piense. Escribimos lo que no se sabe, no lo que sí». Incita entonces a valorar la escritura por lo que es: un ejercicio de introspección que, como todo lo que es valioso, hay que tomar con calma.


