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Helena Bonastre y Catalina González Vilar: «Son una mezcla de nostalgia y de gente nueva los que van a confluir en el cómic»

Caperucita en Manhattan, la clásica novela de Carmen Martín Gaite, ahora en cómic

Helena Bonastre y Catalina González Vilar han sido las encargadas de adaptar este clásico en un formato cómic por el centenario del nacimiento de la escritora Carmen Martín Gaite, de la mano de Ediciones Siruela. 

Caperucita en Manhattan

Sara Allen es una niña que vive en Brooklyn con sus padres. Cada sábado, su madre hace una tarta de fresa para llevársela a su abuela, que vive en Manhattan. Sara sueña con esa zona de la ciudad, con ver a la estatua de la libertad, Central Park…

Un día, Sara se va sola desde Brooklyn a Manhattan para darle la tarta a su abuela, y conoce a Miss Lunatic. Ella le enseña cosas sobre Nueva York, sobre la vida y la libertad. Sara vivirá muchas aventuras y descubrirá muchas otras.

'Caperucita en Manhattan' Fuente: Instagram (@siruelaediciones)
‘Caperucita en Manhattan’ Fuente: Instagram (@siruelaediciones)

La escritora Catalina González Vilar y la ilustradora Helena Bonastre nos descubren su nuevo libro, Caperucita en Manhattan, una adaptación de la novela que Carmen Martín Gaite publicó en 1990. Una nueva versión en formato cómic por el centenario del nacimiento de la escritora.

Centenario del nacimiento

Pregunta: ¿Cómo llega este proyecto a vosotras, el crear una adaptación de un clásico como es Caperucita en Manhattan?

Catalina: La iniciativa surge de La Fundación. Hay una Fundación Carmen Martín Gaite, que fundó la hermana de la escritora para preservar su legado. Como este año es el centenario de su nacimiento, para hacer algo especial con la editorial Siruela, pensaron que podían hacer esta novela. Caperucita en Manhattan es muy emblemática entre las de Martín Gaite y también para la editorial, que la publicó desde el principio. Se ha vendido muchísimo. Hay muchísimos lectores y además crea como un lazo, un vínculo real con el lector bastante especial. Les parecía que era la adecuada y además es muy visual. Es ideal para trasladarla a una novela gráfica. Además tiene un lenguaje muy actual y muy fresco. Así surgió.

Buscaban un equipo ilustrador-adaptador. A veces también los ilustradores lo hacen todo, pero en este caso querían alguien que también adaptase el texto, alguien más específico. A través de nuestra agencia, que supo que estaban buscando gente, pensaron «Helena y Catalina pueden hacer un equipo«, aunque nunca habíamos trabajado juntas. De hecho, no nos conocíamos. Nos lo propusieron y dijimos de presentar el proyecto, unas páginas. Y en cuanto nos pusimos a trabajar, desde el primer momento, cuando supimos que era una adaptación de esta novela, dijimos “ostras, qué bonito el proyecto”, pero ya cuando nos metimos a diseñar personajes ella y yo a ver el texto dijimos “queremos que nos lo den”. Hubo muy buena química con la editorial desde el principio, con Ana Laura, que es nuestra editora, y hemos hecho un equipo de tres muy bueno. Seguimos adelante para gran alegría nuestra.

Primeras lecturas

P: ¿Tenéis recuerdos de la primera vez que leísteis Caperucita en Manhattan? ¿Qué significa para vosotras este libro?

Helena: Yo no lo había leído y lo leí por primera vez cuando nos ofrecieron la posibilidad de hacerlo. Me gustó muchísimo y, sobre todo, cuando ya lo leí condicionada de que a lo mejor lo ilustraba, empecé a ver el potencial de las imágenes y a pensar que era un caramelito y que quería hacerlo.

Catalina: Yo sí que lo leí de adolescente. Estaba en casa, o sea que lo debió de comprar mi madre. Me gustó, pero es verdad que se dice de esta lectura que es un libro para muchas edades, con personalidades muy distintas, que haces una lectura a diferentes niveles.

Me quedé con esta sensación de que era un libro peculiar, y es verdad que es una escritura peculiar, con mucha personalidad. Este libro es distinto a lo que yo había leído hasta entonces. Ahora, el volver a él lo he disfrutado mucho y ha sido un redescubrimiento. Estás en otro momento de tu vida, unas experiencias que te conectan con otras cosas que hay en el libro y que te permiten entrever todo lo que también está ahí apuntado. Es un libro que ya estaba en mi vida, pero no sabía que iba a ser tan importante, que iba a volver de esta manera.

El proceso creativo

P: ¿Cómo ha sido trabajar juntas? Porque, como habéis dicho, no habíais trabajado juntas antes. ¿Cómo ha sido? ¿Cómo os habéis repartido las tareas?

Helena: La colaboración ha sido genial desde el primer día. Lo primero, Catalina hizo un trabajo de desarrollar el guion en el que yo no participaba. Pero, una vez compartió el guion conmigo, aparte de que hubo algunas modificaciones por su parte, sí que empezamos a trabajar juntas. Yo hacía unas tres páginas al día. Entonces se las mandaba a Catalina. Me interesaba mucho su feedback también a nivel de la imagen, cómo está contando la historia. Entonces hablábamos muchísimo. Y ella también, a raíz de ver mis dibujos, obviamente cambiaba cosas o a veces decíamos “ostras, la imagen ya habla por sí sola, es como reiterativo el texto”. Es interesante que la imagen tenga un diálogo con el texto, que pase algo distinto. Y siempre estábamos hablando.

Catalina: La verdad que una de las cosas que nos ha encantado, además de que nos encanta el libro, es que ha sido una experiencia superbuena a nivel personal. Nos hemos hecho amigas, así que nos han regalado también eso.

Helena: Y luego también hablábamos mucho, confiábamos la una en la otra a la hora del feedback.

Catalina: Hemos hecho muy buen equipo.

De novela a cómic

P: ¿Cómo fue el proceso de adaptar este libro tan simbólico a un formato más visual?

Catalina: El reto yo creo que era apoyarnos mucho en la ilustración evidentemente, que fuese muy visual, que fuese muy cómic. No caer en la tentación quizás de hacerlo una novela ilustrada, pero a la vez preservar la voz de la escritora y que su forma de escribir tan peculiar y la belleza de sus frases también llegasen al lector. En definitiva, también eso es el cómic. Es encontrar esa dinámica adecuada y no fue tan difícil en realidad.

Fue igual porque nos entendimos tan bien desde el principio y hemos hablado tan claramente las dos de cómo lo veíamos. Eso ha ido encajando bien. Siempre buscando ciertas frases que eran importantes y que queríamos conservar y ciertas imágenes muy potentes que también consideramos que ayudaban. Buscar algún momento de silencio, aunque no hay muchos momentos de silencio a lo largo del libro porque hablan mucho, pasan muchas cosas. Si no son las reflexiones es la voz del narrador.

Helena: En ese sentido fluía mucho. Y creo que entendíamos de la misma manera la historia. Es verdad que luego es un trabajo intenso. Siempre salían cosas nuevas. Sobre todo también a nivel visual. Un cómic requiere mucho tiempo y mucho trabajo. Eso fue, a lo mejor, la gran dificultad.

Simplificar el guion

P: ¿Cómo habéis creado esta adaptación? ¿Cómo ha sido la selección de las partes de la novela original que ibais a adaptar a cómic y de cuáles ibais a prescindir?

Catalina: Una de las cosas es que tienes un número de páginas. Entonces ves claro las escenas que son fundamentales para que se entienda o para que conectes con los personajes. Hay alguna escena que igual puede ser un poco más por capricho, porque te llega más a ti, pero en realidad con el número de página que hay prácticamente todas son esenciales. A medida que vas trabajando, te das cuenta de que alguna cosa la tienes que retirar, pero más o menos desde pronto ya tuvimos bastante clara esa estructura inicial.

Lo que es la historia está clara, pero es verdad que hay vueltas en el tiempo. Eso fue una de las dificultades a nivel de guion. No lo había contado, pero Carmen Martín Gaite, en su novela, avanza, retrocede, y en la novela más o menos queda claro, pero a nivel visual tenías que ver en las imágenes que la niña es más pequeña, más grande, y tampoco había tanta diferencia de edad. Entonces simplificar un poco esas idas y vueltas, uniendo alguna escena para que no fuese tanto salto. Eso fue algo que costó un poquito hasta que vimos exactamente cómo hacerlo. Eso aportó mucha claridad.

Luego a veces ella divaga un poco, habla de otro personaje, y se entretiene en otras cosas. Todo eso se ve bastante claro a la hora de hacer el guion que eso no es importante. Luego hay que hacer sacrificios. Hay alguna escena que es bonita y te permite ver algo de este personaje, pero no cabe porque es más importante otra. Es un proceso bonito y es bonito cómo recortar también esa nitidez que se va consiguiendo y esa claridad.

Cómo va saliendo también ahí. Cómo puedes retirar un pequeño texto porque la ilustración ya funciona suficientemente bien. Eso me ayudaba mucho Helena. Decía «aquí yo creo que no hace falta, podemos cortar esto», «esto me parece que funciona bien así la ilustración». Dar espacio al lector también para profundizar, que no se lo cuente todo el texto. Yo nunca había hecho una adaptación y es un trabajo muy bonito, sobre todo si tienes un texto estupendo.

El límite de tiempo

P: En cuanto a la ilustración, ¿ha habido alguna dificultad en cuanto al color o a algún dibujo que haya costado más sintetizarlo en imagen?

Helena: Lo que me encuentro que me ha costado más es, con el tiempo que teníamos, conseguir ilustrar todo el libro. Al final es que tenemos unos plazos muy claros y tienes unos plazos estrictos. El color es un poco locura. De hecho, me ayudaron dos coloristas que hicieron parte del color conmigo. Yo les daba indicaciones y me ayudaron. Hay un límite de tiempo y yo quería que fuera lo más bonito posible.

También mi estilo no es minimalista. Me gusta que haya muchos detalles y además soy un poco obsesiva con el hecho de que es una obra que pasa en los 80 y que quiero que se vea. Entonces lo que más recuerdo sufrir es que, además, yo no vivo en Nueva York, pero yo quería que, independientemente que esta obra ahora se publique en España, quería que una persona de Nueva York y lea este cómic y diga “esto es Central Park”, “esta es una ventana del estilo de los edificios de Nueva York”, “este es el semáforo de Nueva York”.

Todo eso para mí fue más complicado. Luego, los personajes yo creo que fue más sencillo. Era más fácil cuando dibujaba a Miss Lunatic, a Sara y a la abuela porque son los personajes que más me gustan, entonces siempre es más fácil. Pero sí, yo creo que eso fue una dificultad. El tiempo que tienes, el límite de tiempo.

Una experiencia enriquecedora

P: ¿Se diferencia a otros libros que habéis o ilustrado o adaptado, o como ha sido ese proceso? ¿Ha sido un proceso diferente?

Catalina: Yo no había hecho ninguna adaptación. Ha sido diferente y muy enriquecedor porque profundizas más en la escritura de una gran escritora. El proceso, cada equipo ilustrador-autor, yo creo que encuentra su manera. Va sumando cosas que vas aprendiendo y otras formas, te adaptas. Pero ha sido un poco distinto.

Tampoco he hecho tantos cómics. Pero siempre se aprende mucho trabajando con otra persona. Como mira ella lo que tú has imaginado, cómo lo está viendo. Como, por ejemplo, el trabajo del color. Yo no había visto mucho lo del trabajo del color y, como en el anterior proyecto grande que tuve de cómic lo hizo un colorista aparte, solo vi el resultado. Cómo pensaba ella en una paleta de colores, que son unos cuántos colores, no son colores infinitos, sino el qué quiero para la estética, qué busco en los colores y cómo trabajaba sobre eso. Y el resultado luego de esa reflexión, y cómo iba quedando. Para mí fue superinteresante también.

Helena: Catalina tiene mucha más experiencia que yo en el mundo editorial. Yo al final he publicado dos libros ilustrados, y este es el segundo. Sí que vengo del mundo de la animación y del storyboard, o sea que a nivel de contar historias sí creo que ya también es algo que hace muchos años qué hago. Pero cuando empecé con Caperucita en Manhattan yo seguí a Catalina porque era una guía imprescindible de cómo va armando un libro, cómo lo explicas en un formato cómic. Que, aunque soy lectora de cómic, era algo nuevo para mí. Pero es algo que creo que teníamos que hacer nosotras.

Un visión nueva

P: ¿Creéis que en formato cómic aporta algo nuevo, algo diferente al texto original que con el original se pierde?

Helena: Yo creo que sí. Yo creo que el cómic es más cinematográfico que una novela. Como el ritmo, la parte visual. Y para mí eso ya es una nueva interpretación. Aunque es muy fiel a la obra, es otra manera de acercarte a eso, a esa historia.

Hay muchas cosas que solo puedes explicar con la obra de Carmen Martín GaITE, pero hay cosas que solo hemos podido contar nosotras con el guion y con la imagen.

Porque luego, por ejemplo, Catalina no solo habla de las frases que se incluyen de ella, es que en un guion ella también habla de la secuencia de imágenes que vamos viendo. Y eso es cinematográfico, y es ritmo, y es distinto.

Catalina: Y Nueva York. Que, aunque es descriptiva la novela, aquí la estás viendo. La gente, los edificios. Te acercas de otra manera. Es muy rico en ese sentido. Y luego el placer. Le sumas el placer de la lectura, de esa escritura tan bella que hace ella, de la historia. Lo entretenida que puede ser la filosofía, el placer estético del libro. Es un libro muy bonito visualmente. El trabajo de Helena es un placer verlo. Y es que ves y notas a los lectores que abren el libro y es como “ay la niña”, “mira esta emoción que se ve aquí”, “qué bonita esta escena”. Eso es una maravilla. Sumarlo a algo que ya en sí es superpotente.

Nueva York

P: ¿Cómo fue el diseño de la cubierta?

Helena: Hicimos una propuesta, que Catalina y yo la veíamos clarísima, que era más metafórica. Había una portada original que pensamos entre las dos que era más simbólica de lo que es el cuento de Caperucita en Manhattan. Se veía un bosque, la estatua de la libertad. Yo creo que al final, muy acertadamente en la editorial, nos dijeron “esto no es lo que veíamos”.

Catalina: Hasta ese momento era todo “nos encanta, nos encanta, nos encanta”.

Helena: Y fue como “ostras, aquí no hemos acertado para nada”. De hecho, mi chico me dijo cuando vio el esbozo “pero falta Nueva York, ¿no?”.

Catalina: Yo creo que ahí tuve yo más responsabilidad porque propuse yo ir por ese lado. Lo vi minimalista y ellas lo veían como era el interior.

Helena: Sí, con más actividad, que se viera la estatua, Nueva York… Yo al principio no sabía si me gustaba o no, porque hice bastante rápido la portada. Fue como eso no funciona, venga vamos a hacerlo. Y dije no sé si esto me gusta. Y ahora con el tiempo, ya viéndola muchas veces está guay.

Catalina: Ya no nos lo imaginamos de otra manera.

La libertad en vigencia

P: En el libro hay muchos temas como profundos como la libertad, la infancia… ¿Cómo lo habéis reinterpretado para un público más actual?

Catalina: Pensamos que no hemos tenido tampoco que reinterpretar mucho. En realidad, lo que ella cuenta es muy vigente. Hoy se puede comprender muy bien por distintas edades, con más profundidad o menos, porque lo llevas a tu vida, a tus experiencias y a lo que hay alrededor. La idea de libertad al principio es muy básica en la vida y luego con el tiempo se vuelve mucho más compleja. Y también sabes cuáles son tus miedos y se enriquece todo esto mucho más. Pero lo que había en la novela hoy sigue siendo válido.

Si Carmen Martín Gaite volviese a escribir ahora la novela pensamos en qué reflexiones haría, cómo representaría esa pérdida de libertad, esas amenazas a la libertad que sigue en muchas cosas.

En nuestro modo de vida de hoy en día, que nos da la sensación que vivimos en total libertad y en muchos aspectos es verdad, que podemos sentimos, que podemos ser quienes seamos, que ya están todos los caminos abiertos…, pero luego estamos sacrificando muchas cosas por las pantallas, por las redes sociales. La presión que recibimos de cómo ser, sobre todo la gente joven, de lo que tienes que hacer que hace todo el mundo.

Se pone de moda un TikTok, un reto, y en manada todo el mundo a hacerlo. Que no tiene nada de malo en sí, pero que nos acostumbramos a hacer las cosas en masa. Todo está muy masificado. Las tendencias donde se venden muchísimo la individualidad, el ser tú mismo, pero comprando y haciendo las cosas que masivamente todo el mundo estaba comprando y haciendo para ser tu mismo. Todo esto seguro que Carmen lo hubiese reflejado en la novela.

Helena: De hecho, también la sobreprotección de la niña por parte de su madre, el hecho de que no puede salir de su mundo. Hoy en día sería aún más exagerada yo creo. La crianza sobreprotegida. Por ejemplo, hay una escena que la dejan con los vecinos. Hoy en día sería aún más fácil mostrar a lo mejor como esa sobreprotección agobiante de que como niña no tienes ninguna libertad.

Más clásicos adaptados

P: ¿Hay algún otro clásico que os gustaría adaptar e ilustrar?

Helena: Yo soy un poco cliché con eso, pero me encanta El jardín secreto, por ejemplo. Me gustaría mucho. Lo veo ahí, con toda la mansión inglesa. Me encantaría ilustrarlo.

Catalina: A mí los que se me ocurren ya están adaptados. Pero a mí me apetece volver a hacer alguna adaptación. Ha sido un trabajo muy gratificante y, bueno claro, igual no es tan divertido como ha sido con nosotras, que nos hemos entendido tan bien, pero entrar así en otro texto, y más si es un clásico, que es un libro que se sostiene por si solo. Me encantaría Los tres mosqueteros. Fue una novela que a mí desde cría ha sido una de esas lecturas ya un poco más larga que me encantó. Pero seguro que en Francia hay alguna adaptación. Lo primero que he pensado es Peter Pan o El libro de la selva, pero también hay muchísimas versiones.

Helena: Sí, está tan dibujado ya que no te vas a ir al libro original. Como Alicia. Obviamente en su momento Alicia en el país de las maravillas decía «oh, que guay». Porque me encanta, y creo que hay mucho de Alicia en Caperucita en Manhattan, en la aventura. Pero está tan dibujado.

Catalina: Alguno que fuese un poco más tranquilo. Porque pienso en los mosqueteros y sería como superabigarrado. Así como con más paisaje, como con más amplitud.

Helena: Cumbres borrascosas [risas].

Catalina: Estamos fantaseando [risas].

Influencias y referencias

P: ¿Habéis tenido algún ilustrador o algún escritor que habéis cogido de referencia, tanto en general como para este libro?

Catalina: Aquí hemos tenido a Carmen, y con Carmen nos ha valido.

Helena: Para la estética neoyorquina sí que me fijé mucho en las portadas de The New Yorker o en Chris Ware, que me gusta mucho, en la paleta de color porque obviamente es distinto el estilo, pero me fijé mucho porque quería que hubiera ahí alguna parte que diga “ay, pues es neoyorquina”. Me hacía ilusión cómo representa Nueva York. Luego mucho cine de esa época que me inspiró. Y es que no hay un ilustrador en general que diga “me ha ayudado para esto en concreto”. Hay gente que siempre me ha inspirado. Robert Kraft me gusta mucho. A lo mejor temática no porque a veces es un poco impresentable en algunas cosas, pero me encanta como dibujante. Quino me gusta muchísimo. Y luego no sé de dónde lo saco. Es una mezcla. Un poquito de todo yo creo, que mojamos un poco de todo.

Catalina: A nivel de escritura también. Hay muchos autores. Como, por ejemplo, la ternura que tiene este escritor en tratar a los personajes de alguna manera. No es que lo cojas, es que lo tienes como referencia de como “me encantaría ser capaz de ese punto” o “en sus libros están muy bien recogido eso que a mí me gusta”. Los tienes así como de referencia. Tienes diferentes puntos de referencia. Para este proyecto en concreto era ella y el mundo que había creado.

Nostalgia y gente nueva

P: ¿Qué esperáis que sienta o piense el lector cuando lea Caperucita en Manhattan?

Catalina: Lo primero es que se zambulla en ese mundo, en esa Nueva York, en esos personajes. Plantea muchas cuestiones, está lleno de preguntas sobre cómo vivir o qué camino coger o qué miedos. Hay gente que nos ha dicho “me ha gustado mucho, pero es que además me he quedado dándole vueltas”. Porque incluso en algunos momentos, Miss Lunatic sí que es muy explícita muchas veces en lo que dice de la libertad. Es esto y no anda con rodeos, sino que lo dice. Y podría parecer un poco simple, pero en realidad no porque a veces no nos hacemos esas preguntas a fondo en mucho tiempo.

Yo creo que a cada uno de repente le puede resonar por un lado diferente en una relación, un trabajo, un momento de crisis de cualquier otra cosa. Y de repente te hacen esa pregunta directa. Qué es la vida, qué es la felicidad, es estar con los otros, es mirar, es estar, disfrutar de esto, es tener compasión, es tener… Y de repente piensas “ostras, es que eso es la vida, yo quiero que eso sea mi vida”. Entonces dices “¿mi vida es esto?” y te preguntas. Esa escena es muy clave, de pararte a preguntarte si esta es tu vida, si tienes esto en tu vida, cómo puedo hacer para que mi vida se acerque más a lo que habla aquí Miss Lunatic.

Helena: No lo podía decir mejor. Como persona que ha leído toda la vida cómics o libros, conseguir que haya gente que se lea este libro y se lo se lo zampe. Como cuando te gusta mucho una historia. Que realmente con el libro de Carmen a mí me pasó eso. Yo entré al libro trabajando en plan “voy a trabajar, voy a leerme el libro” y me lo leí de una porque dije no tengo que hacer un esfuerzo, estoy metida. Que sea así para ellos.

Catalina: Y si les despierta curiosidad por Carmen Martín Gaite, por explorar sus libros y acercarse ahí, eso sería maravilloso porque también es esa la intención de acercar su obra.

Helena: Y más con su centenario.

Catalina: Son una mezcla de nostalgia y de gente nueva los que van a confluir en el en el cómic.

Helena: Claro. Y sí gente joven se lee el cómic y dice “voy a leer e indagar más en Carmen Martín Gaite”, pues genial.

Carmen Martín Gaite

Carmen Martín Gaite nació en Salamanca en 1925. Este año, en el centenario de su nacimiento, se la recuerda como una figura literaria muy importante para las letras hispánicas. Murió en Madrid en el año 2000. Fue, además de escritora, profesora de universidad y traductora.

Formó parte de la Generación de los 50, destacando en géneros literarios como la poesía, el drama o el guion cinematográfico. Algunas de sus obras más importantes y características son Entre visillos, Lo raro es vivir, Irse de casa o Caperucita en Manhattan.

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