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Jacinto Antón: «Ser periodista te permite vivir experiencias sensacionales»

Su última obra Sirenas, leones y otros encuentros inesperados editado por Salamandra, está ya en librerías

El ganador del primer Premio Nacional de Periodismo Cultural (2009), Jacinto Antón publica su tercera recopilación de crónicas escritas en El País. Sirenas, leones y otros encuentros inesperados (Salamandra, 2026) invita al lector a acompañarle en sus viajes por lugares, personas, animales e historias que pasan de la libreta al periódico, y del periódico al libro.

Aquel que afirma en su prólogo tener en esta recopilación un tono más sentimental e incluso romántico, es el mismo hombre que fue de Madrid a Barcelona con una metralleta nazi, el mismo que le preguntó por literatura al piloto militar Chuck Yeager. Como dice Jacinto Antón, su notable variedad de temas tienen en común la mirada entusiasta y curiosa con la que se los aborda.

Pregunta: ¿Qué vino antes en tu vida, ser viajero o ser periodista?

Respuesta: En realidad, ser viajero. Siempre me gustó mucho viajar. Antes de empezar en el periódico viajé por África, por Kenia y Tanzania. También estuve haciendo trekking en la India, estuve en Grecia…

Jacinto Antón en Egipto | Fuente: Javier Ors, Zenda
Jacinto Antón en Egipto | Fuente: Javier Ors, Zenda

Tras los pasos de sus ídolos

Ha viajado a tantos destinos como épocas. “Viajé a Estambul para ver la caída de Constantinopla, entre otras cosas. Llegué tarde”. Jacinto sigue  la estela de grandes escritores-exploradores, cuyos libros le acompañan en cada uno de sus viajes. Entre sus predilectos: Patrick Leigh Fermor, el Conde Almásy o Lawrence de Arabia.

P: Te declaras fan de personajes que han tenido una vida, ciertamente, similar a la tuya.

R: Relativamente similar. Son personajes muy auténticos, aventureros de verdad que viajaban en unas condiciones distintas a las de ahora. El mundo de ahora es diferente al mundo en el que vivieron aquellos viajeros de principios del siglo veinte. De todas formas, he hecho algunos viajes sin móvil. Estuve un mes haciendo trekking en el Tíbet, por zonas poco conocida como Ladakh y el Zanskar. Estar completamente aislado me ha hecho acercarme a lo que era la época más clásica del viaje.

P: ¿La prefieres a esta?

R: La conexión que tenemos ahora a través del móvil impide el sentimiento de soledad absoluta que tenían los grandes viajeros que se movían por el desierto o por el mar. Pero bueno, estar un mes colgado sin tener noticias de casa también tiene su problema, ¿no?

Una vida ligada a la lectura

Menos mal que Sirenas, leones y otros encuentros inesperados viene con una extensa bibliografía anexa y con un índice de nombres. Las referencias son agradablemente interminables y todas parecen vivir en el literario mundo interior del periodista, que dice, «no sabes muy bien si es la lectura la que te hace ser como eras o ser como eres te hace ser lector».

P: En tus viajes no te ha faltado la compañía de los libros. No dejas de mencionar autores, obras, pasajes. Parece que, en tu día a día, la dimensión literaria está muy presente.

R: Hay dos tipos de personas: las personas que viven la vida directamente y las que la viven, de alguna manera, mediatizada por las lecturas que han hecho. Yo soy de las segundas. Para mí, todo está mediatizado por la lectura. No hay experiencia que tenga que no haya leído antes en un libro. Puede que haya gente que piense que eso te resta autenticidad en las experiencias, pero yo creo que lo que te da es mucha profundidad para conocer lo que ha pasado antes, las personas que han hecho algo similar… No sabría vivir sin esa dimensión literaria.

P: ¿Cómo se construye un bagaje cultural tan amplio?

R: En mi caso, tiene que ver con las circunstancias de la infancia. Mis padres tenían bibliotecas; mi madre de novela y mi padre, más clásicos. Eso influye, pero luego quizá hay algo personal o psicológico en quienes conectan con la lectura. Yo tuve esa conexión desde pequeño, ya empecé a formar mi propia biblioteca, a tener mis propios gustos.

P: Como la literatura de viajes, las aventuras.

R: También, en mi casa había muchas historias de aventuras relacionadas con la familia. Por el lado de mi padre eran marinos de guerra, oficiales… Mi abuelo era piloto de la armada. Por el lado de mi madre eran diplomáticos y tenían una hacienda en Venezuela. De ahí venían las historias sobre animales, sobre la selva, todo este mundo que también está en lo que yo escribo.

Sirenas, leones y otros encuentros inesperados

Jacinto Antón no solo se entrevista con personas. Su prosa también da voz a historias protagonizadas por animales, desde el temible cocodrilo Gomek hasta un íntimo relato en el que presenta a parte de su familia en un silencioso encuentro con un martín pescador.

P: ¿Con cuál de los personajes sobre los que escribes en tus crónicas desearías reencontrarte?

R: Primero, te voy a decir que yo he tenido la suerte de haber conocido a personas que, en su momento, no eran tan importantes como lo son ahora. Eran más accesibles, podías conectar con ellas de otra forma. Hoy me sorprendo de haber hablado con gente tan importante, que ha vivido aventuras extraordinarias o han sido agentes en la Segunda Guerra Mundial contra los nazis… Pero si tuviera que quedarme con un reencuentro, lo tendría con Jan Morris (a quien le dedicó un afectuoso y devoto obituario). Me impresionó muchísimo su inteligencia y su enorme cultura. Había vivido cosas extraordinarias en su vida y tuvo un gran valor para cruzar las fronteras del género en una época en la que era peligroso.

Antón en la presentación de su libro en Barcelona | Fuente: Massimiliano Minocri, El País
Antón en la presentación de su libro en Barcelona | Fuente: Massimiliano Minocri, El País

Sobre personajes de ficción, le hubiera gustado entrevistar a Lawrence de Arabia, o a Lord Jim. Sin embargo, se declara portador del “virus del periodista” al concebir un proyecto de publicación de una entrevista ficticia. “Soy muy reacio a inventarme cosas. El acuerdo tácito con el lector de mis crónicas es que todo lo que cuento es verdad. Tengo un objetivo de, algún día, escribir relatos de ficción o alguna novela histórica, pero de momento me ciño al pacto de la certeza«.

P: Entonces, debemos asumir que cuando cuentas que saltaste a la balsa de la expedición de Kon-Tiki y fueron a por ti los guardias del museo, dices la verdad.

R: Sí, por supuesto. La vida a veces es tan extraordinaria que no necesitas inventarte muchas cosas. Yo he vivido experiencias como ir a a la selva de Guyana a ver lanzar un cohete, descender a tumbas egipcias con investigadores o ir en un portaaviones durante una ofensiva contra el ISIS. El hecho de ser periodista también te permite vivir experiencias que a la gente corriente le pueden parecer sensacionales.

Prosa y periodismo

P: Has escrito en El País durante cuarenta años, en la sección de cultura y muchas veces al pie de la actualidad. ¿Cómo combinas el frenético ritmo mediático con el artificio más literario de la escritura de tus crónicas?

R: Tuve la suerte de empezar en El País en un tiempo en el que el periodismo era diferente al de ahora. El ritmo era distinto y las estanterías estaban llenas de enciclopedias con las que nos documentábamos antes de que llegara internet.

La sección de Cultura, pese a que también está sometida a este ritmo acelerado de la actualidad, no deja de ser un espacio más reflexivo que te permite experimentar algunas formas de escritura que en otras secciones son más inmediatas. Géneros como la crónica o el reportaje te dan más tranquilidad a la hora de escribir. Yo nunca me he movido de la sección de cultura, o sea que siempre he hecho el mismo tipo de periodismo.

P: En tu libro hay dos frases muy significativas. La primera es “Deseo que todo esto esté escrito en mi cuerpo cuando me muera”, la segunda, “La vida imitaba al arte que había imitado a la vida” ¿Son estas tus motivaciones como cronista?

R: Cuando vas a lugares en los que han pasado cosas extraordinarias y tienes el placer de revivirlas, consigues crear una mirada propia. Pasear por los sitios que inspiraron a Melville para escribir Moby Dick, ver ballenas en el mar y las casas donde vivían los grandes capitanes pescadores de ballenas reactiva el mundo y te devuelve a tus lecturas. Actúas, casi, como un director de cine, sin dejar de hacer una labor que consiste en contar historias reales a la gente. El hecho de que te acompañen los lectores es lo que te hace poder ir a sitios para ejercer el periodismo. Ese es el verdadero privilegio que he tenido.

Jacinto Antón en la redacción de El País en Barcelona | Fuente: Massimiliano Minocri, El País
Jacinto Antón en la redacción de El País en Barcelona | Fuente: Massimiliano Minocri, El País

Antón entrega a sus seguidores, que en foros confiesan tener recortes de sus artículos en papel, un acceso a una hemeroteca que hoy en día se limita a lo digital. Una prosa tan cercana, con toques de humor y con las puertas abiertas a una vida tan interesante, consigue enganchar a lectores que, en muchas ocasiones, ya no tienen tiempo para conversar con el mundo de la curiosa y desafiante forma en que lo hace Jacinto Antón.

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