Gandini debuta en España con una novela de corte íntimo que explora el trauma infantil
Las cuestiones alrededor del por qué del dolor, el que se crea y el que se padece, y las formas de resolverse a una misma en él, cobran una belleza introspectiva en las palabras de Gandini. Quizá sea este el elemento que alza su primer libro a cruzar el Atlántico. Desde Buenos Aires hasta Madrid, la editorial Altamarea la publica en su colección Barlovento, dedicada a la más emergente y renovadora narrativa contemporánea en español.
La ópera prima de Victoria Gandini, argentina licenciada en Artes musicales que da el salto a la literatura, es una historia dirigida a quien quiera identificarse con ella. Romina es una mujer cuya vida está atravesada por la herida de un trauma ovillado en una confusa combinación de pensamientos. Su amiga Marisa, fallecida tempranamente a causa de un cáncer, le deja un cuaderno que contiene una suerte de confesión post mórtem y que inspira a Romi a plantearse su vida en retrospectiva.

El debut literario de Gandini
Esta novela corta recoge en todo momento un aire de suspense justificado en las subtramas de los personajes. Pareciera ser una policíaca donde el misterio son las experiencias que dan sentido a nuestras personalidades. Victoria Gandini crea la historia a través de la relación de Romina con una situación traumática ocurrida en la infancia, un horroroso encuentro con la violencia sexual en la trastienda de una joyería, de la que derivan un dolor y una incertidumbre que crecen con ella.
Gandini plasma en una poética prosa reflexiva el complejo recuerdo de un abuso sexual que acompaña a su víctima en todas las etapas de su vida y que la configura como mujer. Pero también enmarca la experiencia de Romi en las vidas de aquellos que la rodean. La panorámica de la presencia de la violencia sexual infantil, siempre con ese silencio tenso que genera el tabú, se amplía a una variedad de voces que se entremezclan en la novela.
Habitar en la culpa
Romi se desarrolla bajo el yugo de su trauma. Se hace introvertida, analítica; su mundo interior se descifra en estas páginas en las que graba sus recuerdos. La herencia de una herida generacional, sumada a su propia circunstancia, hará a Romina dialogar con la culpa, uno de los temas principales de la novela.
CON EL TIEMPO ENTENDÍ QUE LA CULPA SÍ EXISTE Y HACE QUE LA GENTE HABLE EN UNA LENGUA PROPIA, LLENA DE SILENCIOS Y DE MIEDO.
Sin ser cruda o evidente, Victoria Gandini perfila los límites de la conciencia abusada en la vida cotidiana. La familia de Romi la carga con el peso de un atavismo que da estructura a la novela. Una tía que provoca y permite la violación de su sobrina; unos abuelos que, a sabiendas del suceso, se mantienen en esa quietud familiar que suele usarse para evitar mostrarnos tal y como somos. Cuando el conflicto se reprime en el hogar, en el seno de la intimidad, la angustia busca otras vías de escape.
El dolor encarnado en la piel
Unas llamativas manchas en la piel, unas anormales descamaciones, forman parte de la personalidad de Romina. Ese que califica como «aspecto de lagarto» y que brota poco después de aquel episodio de la infancia, pertenece también a la historia de vida de su tía.
El tema de la enfermedad, ligada a la somatización del dolor psicológico, está muy presente en la novela. Gandini juega con imágenes de simbología profunda que muestran las diversas formas en las que se manifiesta el dolor de la mujer.
Entre las escamas o los rituales, hay un realista inventario de comportamientos en los que se interpretan las consecuencias de someter el sufrimiento al silencio.
La tía de Romina es un personaje misterioso que introduce un posible planteamiento de lectura desde la perspectiva de género. Cómo llega una mujer a entregar el cuerpo de su sobrina a un hombre es una de las preguntas que dan forma a la reflexión de Gandini. La incógnita de la razón detrás de las acciones de la tía se apoya en intuiciones de la realidad de ser mujer. Si bien la autora no las evidencia del todo en el libro, hay una clara intención de introducir a la lectora la retrospectiva crítica que produce su protagonista.
La verdad interior
Y es que el repertorio literario de Gandini propicia la conversación entre novela y lectora en un sinfín de registros. La autora manifiesta su discurso filosófico del dolor en mitos y en la espiritualidad personal y católica; así como en los vínculos amorosos, sexuales, familiares o las decisiones laborales y vitales.
Refleja Gandini también una forma de delegar el dolor en la muerte, como hace Marisa con su diario, un testimonio más de una vida lacerada por la culpa. Romina lo lee y se inspira en él como las lectoras de este libro pueden dialogar con sus propias vivencias. En este sentido, la reflexión de la novela rompe la barrera entre la página y la realidad.
«¿Para qué llevaste a la nena?», pregunta el abuelo de la familia. Una vez más, demostrando un silencio consanguíneo alrededor de los porqués de las decisiones que nos condenan a los remordimientos. Silencios que se quiebran en el pensamiento de Romina durante sus confesiones en este diario novelizado que es Una canción para la siesta.


