Hay firmas que presentan una colección cada temporada durante la MBFWM. Y hay otras que construyen un discurso. En un momento en el que la velocidad parece haberse convertido en el principal lenguaje de la industria, en el que las tendencias nacen y desaparecen antes incluso de llegar al armario, Simorra lleva años defendiendo una idea casi revolucionaria: que la moda puede seguir siendo un lugar para detenerse, observar y pensar
Quizá por eso cada una de sus colecciones comienza mucho antes del primer boceto, y así lo demostraron en el desfile de Texere en marzo de este mismo año. Este mismo martes 30 de junio, algunos expertos en moda hemos podido acudir a una presentación en exclusiva de lo que algunos ya vimos hace unos meses, y ya podemos adelantar lo que llevaremos este otoño/invierno. Antes de las siluetas, antes de los tejidos, antes incluso del color. Esta colección empieza con una reflexión muy personal. No diseñan alrededor de una tendencia, sino alrededor de un concepto.
¿Qué hace que Simorra sea tan especial para la industria española?
Mientras muchas marcas construyen su relato después de haber diseñado su colección tangible, en Simorra sucede exactamente lo contrario: primero aparece la intención de ser auténticas y después las prendas. Como si cada colección necesitara una razón de existir antes de convertirse en realidad. Porque vestir nunca ha sido únicamente cubrir el cuerpo. Vestirse siempre ha sido una manera de contar quiénes somos.
Texere: cuando el tejido fue el primer lenguaje
La historia de la humanidad también puede leerse a través de los tejidos. Antes de que existiera la escritura, ya existían los telares. Antes de los libros, ya había manos capaces de transformar un hilo en memoria. Mucho antes de que las palabras pudieran fijarse sobre el papel, los pueblos ya transmitían su identidad mediante bordados, tramas, colores o dibujos que viajaban de generación en generación. Cada cultura ha tejido siempre su propia historia. Y quizá por eso resulta tan emocionante que una firma contemporánea vuelva a mirar hacia ese origen.
En un momento en el que la inteligencia artificial es capaz de generar imágenes infinitas en cuestión de segundos, Simorra vuelve a poner el foco sobre aquello que ninguna tecnología puede sustituir: el gesto humano. La mano que crea, que espera, que cose. Porque quizá existe una belleza profundamente contemporánea en reivindicar lo artesanal. No desde la nostalgia, sino desde el futuro.
Quizá sea precisamente esa búsqueda constante del significado lo que convierte cada presentación de Simorra en algo más parecido a una exposición que a un desfile. Cada tejido, cada textura y cada construcción parecen contener una conversación silenciosa con quien las observa, invitando a mirar dos veces, a descubrir aquello que no siempre se revela a primera vista.
Esa manera de entender la moda explica también por qué Simorra ocupa un lugar tan particular dentro del panorama español. La casa catalana lleva años investigando el lenguaje textil como si todavía quedaran infinitas historias por descubrir entre las fibras para construir una identidad absolutamente reconocible.
Su universo nunca gira únicamente alrededor de la ropa. Habla de arquitectura. De arte. De literatura. Del diseño entendido como cultura. Cada temporada encuentra una nueva conversación entre disciplinas aparentemente distintas, demostrando que la moda no vive aislada, sino conectada con todas las formas de creación.
Es una filosofía que recuerda inevitablemente a aquellas grandes casas que entienden sus colecciones como capítulos de una misma obra. No importa tanto la tendencia como la idea y es tan crucial el impacto como la permanencia. Ese es precisamente el punto de partida de Texere, la colección otoño-invierno 2026/27 con la que Simorra vuelve a demostrar que antes de escribir sobre el mundo, aprendimos a tejerlo.
Mucho más que una colección

¿Qué hemos podido aprender de los próximos meses durante su desfile y su más reciente presentación? Que en un panorama saturado de imágenes, donde cada temporada parece exigir un nuevo impacto visual, Simorra propone algo mucho más difícil de conseguir: emocionar desde la idea.
Texere no habla únicamente de tejidos. Habla del tiempo. De la memoria. De las personas que dejaron parte de sí mismas entre madejas de lana, algodones o linos. Habla de las abuelas que tejían sin saber que estaban escribiendo un archivo familiar. De las Hilanderas de Velázquez demostrando que el acto de tejer también podía ser un relato sobre el arte, el poder y el conocimiento.
Y, al mismo tiempo, habla del presente. Porque la colección conecta ese gesto ancestral con el lenguaje binario que dio origen a los primeros telares mecanizados, recordándonos que la historia del textil y la historia de la tecnología siempre han estado mucho más cerca de lo que imaginamos.

La moda no necesita elegir entre tradición y modernidad porque ambas pueden convivir cuando existe una idea sólida que las sostenga. Simorra sigue apostando por algo mucho más difícil de conseguir: construir un lenguaje propio. Uno que no cambia cada temporada, sino que evoluciona, se enriquece y se expande, como un libro cuyos capítulos se escriben con hilo en lugar de tinta.
Y quizá esa sea la mayor lección que deja Texere. Que las prendas no solo pueden vestirse; también pueden leerse. Porque, mucho antes de que existieran las palabras, ya había historias esperando entre los telares. Y algunas, siglos después, siguen encontrando nuevas formas de ser contadas.
Este mismo 30 de junio, gracias al equipo de Fabra, hemos podido conocer de primera mano los detalles de cada una de las prendas, hablar con su diseñadora, y adelantarnos a lo que llevaremos a partir del próximo mes de septiembre.


