Todavía queda una última pista por descifrar antes de poder afirmar cómo llevaremos las tendencias del próximo otoño. La veremos en primera fila. Del 14 al 19 de septiembre, la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid volverá a convertir la capital en el epicentro de la moda española y serán nuestras expertas de street style quienes tengan la última palabra: cómo aterrizan en la calle las siluetas, colores y códigos que las pasarelas internacionales ya señalaron en marzo de este mismo año.
Si algo tiene la moda es que nunca termina de escribirse sobre una pasarela, pero es el referente más firme. Una tendencia puede aparecer en París, Milán o Nueva York, pero no adquiere verdadera dimensión hasta que empieza a formar parte del armario y, sobre todo, de la manera personal de vestir de quienes mejor entienden la moda. El otoño-invierno 2026/27 llega con esa sensación de transformación: prendas conocidas que cambian sus proporciones, colores que se convertirán en nuestro mayor deseo y códigos que parecían pertenecer a otras décadas que regresan reinterpretados.
El próximo otoño parece dispuesto a recuperar una moda algo más teatral, sensual y narrativa. No necesariamente más complicada, pero sí más consciente de la importancia de una buena silueta, de un detalle inesperado o de una prenda capaz de cambiar por completo un look. Estas son algunas de las tendencias que conviene tener ya en el radar.
El naranja óxido será el color que mejor representa el otoño
Hay colores que simplemente aparecen en una colección y otros que parecen ser los que mejor representan este otoño/invierno 2026. El naranja óxido pertenece a la segunda categoría después de ser protagonista de firmas que normalmente no coinciden en imaginario casi nunca.

Cálido, profundo y sofisticado, se encuentra a medio camino entre el naranja, el marrón y el rojo. Tiene la luminosidad de los tonos cítricos, pero pierde su intensidad para acercarse a los matices del cobre, el ámbar o la terracota. Es, probablemente, uno de los colores que mejor captura visualmente la llegada del otoño: ese momento en el que las hojas todavía conservan parte de su intensidad antes de convertirse definitivamente en marrones.
Las colecciones de otoño-invierno 2026/27 han demostrado que no existe una única manera de llevarlo. Saint Laurent lo incorpora a vestidos de encaje, explorando su lado más sensual; Hermès juega con la relación entre su naranja emblemático y los marrones del cuero; y Chanel lo lleva hacia una dimensión más festiva y luminosa.
En el día a día, además, es un color mucho más versátil de lo que puede parecer. Funciona especialmente bien junto a marrones chocolate, beige, gris carbón o negro, pero también puede convertirse en el protagonista absoluto de un estilismo monocolor. Y precisamente ahí está su fuerza: tiene suficiente personalidad para hacer que una prenda sencilla parezca mucho más especial.
La falda de cintura baja vuelve a dibujar la silueta
La obsesión por llevar las prendas cada vez más abajo todavía tiene recorrido. Y si pensábamos que la falda a la cadera ya había alcanzado su límite, el próximo otoño demuestra que todavía puede bajar un poco más. Aunque, en realidad, el secreto no está únicamente en la altura de la falda: el cinturón se convierte en un elemento casi puramente decorativo que cae deliberadamente sobre la cadera, redibujando la silueta.
Es una manera muy concreta de entender la sensualidad de la próxima temporada: no tanto desde prendas excesivamente ajustadas como desde la forma en la que se construye el cuerpo a través de las proporciones. La cintura pierde protagonismo mientras la cadera gana presencia. Esto genera una silueta algo despreocupada, ligeramente desaliñada y con ese punto effortless que tan bien funciona en el armario contemporáneo.
La clave estará, precisamente, en cómo combinarla. Una falda baja puede convivir con una camisa masculina, un jersey de punto ligeramente amplio o una chaqueta estructurada, creando ese contraste entre una parte superior más relajada y una silueta inferior que vuelve a mirar hacia los códigos de principios de los 2000.
Las chaquetas vintage y con alamanes serán la prenda de abrigo por excelencia
El próximo otoño también invita a mirar hacia atrás. Pero no hacia una década concreta, sino hacia una idea de vintage más ecléctico, en la que las prendas parecen tener una historia antes incluso de estrenarlas.
Las chaquetas de aspecto vintage ganan protagonismo, especialmente aquellas que incorporan estampados tipo tapestry, flores, motivos ornamentales o acabados que recuerdan a tejidos antiguos. El estampado deja de ser un simple dibujo sobre la superficie para convertirse en parte de la personalidad de la prenda.
El llamado tapestry print conecta además con una tendencia que llevamos varias temporadas viendo crecer: la recuperación de una moda más decorativa, que reivindica el gusto por el estampado, la mezcla y cierta exuberancia. En este contexto, una chaqueta de flores sobre fondo oscuro puede funcionar casi como una pieza de coleccionista dentro de un armario mucho más básico.
Y aquí vuelve a aparecer una de las claves que atraviesan todas las tendencias de otoño-invierno 2026/27: la importancia de las prendas con carácter. Ya no se trata únicamente de comprar aquello que combina con todo, sino de encontrar piezas capaces de aportar una identidad propia a los looks.
Pequeños detalles en rojo para cambiarlo todo
Si el naranja óxido representa el otoño desde una perspectiva cromática más envolvente, el rojo aparece como una pincelada de intensidad. En la mayoría de las ocasiones además será un tono cercano al granate o cereza, más fácil de integrar en nuestros looks que otoño.
Los próximos meses no necesariamente exigen vestirse de rojo de pies a cabeza. En muchos casos será suficiente con incorporarlo mediante pequeños elementos: un bolso, unos zapatos, un cinturón, un guante, una media o incluso un detalle de la propia prenda.
Es una evolución interesante de la tendencia del rojo que hemos visto en temporadas anteriores. Frente al total look que convirtió este color en uno de los grandes protagonistas del armario, ahora puede funcionar casi como un acento visual. Un gesto pequeño, pero suficiente para cambiar la lectura completa de un conjunto.



