Los hermanos alicantinos hicieron temblar el Invernadero el pasado viernes
Adrián y Juan Carlos, más conocidos como Funzo y Baby Loud, conquistaron Madrid el viernes 25. Era el tercer concierto de la gira Inmortales, antes de llegar a Madrid ya habían pasado por A Coruña y Santiago de Compostela. Con todas las localidades vendidas (para todos sus conciertos) los fans estaban impacientes por verles encima del escenario.
La emoción por ver a los hermanos de Alicante era visible, de hecho la cola comenzó a hacer a las 4 de la mañana, su club de fans oficial llevaba más de 15 horas haciendo cola esperando llegar a la primera fila para no perderse ni un movimiento de los artistas.

Cuando se abrieron las puertas: carreras, gritos, emoción, alguna lágrima… La gente empezaba a colocarse intentando encontrar el mejor sitio para disfrutar de las casi dos horas de música en directo. Para animar el ambiente Jay Saez pinchó numerosas canciones, el público ya estaba completamente entregado (más aún).

21.40: suena la cuenta atrás. Tras diez segundos de gritos y corear su nombre Funzo y Baby Loud saltaron al escenario con su tema To’ buena vibra. A pesar de no ser su canción habitual de inicio, no dejaron a nadie indiferente, las más de 3.000 personas que había en el público cantaron y saltaron al unísono la segunda canción de ese disco que da nombre a la gira.
Tras ésta vinieron dos temas más antiguos: Elixir (2018) y Poca suerte (2018). A pesar de tener más de cinco años, todos los allí presentes parecían conocer los temas.
Después le llegaría el turno a canciones como Jóvenes to Locos, Malibú con piña, El poema o ¿Dónde te espero?

Por supuesto sonó Luces de neón. Sus fans ya venían preparadas para ese momento: más de 300 barras de “luces de neón” habían comprado para iluminar todo el cielo de las Ventas.
Tras toda esa energía dieron paso al momento más íntimo de la noche: dos banquetas y una guitarra. Como no podían cantar todos los temas de su repertorio, unificaron varios de sus hits en formato acústico: Kelejodan o Joven para siempre fueron algunos de los temas.
La encargada de romper el acústico fue, precisamente, Joven para siempre. Los alicantinos no podían permitir que esa canción no se cantara dejándose la voz, saltando y disfrutando al máximo. Así que en un momento recogieron los asientos y la guitarra y recobraron toda la energía que se había convertido en calma unos minutos antes.
La gente le estuvo pidiendo durante todo el concierto. Ya al final, por fin, sonó Batmóvil. La poca voz que le quedaba a sus fans se quedó en esa canción. Prácticamente 3.000 personas cantaron con ellos y disfrutaron de los últimos minutos de concierto.
Como no podía ser de otra manera, Funzo y Baby Loud cerraron con el tema que da nombre al disco: Inmortales. Con esa canción terminaron de echar abajo el Invernadero, un derroche de energía e ilusión, que se vio tanto en sus caras como en las del público.
La sorpresa final fue el cierre, pero el definitivo. Con Bella Ciao a todo volumen terminaron de dejarse la piel. Los fans acabaron con sus últimas cuerdas vocales y Madrid agotó, finalmente, su energía. Entre unas cosas y otras, casi dos horas de concierto, de música, de discursos y de emoción.


