Las voces más influyentes y grandes iconos del periodismo musical se reunieron ayer en el I Congreso de la Prensa Musical. Una cita organizada por la PAM que pone frente al espejo a medios y responsables musicales españoles. En este primer congreso había un claro objetivo: reivindicar el periodismo musical de calidad frente a la precariedad o la inmediatez digital.
El encuentro estuvo patrocinado por la AIE (Sociedad de Artistas Intérpretes o Ejecutantes de España), en colaboración de la Fundación SGAE, y tuvo lugar en su sede. Pronto daría comienzo el congreso, pero no sin antes mencionar los 30 años de la AIE apostando por impulsar la música en directo y ofreciendo becas de formación y/o ampliación de estudios. El presidente de la AIE, Luis Cobos, aprovechaba para terminar su discurso señalando que «la IA no tiene que restar a la inteligencia humana».

¿Es posible vivir de esto a día de hoy? ¿Qué lugar ocupan los medios y periodistas musicales en una era dominada por algoritmos e influencers? Con estas preguntas como partida, el congreso arrancó con una certeza: la necesidad de fortalecer la profesión y adaptarse sin perder su credibilidad e identidad.
Un diagnóstico a la precariedad del periodismo musical actual
Manuel Pinazo (director de Muzikalia) arrancaba la primera mesa del congreso haciendo un diagnóstico actual de la profesión, desde la crisis del 2008 a la del 2019 por la COVID-19. Para ello contaba con la aportación de dos jóvenes, Diego Rubio (NUEBO, rockdelux) y Samantha López (Warp Magazine, fotógrafa), y dos peritos del oficio, Marta España (Rockdelux, NUEBO) y Carlos Pérez de Ziriza (El País, Efe Eme).
Todos ellos se preguntaban si escribir en diez medios diferentes, no tener horarios ni vacaciones o, simplemente, sin tener libre los fines de semana, es bueno. Ponentes y público coincidían en la necesidad de «seguir luchando por la profesionalización» porque los números no dan. «Escribo mucho porque tengo que pagar facturas», confesaba Carlos Pérez de Ziriza, y seguidamente lanzaba una reflexión clave: ¿para qué hacemos lo que hacemos?.
La conversación también abordó el impacto del clickbait, las listas de las mejores canciones o el auge de los influencers. Unos factores que están haciendo que el papel del periodista musical se sitúe en el último eslabón de esta cadena. Entre los ponentes se preguntaban cómo se es sincero sobre un festival o álbum si la agencia de comunicación o promotor busca sacar beneficios. Si la credibilidad se compra con likes, ¿dónde queda el periodismo musical de calidad?
A pesar del panorama sombrío, hubo un destello de esperanza. La mesa concluyó con una idea firme y clara: es esencial reivindicar por la profesionalización del periodista musical y poner en valor por la calidad del contenido. Sin embargo, quedó en el aire la pregunta de cómo lograr un reparto más justo. Si algo diferencia al periodista del influencer es la «validación» y «respeto» al proyecto del artista. Dos factores que hacen frente al impacto y la visibilidad que le pueden dar las redes.
El periodismo musical fuera de la capital
Cinco minutos de reloj para refrescar las ideas y vuelta a la mesa. En esta segunda ronda Manuel Pinazo repetía como moderador para sustituir a Esther Al-Athamna (PAM). Le acompañaban periodistas de la periferia (procedentes de Zamora, Mallorca, Galicia o Andalucía) para abordar los modelos de supervivencia y la precariedad aún existente.
Se destacaron importantes festivales como Canela Party para hacer hincapié en que hay vida más allá de las grandes capitales como Madrid y Barcelona. Raúl Julián (Mondosonoro Noroeste) señalaba la necesidad de un mayor apoyo a las ediciones musicales locales. De lo contrario, es imposible dar visibilidad a artistas, locales y festivales de la localidad. Raúl ponía el ejemplo los inicios de Carolina Durante que, cuando sólo tenían tres canciones, nadie les contactaba más allá de las revistas provinciales. Ahora que han dado el salto a la industria «es más difícil que nos hagan caso».
Adaptación y sostenibilidad en la era digital
Nuevos tiempos para la hiperconexión y el rol de las redes sociales. En la tercera mesa, moderada por Sebas Alonso (Jenesaispop), el foco estaba en la necesidad de saber reciclarse y adaptarse a las nuevas formas de comunicación. Un trabajo de reinvención que requiere de «recursos» y «ganas», sin perder tu identidad.
Bajo el pretexto de que los periodistas musicales no somos tan necesarios, el locutor y periodista Arturo Paniagua subrayaba que se trata de un camino «tortuoso» e «incierto» del que se aprende sobre la marcha. A pesar de que hay artistas que no requieren de medios o periodistas para promocionar sus proyectos, es importante «conocer a tu público y crear una comunidad alrededor de lo que se te da bien».
Se lanzaba al aire la pregunta de para quién trabajamos. Como cura a esta cuestión, los ponentes concluían con encontrar un balance entre contar las cosas como quiere la marca con la forma individual de comunicar. Al mismo tiempo, en alusión al papel de las nuevas tecnologías, dieron una vuelta al asunto para ver los beneficios que podemos sacar, como la transcripción de entrevistas, entre otros.
Aprender del pasado para un periodismo musical mejor
Un breve descanso para que se fueran posicionando tres grandes leyendas del periodismo musical español: Julio Ruiz, Diego A Manrique y José Ramón Pardo, moderados por José Manuel Sebastián (Radio 3). A través de sus «batallitas», dejaron claro que «no hay mejor aprendizaje que el de la experiencia». Recordaron que la precariedad siempre ha estado, y sigue, presente en este sector y que, en muchos casos, la pasión por la música ha sido el motor de sus carreras.
«Trabajé durante muchos años sin cobrar, por amor a la música», confesó Julio Ruiz, quien luego pudo vivir de su vocación durante 14 años de su carrera. También hubo tiempo de analizar los errores del pasado, como la dependencia de la discografía de discos. Todos coincidieron en que la clave está en diversificarse y adaptarse a los nuevos formatos.
A pesar de no dar con una respuesta a cómo cerrar el ciclo de la precariedad, los asistentes disfrutaron de un receso con catering. Un momento de networking donde pudieron continuar con el intercambio de ideas y reflexiones sobre lo discutido hasta el momento.
¿Dónde están las mujeres en la prensa musical?
Con las energías renovadas se retomaba el congreso con la quinta mesa. Elena Cabrera (eldiario.es) contó con la participación de Patricia Godes, Susana Monteagudo (eldiario.es), Marisol Galdón y Lara Alcázar (MIM, El Salto) para abordar el por qué hay menos mujeres en la prensa musical. Comenzaron haciendo mención a mujeres pioneras que empezaron en la crítica musical, como Pilar Urbano o Mercedes Arancibia.
Las ponentes apuntaban al sexismo y a la necesidad de reescribir la historia de las mujeres, consideradas durante muchos años como groupies en lugar de fans. Entre las claves que se pusieron sobre la mesa estaba la falta de música y de espacios en «un mundo masculino», la precariedad o la conciliación. Marisol Galdón recalcaba un punto importante y es que «ya no se habla de música en los medios», ahora las actuaciones en directo son el último reducto.
Por un periodismo musical de calidad y digno
La última mesa, moderada por Laura Pardo (RNE), la completaban Fernando Navarro (El País), Santi Carrillo (Rockdelux) y Jordi Bianciotto (El Periódico) para reivindicar un periodismo musical de calidad, pero ¿esto qué significa?
El periodismo frente la crítica, la falta de compromiso con la cultura y la ausencia del rigor o la honestidad ante la urgencia de ir «a por el click«. Una suma de factores que, ante el cambio constante de modelo y tratamiento de la información, deja de lado el reconocimiento del trabajo de calidad.
Los ponentes se sorprendían al tener que seguir pidiendo que se pague por el contenido, al igual que ocurre con las plataformas de pago, y «no regalar nuestro trabajo».

¿Qué se puede hacer desde PAM?
Una vez se han puesto las cartas sobre la mesa, moderadores, ponentes y público llegaban a algunas conclusiones. La respuesta fue unísona: consolidar unas normas entre los asociados de la PAM y poder denunciar las malas prácticas. El I Congreso de la Prensa Musical se cerraba con la necesidad de seguir luchando por un periodismo musical de calidad y digno. Y se cerraba el congreso con que «unidos va a ser mejor», conociendo dónde estamos para poder actuar frente a la precariedad.

