Ganas no faltaban para ver a los Pignoise en exclusiva. Daba igual dónde mirases: el rosa y la cara de los tres cerdos impregnaban toda la atmósfera
Esto no era un listening party, ni un concierto de su gira o algo parecido a lo que hicieron en el fnac o el autocine. Lo de ayer fue un concierto para fans de este trío formado por Álvaro Benito, a la voz y guitarra, Pablo Alonso, al bajo y los coros, y Héctor Polo, a la batería. A menos de un mes para arrancar con su gira ‘Ganas de Veros’, el grupo madrileño hace una parada en la Sala Mon de Madrid para los más fans.

A las 20 horas daría comienzo, aunque muchos llegaron con una premisa clara: salir con su vinilo firmado y verles actuar, claro. La cola era kilométrica y no se distinguía con la del ropero. Pasaban las horas y seguían firmando el merchandising que traía la gente. Eso sí, no había ni una cara de resignación. Todos estaban contentos con su vinilo firmado y la cerveza en la otra mano, ¿qué más podíamos pedir?
Un billete de vuelta a la infancia
No fue hasta las 22:01 horas cuando se apagaron definitivamente todas las luces. Solo se veía el rosa neón con su nombre en el escenario y, de repente, escuchamos esa melodía que nos transportó a la infancia de muchos de los presentes. Pronto entraron al juego entre coros y vitoreos del público con ese mítico como verdaderos Campeones.

Pignoise arrancó la noche tirando de su mejor repertorio y regaló a sus fans, o como ellos llaman, sus más allegados con Todo me da igual. Han pasado 16 años desde que la sacaron y sigue causando el mismo fervor. El público hizo lo propio y acompañó al trío en todas y cada una de ellas desde Atardecer, Las promesas que se van o Celos.

De la Cama Vacía al “Sí, quiero”
La complicidad entre los tres y con el público se palpaba a leguas. Álvaro aprovechó entre canción y canción para halagar al guitarrista Jesús (mencionando sus manos de modelo de anillos) y a todas aquellas personas que tuvieran la Cama vacía.
En el ecuador de la noche el público fan fue testigo de cuáles eran las favoritas de su último disco Las Ganas: Entristecer, Queroseno y Las horas muertas. Lo que está claro es que había canciones con las que era inevitable no gritarlas a pleno pulmón. Anoche se demostró que han calado generación tras generación con Quiero, Estoy enfermo o Sube a mi cohete. Todas ellas se cantaron al unísono de principio a fin, casi a capella. Fue mágico.

Se acercaba el final de una noche enérgica a la vez que nostálgica después de mucho salto y mucha cerveza. Nadie se esperaba que un chico se subiría al escenario para pedirle la mano a su pareja y sobre ellos, todas las miradas (las de Pignoise en primera fila). Inédito. Entre aplausos y gritos de alegría por lo que acababa de suceder, seguimos porque llegaba el turno de la canción que sigue más viva que nunca: Te entiendo. Ya han pasado 20 años desde que nos regalaron este hit que marcó a toda una generación.

Como si de una presentación para saltar al ring de boxeo se tratara, escuchamos halagos de unos hacia otros como “Gigantesco, carismático, inmenso, extraordinario, exuberante, extravagante, único, incomparable”. Una pausa breve para coger aire y cantar la más esperada: Nada que perder. Sin duda fue una hora de concierto de pura energía y rock.
Ganas de vernos las caras, de nuevo
Eran las 23:02 y se encendían de golpe todas las luces de la sala Mon. En el suelo, vasos de cerveza, pétalos de rosa desperdigados y la euforia grabada en los rostros de los allí presentes, sobre todo de los afortunados que lograron cazar al vuelo las púas de Pignoise. Mientras sonaba Queroseno y el grupo se despedía de sus fans, dio tiempo a hacernos la foto de familia y formar de nuevo la cola para la firma de vinilos.

El concierto que empezó con un “mola que las bandas hagan esto para vernos las caras” y terminó con un “Nos vemos en el Movistar Arena en el 2027”. Y es que ganas no faltan. Ayer fue una prueba más de que Pignoise es eterno.

