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Por qué ‘Aquí no hay quien viva’ sigue siendo un fenómeno

La serie que sobrevivió al algoritmo y que se sigue colando en los hogares y marcando generaciones más de 20 años después

En una época en la que las series se consumen en maratón y desaparecen después de estar un par de días en boca de todos, es esencial recordar que hubo un tiempo en el que se veían lento, no se tenían todos los capítulos al alcance, sino que te sentabas en el sofá de casa y esperabas el momento en el que se estrenaba el siguiente episodio para, al día siguiente, comentarlo en clase o en el trabajo.

Aquí no hay quien viva fue un ejemplo de ello, de serie que acompaña y que se cuela en las casas y en la vida de los espectadores. Aquellos vecinos de Desengaño 21 siguen hoy, más de 20 años después, en la memoria colectiva. 

Un éxito inesperado

Parte de su legado tiene que ver con el momento en el que nació. La serie creada por Alberto y Laura Caballero e Iñaki Ariztimuño y producida por José Luis Moreno, no parecía tener un futuro muy prometedor por aquel entonces, siendo rechazada por cadenas como Telecinco o TVE. Finalmente, se emitió en Antena 3 y, desde su primera emisión el 7 de septiembre de 2003 hasta su despedida el 6 de julio de 2006, consiguieron en muchas ocasiones batir récords de audiencia. “Tuvo minutos de oro de hasta 10 millones de espectadores”, se sorprendía Caballero en una entrevista. Sin embargo, lo realmente impensable por aquel entonces era que hoy, 20 años después, sigamos escuchando ese “un poquito de por favor”. Los hermanos Caballero supieron muy bien que teclas tocar. 

Normalizar desde la comedia y la sátira

Uno de los aspectos más avanzados de la serie fue la representación de una pareja homosexual. Mauri (Luis Merlo) y Fernando (Adrià Collado), dieron vida, de una forma muy diferente a la que acostumbraba por entonces, a la pareja gay. La clave fue el enfoque. Su guion no giraba en torno al “conflicto” de ser una pareja gay como se veía normalmente en las tramas entonces, sino que se le dio el espacio que debían ocupar en el edificio, el de una pareja más que discutía por manías, por la convivencia, por dinero o por celos. Además, muchas veces eran los propios personajes los que ironizaban sobre los propios estereotipos. Comentarios que en otros contextos habrían sido homófobos, se revertían llevándolos a lo absurdo.  

Así explicaba el actor en el programa La Revuelta el impacto que tuvo su personaje:

Un retrato generacional

Gran parte de la identificación actual de los jóvenes con Aquí no hay quien viva son los temas tan vigentes a día de hoy que se tratan. La España precrisis que vivía en “esta nuestra comunidad” se caracterizaba por una sensación de prosperidad y crecimiento económico. Sin embargo, en las interminables reuniones de vecinos, ya se avistaban los problemas y tensiones que todavía no habían salido a la superficie. La vivienda se encarecía, las hipotecas se alargaban… 

La otra cara de la moneda que representa más que nunca la situación actual en España era la de las alquiladas. A lo largo de la serie se ve como Belén (Malena Alteiro) y Alicia (Laura Pamplona) luchan por la estabilidad económica, con problemas para llegar a fin de mes y una casera un tanto peculiar. Mostrando esa presión por lograr comprar un piso, poder quejarse en las juntas y, en definitiva, formar parte de ese mundo de propietarios que parecía garantizar un poquito más de seguridad. 

Un acierto en el elenco

El elenco elegido fue un acierto en toda regla. Incluso algunos personajes como el de Mariano (Eduardo Gómez) que en un principio solo iba a aparecer  en el primer capítulo y que acabó siendo uno de los personajes más icónicos de la serie. También cabe destacar los puntazos que tuvieron los guionistas con escenas como la del «montón bueno y montón malo» y con las muletillas de personajes como Marisa con «me voy a fumar encima» o «que mona va esta chica siempre».

Por último, una de las claves que hace que la serie se siga viendo una y otra vez y siga sacando carcajadas, es el ritmo frenético de las tramas. Cualquiera que la haya visto más de una vez puede corroborarlo, siguen habiendo chistes que no recordabas porque probablemente no habías captado la primera vez. Esto se debe a que como en una misma escena las tramas de todos los personajes continúan, no se centran en el chiste que acaban de decir, sino que por encima hay otro personaje haciendo otro comentario, y así sucesivamente.  

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