Los chicos del coro no defraudan a ningún espectador, la emoción se siente en la sala. Todos lloramos con las mismas escenas y reímos con las mismas frases.
Uno de los grandes musicales por excelencia
Vuelve a Madrid por unos meses, la inmejorable adaptación de la película homónima del director Christophe Barratier, la cual se estrenó en 2004. Sí, hace 20 años.
Como bien ocurre ya en la obra original, Clément Mathieu entrará como profesor sustituto en un internado que se encuentra en mitad de un bosque, Fondo del Estanque. Él se propondrá cambiar el ambiente educativo mediante la incorporación de música en las actividades de clase, es decir, se propone crear un coro.

Recordemos, que el director de este internado, Rachin, guiará todas las directrices educativas siguiendo el lema «Acción reacción». ¿Conseguirá Clément hacerle cambiar de opinión?
Una adaptación mágica
Con el fantástico trabajo de Pedro Villora con la traducción y adaptación, y la dirección de Juan Luis Iborra, no podía no ser un éxito. Ya nos lo comentó el propio Juan Luis Iborra en una entrevista, que esta obra ha sido una de las más emocionantes de toda su carrera. ¿Por qué?

Como espectadora puedo afirmar que lo entiendo. Los temas abordados en el guion son necesarios. La belleza con la que se trata la infancia, la importancia de tener unos buenos referentes y cómo un profesor puede cambiarte la vida.
Los diálogos son divertidos. Esta adaptación consigue, con el cambio de género, ahora la profesora de matemáticas, y el cambio de estilo, ahora cómico, generar situaciones divertidas que hacen que todo el público pueda reírse.
La integración de la música con la trama
Solo con decir que hay una orquesta de música en directo acompañando la representación hace que la historia cambie. Durante toda la obra teatral, de poco más de dos horas de duración, y sin ningún tipo de descanso, podemos escuchar, y si alzamos la mirada desde las butacas, observar, que unos músicos en directo deleitan nuestros oídos.
Como espectadora y fan de un buen musical, eso lo cambia todo. La inmediatez del teatro en su plena esencia. Los actores escuchan la música y los músicos los escuchan cantar. Esta es la clave del teatro, la escucha. Y aquí consiguen que esa calidad musical, se integre de manera perfecta regalándonos así una experiencia mágica. Una atmósfera perfecta.

Además de la integración con la trama. Todas las canciones son importantes. Todas nos cuentan algo. Nos ayudan a resolver subtramas, como los sentimientos amorosos. Ayuda muchísimo además a generar una mayor química entre los actores y una credibilidad total en la historia.
La escenografía y las referencias
Destacar sin duda el manejo de los cambios de escena. No debe de haber en total ni cinco minutos donde no haya alguien en el escenario. Consiguen, mediante música y baile, que sean los propios actores, sin crear un espacio oscuro, los que van cambiando la escenografía.
Consiguen generar una conexión emocional con el público desde el minuto uno. Vemos unas rejas y un niño pequeño, que la atraviesa y que se sienta en su maleta, esperando a su padre. Ya lo dijo Juan Luis Iborra, no va a haber espectador que no se sienta conmovido ya desde el principio de la obra.

Y sin duda un momento mágico, seguramente para mí el que más. Los aviones de papel, haciendo referencia a la famosa canción Avioncitos de papel. No voy a explicar más, por si alguien no ha podido ir a ver el musical aún.
Se pueden conseguir las entradas en la web oficial del Teatro La Latina.


