Una comedia teatral que lleva al escenario la ironía y crítica del cineasta danés sobre el poder, las jerarquías y las máscaras sociales
En 2006, Lars von Trier se burló de las jerarquías empresariales y de las máscaras que usamos en sociedad con El jefe de todo esto, una comedia cargada de ironía. El jueves 21 con el estreno de El jefe del jefe en el Teatro Pavón, está sátira encuentra nueva vida en el escenario, con una puesta en escena que traduce el peculiar universo del cineasta danés al lenguaje del teatro.
Los responsables de que podamos disfrutar de esta obra teatral en castellano son Ricardo Hornos y Fernando Gil, quienes han realizado la adaptación, partiendo de la versión original de Jack McNamara. Cuenta con un reparto increíble que encabeza Fernando Gil acompañado de Críspulo Cabezas, Carol Rovira, Laura Laprida, Viti Suárez y Aure Sánchez. Producida por MP Producciones. Dirigida por Ricardo Hornos.

Juego de poder
Una comedia que trata el mundo corporativo y las complejidades de la responsabilidad y el poder. Mezcla el humor absurdo con una crítica a las dinámicas laborales. La historia cuenta cómo el dueño de una empresa de tecnología, incapaz de asumir las decisiones difíciles, inventa un falso presidente para cargarle la culpa de las situaciones más desagradables. Todo se complica cuando decide vender la compañía, pero los compradores exigen negociar directamente con el supuesto jefe.
Desesperado, contrata a un actor desempleado para que se haga pasar por el director. Sin embargo, lo que parece una solución sencilla se convierte en un caos cuando el actor, demasiado comprometido con su papel, empieza a tomar decisiones inesperadas que revelan tensiones ocultas en la empresa.
Fiel adaptación
Una adaptación maravillosa del texto que, aunque fiel al original de Lars von Trier en esencia, incorpora el humor español que tanto nos gusta. Mantiene el tono irónico y satírico, trasladando la visión crítica del director danés. Además, la adaptación logra acercar aún más la trama al público, especialmente al inicio y al final, cuando el personaje interpretado por Fernando Gil te habla directamente, sumergiéndote en la historia y haciéndote partícipe. Te convierte en uno más de la oficina.
La primera aparición de Cristián, el supuesto jefe, es un momento sublime y certero: el manejo del silencio, que llega a incomodar al público hasta provocar la risa, es simplemente brillante. La obra tiene un ritmo ligero y ameno. Las situaciones fluyen de manera natural, y los tiempos son perfectos. La comedia está tratada con maestría, logrando adaptarse al ritmo del teatro, donde la reacción inmediata del público ayuda a ajustar y perfeccionar los tiempos cómicos.

Trabajo en equipo
La obra es un verdadero trabajo en equipo, donde cada actor aporta su talento para que el resultado sea redondo. A la cabeza está Fernando Gil, en el papel de Cristián, quien debe hacerse pasar por el jefe Manuel. Su actuación destaca por la fuerza de su lenguaje corporal, con movimientos y gestos que enriquecen al personaje.
Por otro lado, Críspulo Cabezas, junto al jefe, forma una dupla que aporta frescura y dinamismo a la historia. También brillan Vitti Suárez y Carol Rovira, que tienen la tarea de interpretar a dos personajes diferentes cada uno, logrando diferenciar sus roles de manera impecable. Laura Laprida destaca con su interpretación de una especie de femme fatal llena de carisma, que resulta encantadora y muy convincente. Finalmente, Aure Sánchez con un personaje encantador.
De la pantalla al escenario
Han sabido jugar muy bien sus cartas, desde el uso de las pantallas hasta la iluminación, que resulta clave para dar ese toque frío propio de una oficina. La transición a tonos más cálidos, cuando la escena lo requiere, añade un contraste efectivo que refuerza la narrativa. Las pantallas, además, no son un simple recurso decorativo; forman parte activa de la narración, sirviendo como un complemento visual perfectamente integrado en la obra. En este caso, su uso ha sido muy acertado, añadiendo dinamismo y profundidad a la puesta en escena. Enriquecen la experiencia visual.
Con apenas un par de sillas y una mesa grande, han logrado construir la atmósfera de oficina que la historia necesita. Este espacio juega un papel crucial, ya que es el lugar donde se desarrolla la mayor parte de la acción. La iluminación, además de definir el ambiente, guía la atención del espectador, creando momentos más íntimos o tensos según la escena.
‘El jefe del jefe’
Esta comedia de 90 minutos en el Teatro Pavón, disponible hasta el 26 de enero, es una obra que, entre risas, os hará pensar: ¿quién es el jefe realmente en vuestra vida?


