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El lado oscuro del fútbol: el discurso de odio

Hoy en día, el racismo y la violencia entre aficionados continúa siendo uno de los grandes desafíos del fútbol, tanto en España como a nivel internacional. A pesar de los esfuerzos de las instituciones, se necesitan medidas más efectivas para ponerle freno a estas problemáticas. 

Según el Consejo Superior de Deporte, «hinchas» se emplea como sinónimo de aficionado, forofo o seguidor de un equipo de fútbol. «Ultras» define a los aficionados radicales que, en ocasiones, tienen como referente la predisposición a la violencia verbal y física. Esta violencia se dirige al «enemigo«. Este está representado por el eterno rival, las nuevas hostilidades fruto de los enfrentamientos y ciertos agentes externos como la Policía o la prensa.

Ultras de todo el mundo protagonizan escenarios violentos, tanto dentro como fuera del estadio, hacia otros aficionados, jugadores, cuerpo técnico, árbitros, etc. No se trata de momentos puntuales, estas situaciones no cesan. El caso de Vinicius en Mestalla en 2023, foco de comentarios racistas, o los 26 heridos en la pelea entre aficionados del Querétaro y el Atlas de Guadalajara durante un partido en México en 2022, son solo dos de los cientos de altercados de esta índole. 

Medidas de las instituciones

Ante esta problemática, las instituciones se han pronunciado públicamente. En el 74º Congreso de la FIFA, se aprobó un nuevo gesto de brazos en forma de aspa para denunciar abusos racistas que formará parte del protocolo futbolístico en todas sus competiciones. Cuando los futbolistas, el árbitro o el responsable de la competición realicen este gesto, el árbitro activará un procedimiento en tres niveles.

El primer nivel conlleva la interrupción del partido. Se emitirá un anuncio en la sede para informar de las razones por las que se ha interrumpido el partido y advertir de que, si el comportamiento no cesa, se pasará al segundo nivel. En este, el partido se suspenderá temporalmente y los equipos regresarán al vestuario. El tercer y último nivel recoge que si el comportamiento persiste después de la reanudación, el árbitro suspenderá definitivamente el partido tras consultarlo con las autoridades y expertos pertinentes, y si considera que es seguro hacerlo.

«La verdadera transformación comienza en el hogar. La educación en valores debe ser sembrada desde la infancia para construir una sociedad más justa e inclusiva. Sin embargo, la educación debe ir acompañada de la firme aplicación de las sanciones: no podemos ser tímidos frente al racismo. Solo actuando con decisión y coherencia lograremos erradicar esta problemática del fútbol y de nuestra sociedad», afirma Fatma Samoura, Secretaria General de la FIFA.

fútbol
Los aficionados ultras del Young Boys, en el Stadion Schützenwiese de Winterthur | Fuente: Jorge Vicente Catalá

Por su parte, la CONMEBOL creó el Task Force para combatir el racismo, la discriminación y la violencia en el fútbol sudamericano. Reafirmó así su compromiso sostenido con la promoción de los valores de respeto, igualdad y juego limpio. “Coincidimos plenamente en que la educación es la base para erradicar el racismo y la discriminación. Desde CONMEBOL estamos desarrollando plataformas y contenidos educativos para llegar a niños, educadores y jugadores, porque el cambio cultural empieza por la información y la conciencia”, expresó Monserrat Jiménez, Directora Legal en Confederación Sudamericana de Fútbol.

En el ámbito nacional, LALIGA inició un proyecto llamado LALIGA VS, junto con los clubes y otros socios estratégicos, para unir su capacidad de influencia y movilización contra el odio en cualquiera de sus formas. Este organismo sostiene que sus pilares son educar en valores, prevenir a través de campañas de concienciación y sensibilización, y actuar con medidas justas. 

Sanciones

La Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte puede imponer sanciones a clubes, aficionados y organizadores de eventos. Estas van desde la prohibición de acceso a recintos deportivos por un período de hasta cinco años, hasta multas que pueden llegar a los 60.001 euros. Además, el Código Penal español sentencia los delitos de odio con penas que pueden incluir prisión de uno a cuatro años y medidas económicas. Y los clubes no se salvan. Estos pueden ser sancionados por permitir o no prevenir estos comportamientos violentos.

Por eso, cuando la pasión se convierte en odio, las instituciones tiene que plantar cara. Deben endurecer sus medidas para recordarle a los aficionados la importancia del respeto y la tolerancia en el deporte. El fútbol debe luchar para acabar con los discursos de odio de cualquier tipo. 

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