Mateo Díaz explica en primera persona cómo funciona este proceso desde dentro
Las ventanas FIBA suponen un paréntesis incómodo dentro de la temporada. Viajes, entrenamientos exprés, adaptación acelerada y la presión de competir a nivel internacional. Mateo Díaz lo vivió por primera vez en las últimas ventanas con la selección argentina y explica cómo es el proceso desde dentro.
Una llamada con acento albiceleste
Todo comienza con la Selección Nacional Argentina poniéndose en contacto con el Flexicar Fuenlabrada y haciéndoles saber que Mateo estaba en las listas previas a la convocatoria definitiva. Días después el base argentino recibe una llamada de Pablo Prigioni, seleccionador argentino, que le comunica que formará parte de la convocatoria definitiva de la selección albiceleste. «Ser convocado con la selección nacional de tu país es lo mejor que le puede pasar a un jugador, la verdad es una alegría inmensa», explicaba Mateo Díaz después de enterarse de la noticia de su convocatoria. Los mejores jugadores de cada país viven este mismo proceso.

Este proceso ocurre mientras Mateo todavía estaba en plena disputa de la Primera FEB con el Fuenlabrada. Una noticia que por las dimensiones que tiene podría descuadrar a cualquier jugador por la emoción de esta. Sin embargo, en el caso de Mateo supuso lo contrario: «Tras la noticia, yo seguí centrado con el Fuenlabrada, entrenando y jugando con ellos, para mí esto supuso una motivación extra».
Un grupo hecho, un sitio por ganar
Llegar de una dinámica de un club a la dinámica de una selección también supone un reto extra de adaptación. En la selección hay un mayor nivel y ritmo porque hay que prepararse para los partidos en un corto período de tiempo, el reto es aún mayor cuando es la primera vez que llegas convocado con la selección.
“Me tocaba adaptarme rápido, ellos venían de 40 días entrenando juntos en la Copa América”.
Con un grupo ya formado, el poco tiempo que duran las ventanas y siendo esta la primera experiencia del base argentino, Mateo vivía un reto. Demostrar su máximo con el mínimo tiempo posible, así nos lo relata el propio jugador: «Tenía que aprovechar al máximo ese poco tiempo que tenía para demostrar mi juego y estar preparado mentalmente para con el mínimo ser lo máximo posible».
Poco tiempo, máxima exigencia
A pesar del poco tiempo la exigencia es la mayor. No solo la que se exige el jugador a sí mismo, sino también la que se les exige en la selección absoluta de su nación. «Hay un nivel más alto en cuanto a los jugadores al que uno viene acostumbrado al final es una selección. Son los mejores jugadores del país.»Durante este breve período de tiempo los jugadores se enfrentan a sesiones dobles de entrenamientos. Estos, principalmente, están centrados en lo físico y buscan un ritmo, las sesiones tácticas tienen un menor peso.
Esta carga también depende del caso del jugador. En los casos de Facundo Campazzo o Gabriel Deck, al tener una mayor carga física y de vuelos por competir en ACB y Euroliga. «Jugaron al otro día salió el vuelo y llegaron jugaron pero, prácticamente no entrenaron» explicaba Mateo.
Más allá del baloncesto: convivir para competir
Otra de las claves de estas ventanas FIBA es la convivencia del grupo. En estas pocas semanas los jugadores conviven entre ellos prácticamente todo el día. Sesiones dobles de entrenamiento, breves sesiones tácticas, concentraciones, comidas y descanso en habitaciones compartidas. Esto hace que el que haya un buen ambiente sea clave. En la selección Argentina lo fue, debido a que la mayoría del equipo tiene la misma edad. Mateo lo describe «casi como un viaje de amigos», a pesar de ser la primera vez que jugaba con la absoluta, Mateo ya conocía a varios de sus compañeros lo que hizo que «la pasaran muy bien».
Pocos minutos, un orgullo inmenso
Después de todos los procesos burocráticos, los entrenamientos y el descanso pertinente llega el día de la verdad. Ese día donde todo el trabajo que has hecho como jugador detrás del telón puede ser visto ante los focos. Argentina jugó el primer partido contra la selección de Cuba en La Habana. La selección de Prigioni ganó con un resultado de 68-80 donde Mateo aportó una asistencia.
“representar al país a nivel absoluto, entrar en un partido peleado y poder ayudar al equipo implica un gran orgullo”
Mateo no estuvo sobre el parqué muchos minutos: «Jugué poco pero bueno, durante el partido no sabía si iba a entrar, si no iba a entrar». Aun así, estos minutos tuvieron mucho significado. «El debut, la verdad es que estoy muy contento. Jugué poco, pero pude sumar al equipo». Poder estar en el parqué en un encuentro de esta magnitud supone un gran orgullo para los jugadores, a pesar de disputar una poca cantidad de minutos como fue el caso de Mateo.
Volver con más de lo que te llevas
A pesar de que las ventanas FIBA son polémicas entre los aficionados debido a la carga extra que implica a los jugadores por el aumento de entrenamientos, intensidad, carga de partidos y también en el aumento de la cantidad de viajes. Los protagonistas de estas ventanas, como Mateo Díaz, si las ven con buenos ojos:
“Me llevo muchas cosas, sobre todo aprendizaje. Lo más importante que me llevo es la motivación y el objetivo de volver a ir convocado con la absoluta”.
El ser llamado por la selección absoluta de tu país es, intrínsecamente, un indicador de que tu trabajo y esfuerzo están yendo en la dirección correcta, es por ello, que a pesar de los aspectos negativos los jugadores sí quieren asistir a las ventanas FIBA con sus selecciones.

