Federico García Lorca y sus sueños llegan hasta nuestros días

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Estatua en homenaje a Federico Garcia Lorca en Madrid | Fuente: Wikimedia Commons

85 años sin un Lorca eterno

Volviendo a ver estos últimos días la ya conocida serie El Ministerio del Tiempo solo me
viene una escena y cinco palabras que quedaron grabadas en mi memoria. He ganado yo, ellos no; la oración que pronuncia un ficticio Federico García Lorca asombrado por el legado que deja y no pudo ver. Un legado universal. Ya son 85 años los que se cumplen desde que el poeta, nacido en la localidad granadina de Fuente Vaqueros, fuese asesinado por los falangistas poco después de haber estallado el conflicto bélico español.

En la madrugada del 18 de agosto de 1936, ya iniciada la Guerra Civil Española, y en un
punto desconocido entre Víznar y Alfacar, Lorca era asesinado junto a otros tres detenidos: un maestro de escuela y dos banderilleros anarquistas. El “por qué” de su fusilamiento, por no decirlo de otra forma, fue tener una ideología republicana y ser homosexual. Un final que Lorca trató de evitar refugiándose en la casa de su amigo, el poeta Luis Rosales, cuya familia estaba vinculada a la Falange, pensando que allí estaría protegido. No fue así. Sin embargo, el poeta no quedaba como un cuerpo más abandonado en cualquier cuneta, al contrario, sus poemas han continuado pasando de generación en generación.

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Volviendo a la frase pronunciada en la popular serie de TVE por el actor malagueño Ángel
Ruiz interpretando al poeta más destacado de la generación del 27, en una guerra no se puede decir que alguien gana, porque todos pierden. Sin embargo, a pesar de que las autoridades franquistas lo dieran por muerto y relegado a la inmanencia del olvido, no contaron con su obra poética y teatral. Una trayectoria literaria que ha permitido a la sociedad conocer al autor y adquirir todos los valores que transmite a través de ella. El amor, la muerte, la naturaleza, la ciudad de Granada y la tradición andaluza son temas que se muestran mediante símbolos como la luna, la sangre, el caballo, los colores, entre muchos otros. Desde sus primeros pasos como poeta con los Primeros Poemas (1916-
1918); pasando por el Romancero Gitano (1923 – 1927), obra capital que le consagró como poeta; viajando por la decadente y marginal ciudad de Nueva York de los años 30 con el verso libre de Poeta en Nueva York (1929 – 1930); hasta llegar a los últimos versos de rima consonante en los Sonetos del Amor Oscuro (1935 – 1936). Por todo ello, podemos decir que sí ha ganado a aquellos que lo quisieron mantener en silencio de la forma más rápida, aquellos que no sabían que viviría eternamente en los pensamientos y sentimientos libres.

Ya han pasado 85 años del fusilamiento de Lorca. 85 años, tiempo en el que incluso hemos
cambiado de siglo. El siglo XXI, ese número con el que se nos llena la boca cuando lo
pronunciamos. Lo peor, que hay muchas cosas que no han cambiado y lo podemos observar continuamente en televisión o, sin tener que irnos muy lejos, en nuestras mismas calles. Injusticias como la de Lorca se siguen cometiendo. Lorca, como muchos otros, fue perseguido, oprimido y silenciado por los franquistas. Sin embargo, como el propio autor nos deja en un verso: Lo que más me importa es vivir, es decir, él hizo de su vida lo que quiso, luchando por lograr sus sueños sin dejarse cortar por el miedo. Sueños que han llegado hasta nuestros días.

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