El pueblo brasileño decidió darle otra oportunidad al izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva ante un rechazo a la extrema derecha de Jair Bolsonaro
Brasil vivió un tenso domingo el pasado 30 de octubre en donde las y los ciudadanos eligieron con un margen de 1.8% al expresidente de izquierdas Da Silva como nuevo mandatario, negándole un segundo término al actual jefe de Estado ultraconservador Bolsonaro.
Da Silva estuvo en prisión por 580 días, acusado de corrupción y lavado de dinero, hecho que le impidió participar en las elecciones de 2018. En su lugar, Bolsonaro aprovechó para inyectar en la sociedad discursos populistas de extrema derecha, lo que lo llevó a gobernar desde 2019. Durante su período, defendió vehementemente los “valores cristianos tradicionales” en donde atacó sin tapujos a científicos y movimientos sociales, llevando a Brasil a tener una profunda crisis sanitaria por la pandemia de la COVID-19 y a evidenciar una deforestación del Amazonas sin precedentes.
Da Silva, quien abandonó el cargo de presidente en 2010 con un índice de aprobación superior al 80%, ha prometido invertir más en el bienestar de la población que vive en pobreza, restablecer las relaciones con gobiernos extranjeros, tomar medidas audaces para eliminar la tala ilegal en la selva amazónica y promover la creación de un Ministerio de Pueblos Indígenas.
Diversos grupos cuyos derechos y peticiones fueron calladas durante los años que gobernó Bolsonaro celebran ferozmente la victoria de Da Silva, pero el político experimentado se enfrenta a una sociedad cada vez más polarizada y con una serie de demandas e ideologías muy diversas. Quienes se alegran del regreso de “Lula” al poder aseguran que ahora sí podrá haber una continuidad de lo acordado con la transición a la democracia y la Constitución del 88, contrario a una victoria de Bolsonaro le hubiera supuesto un permiso para continuar con sus prácticas antidemocráticas y populistas como deslegitimar a las instituciones, abriendo camino a un régimen cada vez mes más híbrido (entre democracia y autoritarismo).


