Bielorrusia aprobaba el pasado 19 de junio un protocolo de castración química con el objetivo de combatir la violencia sexual y la explotación en el país
Anzhelika Kurchah, alto cargo de la Fiscalía General de Bielorrusia, declaraba que se había «aprobado un protocolo clínico con el algoritmo de tratamiento de la pedofilia, que incluye el uso de la castración química».
Por parte de la Fiscalía del país, también se han anunciado un paquete de medidas que supondrían «ayuda sexológica asequible para la población».
El uso de la castración química como castigo para pedófilos podría ser usado también por su vecina Rusia, ya que el Partido Liberal Democrático de Rusia reveló un proyecto de ley para su implantación en el país.
El diputado Boris Chernishov apelaba a «la experiencia» de esta medida mediante la cual se administran de manera forzada sustancias que «reducen la atracción sexual durante largo tiempo o definitivamente».
¿Cómo y dónde se aplica la castración química?
No es el primer caso en el que la castración química se aplica como castigo. Países como Corea del Sur y Polonia también la han acogido durante décadas. Este procedimiento puede aplicarse con el consentimiento del acusado, teniendo así la posibilidad de reducir la sentencia, mientras que en determinados crímenes se aplica como castigo obligatorio.
La Fiscalía General de Bielorrusia ha expresado que «el jefe de Estado (Lukashenko) apoyó las iniciativas en los temas vinculados a incrementar la responsabilidad de los padres».
La propaganda de relaciones sexuales no tradicionales, cambio de sexo, pederastia y la negativa a tener hijos serán cuestiones que también estarán en el punto de mira de la administración.
Aparte de esto, Bielorrusia contemplará incluir en los sistemas educativos cursos obligatorios de educación sexual y aumentará la supervisión a personas con antecedentes penales.

El eterno debate sobre la castración
Tanto la castración química como la castración quirúrgica han sido utilizados como métodos para combatir las agresiones sexuales. Sin embargo, recientemente se ha comprobado que muchos agresores continúan con sus prácticas aún habiendo sufrido el castigo.
Esta razón sumada al debate social que genera la castración química han supuesto que ambas prácticas no se consideren métodos aceptables en la mayoría de los países.


