Históricamente la mujer marroquí ha quedado relegada a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos, pero las nuevas generaciones han empezado a salir del núcleo familiar y se han ido incorporando al mercado laboral.
Marrakech
La ciudad de Marrakech, también conocida como la ciudad roja, recibe al turista con una gran hospitalidad y ofrece al occidental una visión del mundo muy distinta al que estamos habituados. Esta urbe de prácticamente un millón de habitantes nos muestra una versión más conservadora y tradicional dentro de las áreas urbanas de nuestro país vecino; en las áreas rurales este conservadurismo y tradicionalismo se dispara.
Yusuf, un guía turístico de la ciudad roja nos subrayó la importancia que la sociedad musulmana, y en concreto la marroquí, le da a la intimidad. Y es aquí donde encontramos la piedra angular del resto de consideraciones religiosas. Según nos cuenta se trata de una sociedad cerrada, en la que prima la privacidad y el honor de la familia. Esta sociedad cerrada que muestra el casco antiguo de Marrakech, también conocida como la medina, se puede ver incluso en la arquitectura; viviendas que no permiten ver el interior de los hogares, con ventanucos enrejados nunca a pie de calle y una sorprendente falta de balcones.

De la importancia que se le da a la intimidad se sustrae el deber moral de la no provocación de las mujeres, estipulado en el Corán. Este deber moral se materializa en las largas túnicas y en el hiyab. Yusuf nos dejó claro que las diferencias de vestimenta en las mujeres son culturales en los distintos países musulmanes, pero siempre con la intención religiosa de “no provocar”. “Las chicas jóvenes prefieren no salir, para no provocar, ya que les podría dañar el honor”, nos comenta el guía. Las mujeres en su mayoría quedan relegadas a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos.
Casablanca
La capital económica del país, Casablanca, ofrece una realidad distinta a la mostrada en Marrakech con una ciudad mucho más moderna, calles más amplias y edificios más altos. Con 4.9 millones de habitantes se sitúa como la ciudad más poblada de todo Marruecos.
Zahya, marroquí de 20 años residente en Casablanca y estudiante de ingeniería civil fue nuestra guía turística y nos acompañó durante toda la mañana por el centro de la ciudad. Sorprende su occidental look; un top que dejaba a la vista el ombligo y no llevaba hiyab. Al preguntarle si era difícil llevar esa vestimenta en Casablanca, Zahya contestó: “no es tan difícil, Casablanca es una ciudad bastante liberal aquí en Marruecos”, “la gente de Casablanca somos en realidad muy abiertos de mente, pero hay gente que viene del resto del país que hacen lo que quieren aquí”.
El acoso callejero sigue siendo una de las mayores lacras hacia las mujeres marroquís; en escasas 3 horas que estuvimos con Zahya y especialmente en la medina, presenciamos en multitud de ocasiones como hombres la piropeaban, increpaban o directamente le faltaban el respeto. Afirmó que esta era una práctica bastante habitual, “no puedo ir por la calle sin que me digan guapa cinco veces al día”.

Al preguntarle por la carrera que estudia, ingeniería civil, siendo en España una carrera con presencia masculina mayoritaria, sorprende su respuesta. “No es difícil” ser mujer en esta carrera, “la mayor parte de mi clase son mujeres, somos 20 mujeres y 10 hombres” afirma la joven marroquí. Hace no tanto tiempo la historia hubiese sido diferente, pero en los últimos años se ha producido un cambio significativo, “la ministra de turismo en Marruecos, la alcaldesa de Casablanca y de Marrakech son mujeres”. Zahya hace en parte responsable de este avance al rey de Marruecos, Mohamed VI; “el rey nos ha motivado para trabajar y hacer cualquier cosa de los hombres”. Remarca la importancia que el monarca marroquí le da a las mujeres, “en sus discursos siempre habla de que las mujeres deben alcanzar sus derechos”. “Estamos progresando”, concluye la joven guía turística.


