Tras un intento de magnicidio, el candidato republicano a las primarias de Estados Unidos, Donald Trump, afianza su poder como posible ganador de las elecciones frente a un cuestionado y cada vez menos popular Joe Biden.
El pasado 13 de julio, Donald Trump pronunciaba su discurso en un mitin republicano en Pensilvania. En ese momento, en un edificio a unos cientos de metros, empuñando un rifle AR-15, Thomas Matthew Crooks, colocaba la mira sobre la silueta del expresidente. Crooks entonces realiza hasta ocho disparos. Uno de ellos logra alcanzar a Trump, ocasionándole un rasguño en la oreja. Los otros disparos logran dejar herido a un hombre y acaban con la vida de un tercero.
Rápidamente, el Servicio Secreto evacua al expresidente y confirma minutos después que se encuentra a salvo. Al día siguiente, el equipo de Trump comunica que se encuentra en buen estado y agradece la acción de las fuerzas de seguridad.
Lunes 15 de julio, comienza en Milwaukee la convención anual del Partido Republicano. Trump reaparece por primera vez tras el atentado que trató de acabar con su vida. El éxtasis y emoción que se observa entre sus seguidores muestran al candidato como una figura mesiánica, un mártir que pone en jaque al status quo.
Victimismo político
En las horas que siguieron al intento de magnicidio, los seguidores del movimiento MAGA (Make America Great Again) comenzaron a difundir las imágenes de Trump como una víctima política. Este victimismo político refuerza la idea que se propago tras las elecciones del 2020, en las que la figura de Trump se concibió como la de un hombre apartado por las elites de la política. Esta percepción de víctima fue uno de los factores que impulsaron el infame asalto al Capitolio en enero del 2021.

La derecha estadounidense ha asumido una narrativa que pone a los demócratas y la prensa como las consecuencias de la polarización en la sociedad americana. Esta tensión entre demócratas y republicanos ha puesto de manifiesto la necesidad de cuidar las palabras. El presidente Joe Biden asumía como “error” el utilizar la expresión “poner el punto de mira sobre Trump”. Aun así, no queriendo comprar el relato republicano, Biden mantiene que su contrincante supone una “amenaza real” para la democracia.
Un mesías martirizado
Desde hace ya tiempo, Trump no es tan solo un candidato a las elecciones a ojos de sus seguidores. La confianza en el expresidente es ciega. Tras el atentado, su imagen como figura perseguida por el establishment, contra el cual Trump prometió luchar, se ve ahora más reforzada.
Desde que el expresidente se presentó por primera vez a las primarias en 2016, el único patrón que se ha mantenido constante es el espectáculo. Trump comenzó su carrera a la casa blanca como una superestrella. Tras su derrota en las elecciones de 2020, Trump se ha consolidado como el hombre que debe “salvar” América.
Para los votantes republicanos, Estados Unidos se enfrenta a un momento decisivo en su historia. La nueva corriente republicana que se ha establecido en Estados Unidos ha asumido el modelo de la derecha reaccionaria, la conocida como alt-right (derecha alternativa). Esta “nueva derecha” pretende reforzar los valores tradicionales de la sociedad estadounidense mediante un ataque a lo que se percibe como el establishment.
En medio de este enfrentamiento entre demócratas y republicanos, Donald Trump aparece como el hombre que viene a consolidar la identidad nacional del pueblo estadounidense. “Como americanos, estamos unidos por una fe y por un destino compartido. Nos levantamos juntos o nos derrumbamos”, declaraba en su discurso de aceptación de la nominación del partido. Trump pretende mostrarse además como aquel que unificará la sociedad “Me presento a presidente de toda América, no de la mitad”.
La convención nacional republicana de esta semana afianza el fervor que el candidato despierta entre sus seguidores. “Yo no debería estar aquí hoy. No debería. Estoy aquí con vosotros por la gracia de Dios todo poderoso” pronunciaba Trump con un tono leve mientras el publico estallaba en aplausos y lágrimas. Durante su discurso, el magnate calificaba de acto divino su supervivencia.

La amenaza
La posible reelección de Donald Trump se vive con temor dentro y fuera de la superpotencia. La vuelta del magnate a la Casa Blanca supondría un peligro para los derechos civiles y sociales como la protección del derecho al aborto. Los Estados controlados por gobernadores republicanos son una pequeña mirada al futuro de lo que puede suceder a partir de noviembre.
Además, la política exterior del partido republicano hace énfasis en aumentar el aislacionismo del país norteamericano. La OTAN se enfrenta a una posible salida de Estados Unidos de la alianza del Atlántico. Esto puede suponer la perdida de una gran parte de los fondos que financian la organización, lo que dificultarían las ayudas a Ucrania.
Por su parte, la recién reelegida presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen ha mostrado su preocupación ante el fenómeno Trump. La presidenta ha afirmado que deberá plantar cara al aislacionismo de Trump, que dificultará las relaciones internacionales entre los países de la Unión con el gigante americano.


