Lo que se anunció en junio durante las elecciones europeas, donde la derecha obtuvo el mayor respaldo popular, ahora se ha reflejado nuevamente en los resultados electorales de los estados de Sajonia, Turingia y Brandemburgo en Alemania.
El acenso de la derecha
La sensación, de que esas elecciones no iban a aportar más estabilidad al actual gobierno alemán, ya estaba presente en la política alemana desde hace meses. Muchos politólogos y concejales han advertido cuál iba a ser el resultado electoral en los estados orientales de Alemania, donde la derecha desde su inicio tiene su mayor influencia.
Ahora ha llegado un duro despertar para el gobierno de centro-izquierda que gobierna Alemania desde el año 2021. La alternativa para Alemania (AfD) ha arrasado en las elecciones obteniendo todas casi un tercio del voto. Ahora supone el segundo partido más votado en Sajonia con un 30,6 % y en Brandeburgo con un 29,2 %. Mientras que en Turingia es ahora la primera potencia política con un resultado de un 32,8 %.
La consecuencia de estos resultados es un caos, tanto para la política en esos estados como para el gobierno en Berlín. Esto se debe principalmente a dos factores que, a corto o largo plazo, afectarán a la gobernabilidad de los estados y del país. Primero, a diferencia de países como España, en Alemania los partidos conservadores no cooperan con la derecha populista, lo cual obliga a los partidos del centro y de izquierda a formar coaliciones ideológicamente incompatibles solo para que la Alternativa para Alemania no participe en los gobiernos locales.
La oposición conservadora en un limbo político
El partido de la oposición, el cristiano demócrata alemán (CDU), que en las elecciones europeas ha salido como él más votado, también es la primera fuerza política en Sajonia, con un 31,9 %. Con esto se coloca solo un 1,3 % por delante de la AfD, y la segunda en Turingia con un 23,6 %. Para quedar dentro de los gobiernos locales tendrá que hacer pactos con aquellos partidos que están en su lista de incompatibilidad solo para poder mantener a la derecha fuera. Esta táctica de los conservadores les pone en una situación peculiar. Por un lado, tiene que apaciguar a los oponentes políticos para poder formar algún tipo de coalición. Por el otro lado, debe preocuparse por la cohesión debido al descontento por estos pactos impopulares.
Un duro golpe para la coalición semáforo
También los partidos del gobierno se ven amenazados por el impacto que han tenido las elecciones. Por un lado, el partido socialdemócrata alemán (SPD) pierde porcentajes en cada estado, con excepción de Brandemburgo, donde consigue establecerse como el partido más popular. Por otro lado, los verdes, (Die Grünen) que durante las últimas elecciones generales en 2021 habían llegado a ser tercera fuerza dentro de la política alemana, han caído a la casi irrelevancia. Solo pudieron obtener el porcentaje mínimo para entrar en Sajonia con un 5,1 %. Además, el partido liberal (FDP) quedó completamente excluido de la representación política en esos estados. Según todas las encuestas, los liberales tendrán problemas de mantenerse dentro del parlamento en las próximas elecciones nacionales.
Sin embargo, a pesar de los resultados horríficos para los partidos de la coalición del gobierno, los verdes son los únicos que han sacado consecuencias. Ahí la junta directiva anunció su renuncia tras la pérdida de confianza por parte de los votantes.
Queda por ver si otros miembros del gobierno también presentarán su renuncia, pero lo que está claro es que la dirección actual no convence a los votantes. Sin una reforma significativa, es poco probable que la coalición sobreviva a las elecciones nacionales de 2025.

