La movilidad, la tecnología y los valores compartidos están transformando la identidad juvenil europea, más allá de las fronteras nacionales
Las generaciones nacidas después del año 2000 han crecido con una Europa sin fronteras internas, con acceso a viajes baratos, redes sociales y programas educativos como Erasmus+. Todo ello ha generado una identidad híbrida: jóvenes que se sienten tanto italianos como europeos, tanto catalanes como globales.
Sentirse europeo
Las cifras respaldan esta realidad, pues el 92% de los jóvenes españoles se sienten ciudadanos europeos, según un estudio realizado por el Consejo de la Juventud de España (CJE). Esta identidad europea no sustituye a la nacional, pero la complementa, reforzando valores como la cooperación, la diversidad cultural y los derechos humanos. Sin embargo, persisten retos como el euroescepticismo o la desigualdad entre regiones, que podrían frenar esta tendencia.
Más allá de la política
Europa es más que tratados, fronteras y burocracia. Desde los mitos griegos hasta la literatura del siglo XXI, existe una herencia cultural que cruza idiomas, religiones y regímenes. La música clásica, el pensamiento ilustrado, el cine de autor y los festivales culturales dan testimonio de una comunidad que se reconoce más allá de lo político. Iniciativas como Capital Europea de la Cultura refuerzan esta idea, promoviendo el arte y la cooperación entre países.
La educación, con programas como Erasmus+, iniciado en 1987, ha consolidado puentes intergeneracionales de intercambio cultural. La gastronomía, el diseño y los valores democráticos también conforman un imaginario común que evoluciona pero no se rompe, a pesar de las tensiones geopolíticas. En definitiva, sí existe una comunidad cultural europea: fluida, diversa y compartida.
Raíces arraigadas
La cultura europea no se puede entender sin el legado de Atenas y Jerusalén. De los griegos heredamos la razón, el debate, la democracia y la búsqueda de la verdad; del cristianismo, la idea de dignidad humana, comunidad y caridad. Ambos sistemas han influido en el Derecho, la política, la educación y la moral. Platón, Aristóteles, San Agustín o Santo Tomás de Aquino son referencias aún vigentes en universidades y debates éticos. Esta fusión ha dado lugar al humanismo renacentista, al pensamiento ilustrado y, finalmente, a los derechos humanos modernos. A estas raíces del pasado, se le suman los acontecimientos del presente. La Inteligencia Artificial, ya imparable, es un motivo más de alianza para los países de la Unión Europea.
El séptimo arte como lenguaje cultural europeo
A través del séptimo arte, Europa ha contado sus guerras, sueños, contradicciones y transformaciones, creando un lenguaje cultural común. El cine europeo ha sido y es una poderosa herramienta de cohesión cultural. Películas comoLa vida es bella, Amélie, Todo sobre mi madre o Ida no solo han sido éxitos internacionales, sino que también han mostrado la diversidad de experiencias europeas unidas por temas como la memoria, la migración o la resistencia.
Festivales como Cannes, Berlín o San Sebastián contribuyen a crear un espacio cultural europeo en el que se cruzan lenguas y estilos, y programas como MEDIA de la UE fomentan la producción y distribución de cine europeo. El cine no solo representa a Europa: la construye.
En definitiva, la identidad europea del siglo XXI trasciende la política y se arraiga en una comunidad cultural viva, plural y en proceso de transformación. La juventud es el motor de esta nueva Europa que se reconoce en la diversidad sin renunciar a sus raíces comunes. A través de la educación, el arte, el pensamiento y la experiencia compartida, se construye una Europa más cohesionada no solo desde los tratados, sino desde las aulas, los festivales, las redes y las pantallas. Una Europa que se reconoce como hogar cultural.


