La guerra entre Israel e Irán se ha materializado en estas últimas semanas y está causando una auténtica pesadilla en la región
Por si fuera poco, Trump ha intervenido directamente en el conflicto, ondeando la supuesta bandera de la paz y la democracia. El pasado 22 de junio, Estados Unidos bombardeó las bases de Fordo, Natanz e Isfahán, ubicadas en territorio iraní. Donald Trump alegó que era preciso intervenir para detener el programa nuclear que Irán estaba desarrollando. Sin embargo, la incertidumbre se palpa entre los propios estadounidenses. El supuesto presidente de la paz está conduciendo a su país hacia una situación que amenaza con hacer temblar los ya frágiles cimientos del orden internacional.
Esta situación evoca un amargo recuerdo de la época de George W. Bush y la guerra en Irak, cuando, bajo la excusa de las supuestas armas de destrucción masiva, muchos países estuvieron a punto de verse involucrados en un conflicto devastador. En aquel entonces, la región terminó arrasada y, hasta el día de hoy, no se han encontrado pruebas reales de aquellas armas tan peligrosas que, según EE. UU., amenazaban al mundo. Ahora, el magnate estadounidense lo tiene claro: Irán es un país peligroso y hay que demostrarle que con EE. UU. no se juega. El lema “Make America Great Again” resuena ya en todo Oriente Medio.
El ataque americano, sin embargo, no logró su objetivo principal: destruir el programa nuclear iraní. Según fuentes de inteligencia estadounidenses, reveladas el martes 24 de junio, el bombardeo únicamente logró retrasar el desarrollo del programa nuclear por unos meses. Esto demuestra la resistencia y continuidad del proyecto iraní, a pesar de los esfuerzos por detenerlo.
Lo único que parece haber conseguido Estados Unidos con esta acción es reafirmar su presencia en la región, lanzando un mensaje claro a potencias como China y Rusia. Además, esta intervención refuerza su relación con Israel, que tras recibir este apoyo masivo, probablemente deba ceder ante futuras exigencias del presidente estadounidense.
Lo que está claro es que Trump busca protagonismo estratégico, pero a este paso podría perder el respaldo incluso de sus propios votantes. La mayoría de la población estadounidense se opone a una nueva guerra en Oriente Medio, y esta ofensiva solo siembra más dudas en torno al liderazgo del mandatario, que lleva apenas medio año en el poder. La región, por su parte, ve días cada vez más oscuros, marcados por la inestabilidad y la amenaza inminente de una escalada aún mayor, que además lidera Trump.

