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El Nobel y la guerra

El nombre de María Corina Machado pasará a la historia como la mujer que decidió alzarse políticamente contra el gobierno para que la paz vuelva a Venezuela

El Premio Nobel de la Paz es, sin duda, uno de los más altos galardones internacionales que se pueden recibir, pero algunos se empeñan en menospreciar a adversarios que lo ganan, y otros en querer conseguirlo a cualquier precio.

Esta semana, la ganadora del Premio Nobel de la Paz no pudo ir a Oslo a recogerlo. La Academia que lo otorga decidió, un día antes, cancelar la rueda de prensa que la líder opositora venezolana, María Corina Machado, ofrecería en la capital noruega al «no saberse su paradero actual». En su lugar fue su hija quien acudió a recoger el premio, otorgado después de luchar incansablemente contra el gobierno venezolano para que en su país haya libertad.

Este año, tanto el premio como la ganadora coparon titulares a nivel mundial, pero también ansias de protagonismo. Mientras Nicolás Maduro insultaba desde Venezuela a Machado por haber conseguido el premio, en Washington, Donald Trump estaba furioso porque él no había sido el elegido para recibir el mencionado galardón.

Trump alegó por aquel entonces que se merecía recibirlo por «haber puesto fin» al conflicto en Oriente Medio. Un hecho que, aunque no es cierto del todo, es significativo. Es indiscutible que Trump se está involucrando diplomáticamente mucho más que su antecesor, Joe Biden, en poner fin a diversas guerras ya sea en Asia, Europa o África para conseguir no solo el tan deseado reconocimiento mundial, sino también recursos naturales importantes.

Sin embargo, el tiempo a Trump le inquieta, y sabe que Venezuela es su oportunidad para jugar limpio. Con acusaciones de que los barcos pesqueros son presuntamente «narcoterroristas», el presidente estadounidense no para de atacar a pequeñas embarcaciones, ya que la administración estadounidense considera que están en aguas internacionales, y por tanto son «objetivos peligrosos» que deben interceptarse lo antes posible.

La versión que Venezuela da es muy diferente, afirmando que todas las víctimas son pescadoras y no traficantes, algo que también respaldan las familias de los fallecidos. Pero a Maduro parece importarle poco cuando se congrega ante una multitud para bailar y cantar «no guerra, sí paz» contra Estados Unidos.

Llama la atención que la marina estadounidense, que es la responsable de perpetrar los ataques, no detenga las embarcaciones, las revisen y después tomen las medidas oportunas, sino que en vez de hacer lo lógico, decide disparar y arrasar un objetivo que no se sabe con certeza qué puede ser.

Lo que está claro es que Trump quiere un cambio de gobierno en Venezuela, y ha visto en Machado y en las «narcolanchas» la oportunidad perfecta para conseguir lo que desea. La nación latinoamericana es la más rica en lo que a petróleo se refiere, ya que alberga 303 mil millones de barriles, algo que debería haber hecho que ese país creciese económicamente, pero desde la llegada al poder del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) lo que debería haber sido riqueza se convirtió en una dictadura que encarcela opositores y viola derechos humanos sistemáticamente, además de provocar pobreza, ruina económica y el éxodo de refugiados a diversos países como Chile, Brasil o España por tener una ideología diferente.

No obstante, aunque Trump diga que debe abordar el «narcotráfico» en Venezuela, hay formas más eficaces de conseguir un cambio, como lo hizo Machado. La líder de Vente Venezuela (VV), desde que fundó su partido en 2012, ha organizado y promovido protestas callejeras y manifestaciones para desafiar a Maduro y, a pesar de que le habían prohibido presentarse a las elecciones, ella ha luchado para conseguir un cambio.

Machado se merece el premio porque ella no solo lucha para cambiar las cosas sino que, además, debe refugiarse y vivir en la clandestinidad por el miedo de que si la encuentran acabe detenida. Trump puede querer ganar un premio Nobel de la Paz pero debe ganárselo. Nadie dice que las intenciones del presidente estadounidense sean malas, pero debe luchar de forma más pacífica si de verdad quiere un cambio en Venezuela y más reconocimiento internacional.

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