Manuel Chaves Nogales: Un pequeño burgués liberal

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En su libro “A sangre y fuego. Héroes, bestias, y mártires de España”, antes de empezar a relatar nueve historias de la Guerra Civil española, Manuel Chaves Nogales se define a sí mismo como “un pequeño burgués liberal”. Con sus palabras refleja qué hacía a esa guerra una guerra incivil, en la que ni el honor, ni la gloria, ni la victoria podrían retirar la mancha de cainismo revanchista que había cubierto todo el territorio nacional.

Un pequeño burgués liberal que fue súbdito de una monarquía parlamentaria, víctima de una dictadura militar y que, al tiempo de escribir esas palabras, era aún ciudadano de una República democrática y parlamentaria que estaba siendo atacada por todos los frentes, tanto ideológicos como militares, y a punto de caer.

Un pequeño burgués liberal que durante los años 20 y 30 vio de primera mano cómo Europa convulsionaba bajo el peso de los nuevos movimientos políticos que derrocaban sus gobiernos y paradigmas políticos. Ya fuera una camisa negra que marchara sobre Roma, o una bandera roja rechazada a las puertas de Varsovia. Como periodista afín a la República española, supo tratar a estos dos impostores de la misma forma. Tuvo el tino que pocos en su época poseían, y que muchos menos tienen hoy, de mirar todo a distancia, con espíritu crítico, y con la certeza de que edulcorar o moldear las palabras arbitrariamente no era un camino a seguir en su profesión, sin vendarse los ojos con la ceguera ideológica que lleva imperando en el debate político desde hace un siglo. Ni la dictadura del proletariado había aumentado la libertad de los súbditos rusos, ni el triunfo del fascio había traído más pan a la boca de los italianos. Y lo plasmó en varios artículos y libros, ganándose no pocos detractores, y no menos éxito, erigiéndose como uno de los periodistas mas laureados de España.

Dando España por perdida, sin fe en un gobierno republicano que ya se había exiliado de la capital por dos veces, Nogales se encontraba en París. Allí se ve obligado a relatar por segunda vez cómo los valores democráticos y de libertad de un país, como era la Francia de finales de los años 30, fueron engullidos por la enésima maquinaria de guerra y propaganda totalitaria, encarnada esta vez en la Alemania nazi. Ese proceso acelerado que indujo todo un país en un estado de shock moral, creando una división entre aquellos que de la noche a la mañana se convirtieron en colaboracionistas, quienes solo podían quedarse en sus hogares a esperar que amainara la tormenta, y quienes salieron huyendo del país, ya fuera para para luchar por su regreso, o para no volver. Con botas fascistas pisándole los talones por segunda vez en cuatro años, Nogales se encontraba en este último grupo y partió para Londres, no sin antes dejar “La agonía de Francia” como testimonio, que hoy sigue siendo clave para entender la caída del país galo.

Un pequeño burgués liberal que moriría en Londres en 1944, antes de ver el día D y la victoria de los aliados. Tarde, no sin haberse convertido antes en un paria, cayendo en el ostracismo silencioso de aquellos que lucharon contra el régimen que sometería a España a casi 40 años de dictadura, y que se había encargado de enmudecer, desterrar, o directamente fusilar durante algún “paseo” a todo aquel que pudiera representar un atisbo de oposición. Un ostracismo que relegó la mayoría de sus obras y artículos a un tercer plano en el que se perdió casi toda noción sobre la existencia de este personaje público, que tanto contribuyó al progreso y evolución del periodismo español.

Ya en 2021, las obras completas de Manuel Chaves Nogales han sido reeditadas. En febrero, una proposición no de ley presentada por Ciudadanos para introducir sus textos en el currículo escolar fue aprobada en el Congreso de los Diputados, con la curiosa abstención del grupo de Unidas Podemos, y la oposición de Bildu y ERC. El PNV también se abstuvo. Cualquiera podría decir que esto es muy poco, muy tarde, para quien fuera uno de los mejores periodistas españoles de su época, y sin duda de todo el Siglo XX.

También se puede decir “mejor tarde que nunca”.

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