Ciudadanos, tocado, hundido

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NO ES NO. No se trata de un eslogan feminista, sino de las palabras que se le enquistaron en la cabeza a Albert Rivera en 2019 cuando se negó a formar gobierno con el PSOE, llevando al país a otras elecciones, y a Ciudadanos a pasar de tercera fuerza nacional a mero partido bisagra.

Un barco que lleva achicando agua desde entonces. Sin dar demasiadas pistas sobre hacia qué parte de la balanza se inclina. Ni a sus votantes ni a ellos mismos. Siendo socia del PP en cuatro gobiernos autonómicos, Arrimadas ha apoyado gran parte de las medidas que el gobierno central ha aprobado durante el último año. Siempre con el interés nacional y la salud pública por bandera. Y un 99% de las veces llevaría razón. El bienestar de la nación está por encima de cualquier interés político.

Un sentido de Estado que no ha impedido la lluvia de críticas que ha caído sobre el partido. Ya fueran críticas por alinearse con Sánchez, o por apoyar Estados de Emergencia inconstitucionales. Hace un mes, el barco recibió su enésima estocada en las elecciones autonómicas catalanas. Se puede decir mucho de la salud de un partido; que se fundó como opción política de centro; cuya razón de ser fue la de oponerse al nacionalismo catalán; que consiguió ser la lista mas votada en toda la autonomía; y que acaba de perder más del 80% del electorado en el que debería ser su bastión.

Y con la moción de censura presentada en Murcia se pone fin a una conjura palaciega digna de Fernando VII, cuyos conspiradores seguramente encuentren el mismo resultado que aquellos que protagonizaron el infame complot de El Escorial. Pero ¿por qué hizo esto Ciudadanos? Da igual. La imagen que más ha trascendido es la de un partido demediado que ha dado una patada a su socio para acaparar un pequeño trozo de poder, mientras una “heroica” presidenta autonómica del centro de la meseta, al más puro estilo estalinista, ha quemado la tierra bajo sus pies para huir de tan desdichado destino. Juego de Tronos a la española.

Ciudadanos se encuentra ahora en una situación peliaguda. En cuanto a las relaciones públicas, con un Ignacio Aguado desprestigiado y expulsado de la Asamblea de Madrid, ya está perdido. Y en el campo electoral, toca convencer a la ciudadanía madrileña de que su voto irá adonde ellos quieren. ¿Pero qué dirección sería esa? Aquel desencantado con el PSOE no quiere una futura alianza con el PP de Ayuso, y aquel desencantado con el PP no deseará ver a la formación naranja formar gobierno con el PSOE. Los que no votarían a Ciudadanos por las dudas de un lado, tampoco le votarían por la incertidumbre del otro. Puede que la solución para ambos tipos de votante sea el de virar de vuelta a su espacio natural, pero es casi seguro decir que se ha roto el partido de centro que pretendía ser Ciudadanos.

Solo quedaría una pregunta. ¿Todo esto era necesario? Después del revuelo que hubo con la convocatoria de las elecciones catalanas. Con la tercera ola de la pandemia remitiendo, aun con centenares de muertos diarios. Con una economía que solo piensa en sobrevivir un día más. ¿Era necesario montar este circo político, desviar esfuerzo y tiempo de aquello que es prioritario, y encima convocar nuevas elecciones? Los votos dirán.

Entretanto, si Ciudadanos cuenta con orquesta, quién sabe si esta es su oportunidad de llamarla a cubierta para que de su último concierto.

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