Prisionero y youtuber. ¿Justicia o injusticia?

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Las redes sociales nos permiten darnos a conocer al mundo y formar parte de él de una forma más activa. Todos tenemos acceso a ellas y todos podemos llegar a convertirnos en esos influencers que tanto están de moda. Sin embargo, cabe preguntarse si es justo que todos tengamos esa oportunidad, más concretamente si alguno de nosotros estamos encerrados en prisión. La pregunta que te invito a hacerte es: ¿debería un prisionero poder tener acceso a las redes?

El nombre del protagonista de este artículo nos es desconocido, pero se hace llamar Jem-K, un seudónimo resultado de juntar las iniciales de los nombres de sus hijos.

Nació en  Honduras en 1984, aunque creció en Estados Unidos. Ingresó en una prisión estadounidense hace 11 años, y desde entonces, tal y como cuenta en sus redes sociales, ha aprovechado el tiempo para convertirse en un hombre honrado que pueda aspirar a tener un hueco en la sociedad.

Actualmente se encuentra en un programa de reinserción que le permite tener contacto con el exterior (de ahí que tenga un teléfono móvil y pueda grabar vídeos). Cuenta con casi millón y medio de suscriptores en YouTube, y ha sido ahí precisamente donde ha compartido muchas de sus historias y vivencias en prisión, así como el motivo por el que fue encerrado. Aunque en un principio fuera ingresado en una cárcel de máxima seguridad (actualmente está encerrado en una de mínima seguridad), no se trata de un preso peligroso. Él mismo hizo saber a sus seguidores que jamás había violado, matado o hecho daño a alguien. En realidad, el delito que le llevó a prisión fue un robo por el que se le condenaron a 20 años de encierro.

Si aún no has visto alguno de sus videos, te invito a echarle un ojo a este enlace de YouTube que te llevará directo a su vídeo con más visitas. https://youtu.be/qDgmf2K2sc8

Ahí podrás conocer con mayor precisión su historia y, si te animas a ver más de sus vídeos, podrás adentrarte en el mundo carcelario, ya que, como cualquier influencer, Jem-K cuenta su rutina de día a día, desde cómo hace deporte o graba sus vídeos hasta cómo vive la Navidad. Además, mantiene al día a sus seguidores sobre el avance de su caso. En referencia a esto último, tal y como señala en alguno de sus vídeos, no debería faltarle mucho para alcanzar la libertad.

Ahora, después de saber quién es y qué hizo, cabe preguntarse de nuevo si un prisionero debería poder acceder a las redes. La mayoría de nosotros habríamos dicho que no en un principio, pero es inevitable que, después de ver sus videos y conocer  su historia, no se nos ablande el corazón.

En ese caso, la respuesta a la pregunta sería que sí: un prisionero puede tener acceso a las redes, no solo para dar a conocer su historia al mundo, sino también para buscar apoyo en la empatía de las personas y así, poco a poco, ir sintiéndose perdonado por la sociedad a la que un día traicionó. Esta es la respuesta que predomina mayoritariamente, pudiéndose ver reflejada en todo el apoyo que recibe por parte de sus seguidores.

Por otro lado, la repuesta podría ser que no: un prisionero no debería tener acceso a las redes, no solo porque sería injusto teniendo en cuenta que está cumpliendo una condena, (y cuenta con más comodidades de las que muchos carecen), sino porque un delincuente no debería tener el derecho a influenciar en las personas, que es, al fin y al cabo, el fundamento de cualquier youtuber o persona que se dedique a las redes sociales.

¿Cuál es tu respuesta?

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