Central Park como mecanismo de control social

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Central Park es el resultado de un movimiento social del siglo XIX, el “Park movement”, de gran importancia para la sociología urbana. La idea del parque se comenzó a plantear a principios del siglo XIX y  el parque se finalizó en 1873.

El «Park Movement» fue un movimiento que buscaba la creación de espacios verdes en las grandes urbes que generaran una especie de utopía social. Una utopía social propuesta por las élites y clases medias, puesto que de los parques emergería un lugar de paz, de encuentro entre distintas partes de la población y donde las desigualdades sociales desaparecerían.

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«Desde las instituciones y a través del diseño de los espacios públicos se busca obstaculizar la apropiación espontánea de los espacios»

La planificación urbanística como proyecto político

A veces, la planificación urbanística y cómo están organizadas las calles y espacios de las ciudades pasan desapercibidas, pero pueden ser un elemento de fuerte control social. Es decir, la organización y construcción de los espacios no es deliberada, sino que los que los plantean esperan que sean leídos de una manera concreta y que, indirectamente, dicten el comportamiento apropiado en estos espacios.

Se busca obstaculizar la apropiación espontánea de los espacios

Por lo tanto, a veces, desde las instituciones y a través del diseño de los espacios públicos, se busca obstaculizar la apropiación espontánea de los espacios. Se busca controlar cómo se vive, cómo se actúa en sociedad y mantener bajo control a las clases que más «molestan».

Central Park como lugar para la educación de la clase obrera

Muchas veces, se planifican espacios con objetivos determinados que no siempre acaban calando en la sociedad que los habita. Por ejemplo, Central Park no promovió la unión social, ni mucho menos la reducción de las desigualdades sociales. Sino que contribuyó a la criminalización de distintos comportamientos de la clase obrera, y desembocó en mayores choques entre las distintas clases sociales.

«La ciudad es como un teatro para la acción social»

Además, por mucho que los objetivos del parque sonaran tan pacificadores, debajo de todas estas propuestas reinaba una creencia de superioridad cultural de las clases medias, que despreciaban la forma de socializar de las clases más bajas. Detestaban cómo habitaban las mismas calles que ellos y con otras pautas de actuación, por esto se creó Central Park, como una especie de «escuela» para educar a las clases más bajas en los valores burgueses.

La convivencia en este espacio público entre las clases medias y trabajadoras fue violenta, lo cual llevó a que la clase media estableciera una serie de reglas más estrictas no escritas sobre cuáles eran los comportamientos decorosos y cuáles no.  Es decir, en cierto modo, se trató de «re-educar» a las clases trabajadoras, cuya manera de ocupar y vivir los espacios se percibía como indecente.

La ciudad como un teatro para la acción social

Cómo ocupamos y percibimos el espacio es algo político. «El entorno no es algo neutro, sino un conjunto de signos que se leen y se estructuran en forma de paisaje según una sistemática semiológica propia del sujeto», explica la geógrafa Gómez Mendoza. La ciudad es como un teatro para la acción social. Y por mucho que pase desapercibido, el espacio está construido de una manera para que actuemos de una forma determinada. Si no actuamos como se espera de nosotros, se nos castiga.

 

 

 

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