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Bufones climáticos contra el patrimonio cultural

Tirar pintura, botes de comida o pasteles a las obras de arte «para proteger» al medioambiente

Hace un mes, uno de los leones del Congreso de los Diputados escondió parte de su bronce bajo la pintura roja que arrojó un grupo «activista» por el medioambiente. Escudados en «protestar contra el cambio climático y el aumento de las temperaturas», a estos bárbaros les da igual tirar sopa a Los Girasoles de Van Gogh o lanzar una tarta a La Gioconda con tal de hacer ruido mediático. 

No hay un solo grupo. Son varios los que, extendidos como una plaga, llevan más de un año atentando contra las obras de arte, y no solo en España, sino por toda Europa. La falta de respeto de Extinction Rebelion, Just Stop Oil, Última Generación, o Rebelión Científica hacia el patrimonio cultural ha quedado ya de manifiesto. La Primavera, de Boticelli; Las Majas, de Goya o Les Maules, de Monet, son solo algunos ejemplos del vandalismo que ejercen estos bufones climáticos.

Esos tipos saben que unas protestas sin abusos apenas tendrían repercusión. Por eso es una ‘genial idea’ agredir a aquello que forma parte de nuestras raíces desde hace siglos, y por consiguiente, de lo que ellos tanto defienden: nuestro planeta. Y es que, atacando al arte atacan también al globo terráqueo. «¡Vamos a salir por televisión!», pensarán seguramente. Y lo que consiguen es ridiculizarse, echar por la borda cualquier demanda climática y deslegitimar sus quejas.

Activistas lanzan sopa de tomate a ‘Los Girasoles’ de Van Gogh | Fuente: Twitter

Una acción «pacífica»

La gravedad del asunto es que consideran pacíficas unas acciones que, evidentemente, no lo son. Así lo afirmó a EFE un miembro del grupo que pintó el león: «Estas actuaciones son pacíficas no violentas, aunque a algunas personas les pueda parecer violento atentar contra un edificio. Para nosotros violento es seguir permitiendo perder cosechas, que sigan aumentando las olas de calor o la subida de las facturas de la luz”.

Aquí no acaba todo. Aún hay otra vuelta de tuerca. Ese grupo también se concentró «para apoyar a los 15 científicos, científicas y activistas que fueron detenidos el 6 de abril» de 2022 por teñir con sangre falsa la fachada del hemiciclo. Es la pescadilla que se muerde la cola. Pretenden protestar contra el proceso judicial en el que están envueltos sus compañeros haciendo exactamente lo mismo. ¿Para qué? La respuesta es sencilla y triste: tener la excusa de volver a actuar. Es el cuento de nunca acabar.

El chico que tiró la tarta a La Gioconda fingió tener una discapacidad | Fuente: Vídeo redes sociales

Es difícil morderse la lengua…

Los políticos, a quienes aluden esos grupos para que tomen decisiones ante el desafío medioambiental, se echan unas risas, como la mayoría de ciudadanos, al ver a esos payasos climáticos en pantalla de nuevo. O quizá te dé rabia que tu cuadro favorito haya acabado como una servilleta de bufet, pero son más indignantes, si cabe, las consecuencias de sus acciones.

Mientras ese grupo grita, se escandaliza y monta un numerito, otras personas tienen que pagar el pato. Resulta vergonzoso ver a las señoras de la limpieza frotando la pintura que esos tipos han arrojado. Desde luego es un trabajo que escapa de su competencia y que debería hacer esa gente que se cree tan valiente para algunas cosas y es tan cobarde para otras.

Algo está claro, son unos ignorantes, además de unos inconscientes. Les da igual que los detengan porque «no se detendrán». Es un hecho: el mundo se ha vuelto loco.

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Dos activistas de ‘Futuro Vegetal’ se pegan a los marcos de «La maja vestida» y «La maja desnuda» del Museo del Prado | Fuente: EFE/Futuro Vegetal

Cárcel por los actos contra el arte

¿Qué dice la legislación española? Según el artículo 323 del Código Penal, quien dañe bienes de valor histórico (como monumentos o cuadros) de forma intencionada, será castigado con entre seis meses y tres años de cárcel. Asimismo, el juez puede ordenar que el autor del delito se haga cargo de los gastos de restauración.

Sin duda, es necesario actuar ya, rápido y de modo contundente para evitar la destrucción de nuestra casa. Las temperaturas alcanzan nuevos récords cada año. Sin ir más lejos, este mes de abril hace un calor veraniego, ha llovido un 75% menos de lo normal en lo que va de 2023, y los embalses están al 51% de su capacidad. Claro que hay que intervenir, pero nunca a costa de destruir los frutos que los árboles más frondosos nos regalaron a todos.

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