Santiago Molero: «La interpretación es una gran sanadora de espíritus»

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Santiago Molero
El actor Santiago Molero posa "entre rejas" en la sala Microteatro por Dinero para El Generacional | Fuente: Sofía Henales
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Santiago Molero, el actor es conocido por su papel de Cipri en Águila Roja

En su repaso por su trayectoria profesional, Santiago Molero ha contado cuál es su medio preferido, pues ha trabajado en televisión, cine y teatro. Por ello, es uno de los rostros más conocidos del panorama nacional.

La interpretación es, para muchos, un mecanismo de evasión, o como asegura el actor Santiago Molero «puede ser la mejor medicina», así como «una gran sanadora de espíritus. El carisma, las ganas de aprender y la pasión por su oficio van unidos al intérprete de Ajofrín (Toledo), quien comparte una curiosa coincidencia con un actor que tiene su mismo apellido: Antonio.

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Pregunta: Me ha llamado mucho la atención que Antonio Molero y tú sois del mismo pueblo, Ajofrín, de apenas 2.000 habitantes. En algunos medios he leído que sois hermanos, en otros que no. ¿Podrías aclararnos esta duda?

Respuesta: Bueno, cuando yo empecé en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático) me dijeron: «Ah, Santiago Moreno, hermano de Antonio Molero». Digo no, yo tengo dos hermanos, uno se llama Víctor, otro Francisco y es pequeño, o sea que no. Y yo me volví loco, pregunté en mi casa y mis hermanos mayores me dijeron: «Sí, el primo de Nati, la droguera». Cosas de los pueblos… Y entonces, indagando, resulta que Antonio sí que es de Ajofrín; yo no le conocía a él y tampoco sabía que era actor, y me enteré por esto. Es curioso que los dos seamos de un pueblo pequeño de Toledo.

P. ¿En qué formato prefieres trabajar?

R. El teatro tiene algo muy especial, me pongo más a prueba y el acto es único. Tú realmente tienes un poder y unas herramientas comunicativas que no tienes en otros medios donde dependes más de puntos de vista del director de cámara. Es un trabajo más en equipo. Y eso engancha mucho, es como preguntarle a un músico, que puede grabar un disco en el estudio y que quede muy bien, pero no hay nada como tocar en directo. Compartir ese aire en común y la energía que se genera con el público para mí es mágico.

P. ¿Cuándo nació tu pasión el teatro?

R. Yo era un adolescente perdido, que empezó a hacer teatro como una liberación, y me empecé a encontrar a través del teatro, gracias a esa capacidad de expresar a través de personajes. Mi vocación por el teatro nace en el instituto.

«El teatro es mi medio natural»

P. Y en general la cultura, ¿qué supone para ti ?

R. Para mí la cultura es como una religión hay gente que practica religiones porque siente que le cubren una serie de necesidades espirituales y de todo tipo, y para mí la cultura tiene ese mismo poder.

P. Algunas de las series en las que has trabajado son Mercado Central, una diaria de TVE, o Cuéntame cómo pasó; pero tu papel más notorio lo conseguiste en la exitosa Águila Roja, donde interpretaste al bonachón de Cipri durante siete años. Profesionalmente, ¿qué implicó para ti trabajar en esa serie?

R. Águila Roja era durísima. Pasé de todo. Ponerte a dos grados bajo cero, noches en el campo, ventiscas o meterte en pleno enero en una zanja llena de agua en El Escorial. Podían decir: “Fiesta de la primavera”. Y hala, a apartar toda la nieve del sitio donde íbamos a grabar para hacer la fiesta de la primavera. Se daba la circunstancia de que se grababa muchísimo en invierno y que era una serie de época, con lo cual tenía esos exteriores complicados de acción. Y siempre se les ocurría alguna cosa nueva como tirarte al agua, fracturarte de alguna forma, atarte a un palo… Yo que sé, esas burradas (risas).

P. ¿Podríamos decir que «Cipri» es el personaje que más te ha marcado?

R. Sí, sobre todo por toda la repercusión y porque aprendí muchísimo, la mejor escuela que he tenido ha sido trabajar en Águila Roja. Muchísimos compañeros, comedia, drama, tragedia, acción… Ha sido como hacer 100 películas. Tengo un cariño especial a ese personaje, que era todo corazón.

«‘Águila Roja’ ha sido mi mejor escuela»

P. De las tantas que seguramente habrá, ¿nos puedes contar alguna anécdota que os pasara en Águila Roja?

R. Mira, íbamos andando David Janer (protagonista de Águila Roja) y yo, y de repente apareció un oso, que tenía un cable invisible de acero que le sujetaba por seguridad. Le hacen una seña, se levanta, corre hacia nosotros y se parte el cable. Claro, desde fuera decía «¿qué hago? ¿Me quedo quieto?» Bueno, pues justo delante nuestro había un cámara que estaba grabando todo, el oso fue hacia él y se puso a oler.

Hemos vivido muchísimas situaciones de decir «esto no es normal». Me acuerdo de una calle famosa del plató donde metieron un elefante. Y pensamos: “Nos va a aplastar a todos aquí porque esto es muy pequeño”.

«Para mí la cultura es como una religión»

P. Y a nivel ficción, ¿qué implicó una serie de acción como Águila Roja, un género que hasta entonces apenas había habido en televisión?

R. Águila Roja abrió el melón para hacer grandes producciones. Estamos acomplejados, ¿sabes?, y detrás de ella vinieron otra serie de productos que antes no se hacían, desde luego.

P. Aparte de ese evidente ritmo frenético que tienen las series diarias, ¿qué diferencias hay con respecto a una semanal?

R. Muchas, para empezar este ritmo de trabajo. Estás todo el día estudiando para memorizar el texto y para intentar hacerlo lo mejor posible. Muchas de las secuencias se graban en una o dos tomas con un ensayo previo, eso exige muchísima concentración y tiene una parte de reto que es maravillosa. Para mí ha sido más divertido, si cabe, que una serie convencional. Pero es agotador, cuando pasas tres o cuatro meses lo notas, estás muy cansado, la cabeza se satura mucho.

P. Claro, para aprenderse esa cantidad de texto, ¿existe alguna técnica?

R. Yo utilizo la técnica que cualquier estudiante, me repito todo muchas veces en voz alta o lo escribo. También me hago notitas. Me voy a andar e intento decirlo de esta forma, de la otra… Y luego cuando te lo sabes un poco, lo fijas en el espacio, en los movimientos. Tienes que tener una cierta preparación física. Por ejemplo, yo he tomado vitaminas para estar muy concentrado. Además es muy importante descansar bien.

El actor Santiago Molero posa para El Generacional | Fuente: Sofía Henales

“Yo estoy abierto a hacer todo porque a mí me gusta trabajar”

P. La interpretación es muy dura y sacrificada. La actriz Eva Santolaria contó hace un tiempo el parón profesional que había tenido ella y habló después de la inestabilidad de esta profesión. ¿Has vivido alguna vez un periodo así de sequía laboral?

R. Siempre he sido muy inquieto, y en ese sentido, cuando no me ha salido trabajo de una cosa, me he creado mi propio trabajo. Una cosa que tienes que saber es que si te quieres dedicar a esto la estacionalidad va a formar parte de tu vida. Es una de las partes más duras de la profesión y también una de las más bonitas. Si estamos en esto es porque no nos gusta meternos en una oficina, tener un horario corriente y hacer el mismo trabajo todos los días, lo bonito de esto es poder cambiar. Te tienen que gustar los cambios y a mí me encantan. Es un trabajo que te permite estar dedicado a tope con un proyecto durante tres meses y luego tienes dos para dedicar a tu familia, viajar y hacer otras cosas.

P. ¿Hay algún actor o actriz por quien sientas especial devoción?

R. Me ha gustado mucho trabajar con Daniel Monzón (con el que coincidió en Las Leyes de la Frontera) y me encantaría volver a hacerlo. Pero la verdad es que he disfrutado mucho de mis compañeros, siempre quiero conocer más y trabajar con gente distinta, es algo que te enriquece un montón porque cada uno tenemos una «cocina propia».

P. Y al contrario, ¿alguien con quién no te gustaría?

R. Estoy abierto a trabajar con todo el mundo, sí que es verdad que hay gente con la que disfruto más por ser afines a mí. Lo que sí te digo es que me gusta trabajar con buenas personas, no me gustan las personas que anteponen el trabajo a la relación que pueda haber en el set o que no les importe crear un mal rollo si el trabajo sale adelante. Yo no creo que el fin justifique los medios. Por muy importantes que sean ciertos directores o actores, no creo que denigrar o hacer sufrir a alguien deba permitirse. Esa gente es con la que no quiero trabajar.

P. De toda la lista de personajes que has representado. ¿Con cuál te has sentido más identificado, quizá por tu personalidad o porque hayas visto reflejada una parte de ti?

R. Tu material eres tú, al final esa herramienta es como una navaja suiza que tiene muchos accesorios. Incluso los personajes más oscuros tienen una parte de mí porque todos somos oscuridad. De todos aprendes y todos te configuran.

«Mi mayor premio es trabajar»

P. Y de no ser actor, ¿por qué profesión te habrías decantado?

R. Yo quería ser médico, consideraba que alguien con el poder de curar y de sanar era algo extraordinario, porque a mí siempre me ha impresionado mucho el dolor. Esa curiosidad por el dolor, esas experiencias que te caracterizan y que cuando uno bucea en su infancia sabe de dónde vienen. El hecho de ver a tu madre llorar por tu abuela cuando muere, la huella que deja el sufrimiento, digamos que a mí me ha seguido configurando durante toda mi vida. También me gustaba esa profesión por ayudar un poco a los demás.

Lo que tiene que ver con el dolor lo he canalizado a través de esta profesión, que también es una gran sanadora de espíritus. A veces la interpretación puede ser la mejor medicina. Se disfruta mucho en teatro o viendo una película, pueden ayudar mucho mentalmente. Intento seguir haciendo feliz a mucha gente y eso es importante, hacer un trabajo que consiga que alguien se reconcilie con la vida y con los demás. Desde luego, te descubre cosas como lo diferentes que somos, te hace ser más tolerante y respetar a los demás.

P. Podríamos decir que la cultura no está atravesando por su mejor momento. La pandemia además le ha pasado factura. ¿Qué medidas tomarías para fomentarla?

R. Tratar a los trabajadores de cultura como trabajadores que necesitan cobrar a fin de mes para pagar las facturas. Se deberían facilitar todos los trámites y reducir la burocracia que hay alrededor. En este país tenemos una administración que funciona igual para una empresa que va a diseñar un sombrero que para una constructora, y es absolutamente de locos. Por no hablar de que los impuestos que tenemos son bastante injustos, no están equilibrados.

También es necesario crear contenidos dirigidos a jóvenes. Yo recuerdo cuando a mí me llevaron la primera vez al teatro, fue al Teatro de la Comedia a ver un Lope de Vega que duró dos horas y media. Y pensé: “Vaya coñazo, no me extraña que la gente no quiera ir al teatro». Como si quieres incentivar la lectura y propones leer el Quijote, no vas a conseguir ese enganche.

«Se debería reducir la burocracia en la cultura»

P. Hemos conocido muchas de tus facetas, ¿qué sueños te quedan por cumplir?

R. Me gustaría llegar a poder publicar alguna novela, me encantaría escribir algo realmente bonito. Sigo en la línea de aprender a intentar expresar mejor y sacar de mí historias y cosas que quiero decir.

Así, a nivel de reconocimientos, Santiago Molero ha concluido que «el mejor premio que puede recibir es el del público». «Mi premio es trabajar, eso por descontado», ha afirmado. Sobre todo, «a mí me emociona mucho cuando viene un paisano mío y me dice que ha visto esta obra y que está emocionado. Yo con eso tengo bastante», ha confesado. En cuanto a los premios oficiales, le dan «un poco de miedo. Afirma que «se monta un circo alrededor, y no me siento cómodo con esas historias».

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"Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo", decía Gabriel García Márquez. No recuerdo cuándo nació mi pasión por el periodismo, desde que era una niña ya sentía esa vocación recorriendo mis venas. Quizá, mi insaciable curiosidad, mi naturaleza parlanchina y mis irrefrenables ganas de ver más allá de mis ojos, tuvieron algo que ver en el asunto. También mi deseo por viajar, por estar en contacto con la gente, por ser la voz de los mudos y por reivindicar lo que creo justo. Definitivamente, el periodismo era y es mi profesión ideal. Ahora, ya conoces un poco más a esta manchega de cuerpo y cabeza inquieta.