Hay palabras que no tienen una traducción literal posible. ‘Saudade’ es una de ellas, y viene del portugués. No podemos traducirla tan sólo como ‘nostalgia’ o ‘añoranza’, sino que abarca un estado anímico completo por algo que se vivió en el pasado, una persona o un lugar.
En Portugal, que es donde he estado estos últimos nueve meses, y donde actualmente estoy, me he sumergido con y en ella. Además, esta palabra tiene especial importancia en la ciudad de Coímbra, de la cual he disfrutado este tiempo.
Se dice que todas las personas que han vivido o estudiado en Coímbra experimentarán ‘saudade’ tras su marcha, debido a lo especial que es esta ciudad. Incluso hay un jardín llamado ‘Penedo da Saudade’, en el que antiguos estudiantes de la Universidad conmemoran su paso por ella con placas. En mi caso, y espero que en el de todos aquellos que nos hemos impregnado de esta ciudad, a escasos días de abandonarla, no va a ser menos.
Mi principal opción para el Programa Erasmus+ no era Coímbra, pero todo pasa por algo y a día de hoy no cambiaría por nada todo lo que he vivido, lo que me ha hecho ser quién soy y lo que he aprendido estos meses viviendo por y para mi. Me habían avisado de que esta ciudad te marca para siempre, y que es un lugar al que siempre iba a a querer volver, pero al principio no lo tuve muy en cuenta, y que ilusa.
‘La ciudad de los estudiantes’ te atrapa, pero no aislándote de la realidad, a no ser que te dejes, sino que hace que te quedes prendada de ella. Enamorada de sus calles y su cultura, de sus costumbres peculiares de película y del ímpetu con el que se vive el ser estudiante y el prestigio que conlleva. Cautivada por sus rincones, de los cuales piensas que has visto todos y siempre descubres alguno nuevo; así como de las ganas que se te generan de querer exprimir hasta el último suspiro de la ciudad.
He de decir que este sentimiento no se tiene desde el principio, se va labrando a medida que comienzas a albergar recuerdos que sabes que no vas a olvidar. Olores, rutinas, sensaciones y costumbres que sabes que por mucho que las reproduzcas en otro lugar, no va a ser lo mismo.
Y da rabia, mucha. Reflexionas y analizas si podrías haber disfrutado de este sentimiento desde el principio, si podías haber valorado la ciudad en todo su esplendor desde que llegaste. Pero concluyes en que tiene que darse así, en que tienes que vivirla y conocerla a tu ritmo, porque de lo contrario las ‘saudades’ no se generan. Hay que disfrutar del camino kilómetro a kilómetro para poder disfrutar del destino final, porque es el verdadero sentimiento de la palabra. El conjunto global de todo aquello que te ha brindado la ciudad y que no sentirías si hubieses tenido prisa por sentirlo.
Suele decirse que lo mejor llega cuando menos te lo esperas, y en este caso no va a ser menos. A escasos atardeceres de irnos, comenzamos a albergar este sentimiento, que más que una emoción es un regalo, porque solo aquellos que hemos disfrutado de Coímbra podemos tenerlo; y personalmente, espero poder recordarlo para siempre.
A veces no entendemos porque la vida toma ciertas decisiones, no estamos de acuerdo en el momento que las recibimos, pero tiempo después, solo podemos darle las gracias. Porque si me hubiese ido a Lisboa no habría experimentado esto, y con ello, me habría perdido sentir esta maravillosa palabra.
Al final solo queda agradecer y confiar en que es un hasta pronto, o hacer todo lo posible para que lo sea.
ATÉ JÁ!

