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El Iceberg que permanece

Los TCA van más allá que cualquier apariencia física, no sigamos anclados en este pensamiento y avancemos para frenar el problema

A lo largo de los años se han podido leer y oír bastantes opiniones y creencias acerca de los trastornos mentales. Todavía hay personas que afirman que son una elección, o que no recuperarse es cuestión de falta de ganas por parte de los sujetos diagnosticados.

La salud mental no se ha tratado nunca como un tema principal, aunque ahora se esté intentando remontar la situación, las medidas que se han tomado hasta el momento siguen sin ser suficientes. Cada día son más las personas con una necesidad psicológica no cubierta, que las que sí que pueden acceder a esta necesidad vital.

El tabú sobre las enfermedades mentales es una cuestión inamovible que persigue a la sociedad, desde el comienzo de sus estudios. No es casualidad, que a día de hoy se siga teniendo miedo a padecer dicha patología o a sus consecuencias. Se cree que hablar sobre el tema puede hacer que se desarrolle, se ve como un parche que sujeta la estabilidad mental de todos los seres humanos.

Otra cruda realidad sin soluciones aparentes es la falta de educación sobre la salud y la estabilidad mental. Nuestra generación ha podido acceder a charlas y convenciones, e incluso alguno ha tratado el tema en asignaturas escolares de manera parcial, pero esto no es suficiente. 

Los TCA

Los trastornos de la conducta alimentaria son una alteración psicológica grave que afectan a la visualización de la imagen corporal de quien lo padece, y que suponen un control o descontrol sobre la ingesta de alimentos.

Hay varias consecuencias físicas que se asocian al trastorno como: disfunciones óseas y musculares, o daños digestivos y cardiovasculares; a nivel hormonal también se ven efectos importantes, por ejemplo las mujeres pueden desarrollar amenorrea: la ausencia del periodo menstrual, además de sequedad y fragilidad de la piel, o déficit de vitamina D.

De la misma forma que afecta al aspecto físico, los TCA dan lugar a otros trastornos psicológicos, tales como: ansiedad y depresión.

Los trastornos mayormente conocidos son la bulimia nerviosa y la anorexia nerviosa, pero existen más diagnósticos como la ortorexia o la vigorexia, los cuales se encuentran en auge actualmente.

¿A quiénes afecta este tipo de trastornos?

Los TCA son trastornos psicológicos que puede padecer cualquier persona. Según los estudios la población femenina es la más dañada, hasta ahora la edad media de diagnósticos estila entre los 15 y los 30 años, pero en la actualidad el rango de edad ha bajado hasta los 8 años. No obstante, los hombres también se ven afectados por la enfermedad, y cada vez son más los diagnósticos masculinos.

Por otro lado, existen situaciones y contextos que pueden ser precedentes al desarrollo de un TCA: un ambiente familiar rígido y estricto, o una adolescencia con baja autoestima y con problemas de identidad. En estas etapas, otros factores que pueden predisponer el desarrollo del trastorno son: la presión estética, el perfeccionismo, la complejidad para generar y mantener relaciones interpersonales, etc.

Aún así, por muchos factores de riesgos que existan no hay un motivo concreto que provoque los TCA cada persona lo desarrolla y evoluciona de manera diferente.

La recuperación es posible

La gran pregunta que se tiene acerca de las enfermedades mentales es si es posible volver a ser la persona de antes, la que enfermó en algún momento de su vida. En el caso de los TCA, se ha calculado que en un 70% de los casos se acaban recuperando con éxito, y entorno al 25% convive con el trastorno el resto de su vida. El 5% restante acaba falleciendo por cuestiones físicas y psicológicas que son insostenibles para el cuerpo humano.

Médicos y psicólogos han afirmado que la recuperación del trastorno es más fácil cuando existe una motivación mayor a los problemas que llevaron al paciente a caer en la enfermedad, por ejemplo: entrar a una carrera, conseguir un trabajo deseado, o cumplir un sueño que creía imposible. También existen actividades que ayuden a progresar, y a prever una evolución positiva en el paciente: empezar una rutina diaria, o ir al gimnasio o realizar un deporte de manera monótona y saludable. Mantener la mente ocupada, en general, es importante y ayuda a la recuperación.

Es crucial la ayuda psicológica y el apoyo de expertos en nutrición y dietética para seguir con una vida plena y sana. Además, en ocasiones es necesaria la intervención de los psiquiatras, ya que la evolución del trastorno puede suponer el desarrollo de otras patologías como la ansiedad y la depresión, teniendo que incluir un apoyo psicofármaco para controlar el progreso de manera segura. También es importante la aportación de especialistas del mundo deportivo para generar rutinas adecuadas y saludables.

Cada caso es distinto, pero el tiempo de recuperación varía entre cuatro y cinco años. Por último, es muy importante que el paciente sienta la cercanía y la valoración positiva de su entorno.

Cómo ayudar

La población que padece este trastorno no suele mostrar su enfermedad de manera natural, es decir, esconden su diagnóstico por un gran sentimiento de culpabilidad y miedo; es por eso que puede deducirse, que todos podríamos tener cerca a una persona con TCA.

Si conoces a alguien que esté pasando por una de las variantes de esta enfermedad y quieres ayudarle, nunca te refieras a su aspecto físico. Puede ser que el desarrollo de la enfermedad se haya dado por motivos paralelos al aspecto físico (depresión, estrés, ansiedad o problemas de identidad),por ello es importante hacerles ver que necesitan ayuda profesional antes que nada. Hay que intentar mejorar la calidad de vida en el rango emocional,  enfoque la preocupación en su estabilidad mental antes que la cuestión corporal.

Por último, es importante desarrollar un mayor enfoque pedagógico en la etapa de la niñez y la adolescencia; aprender a gestionar y analizar contextos incómodos e inesperados, puede ayudar a que en un futuro no se generasen tantos problemas de este tipo, cuyas repercusiones son nefastas individual y socialmente. Igualmente, hay que inculcar una mejor educación familiar, y ofrecer una concienciación general entorno al trato con familiares que padecen este tipo de trastornos. 

 

 

 

 

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